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«Dejaré huella», dice Hilda González Klusmann, la primera mujer en comandar un destacamento militar en Guatemala

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La coronel Hilda González Klusmann es la primera mujer en comandar un importante destacamento militar de Guatemala tras ser designada recientemente por el presidente Bernardo Arévalo. Inició su carrera fuera de su país porque antes de 1997 las mujeres no eran aceptadas en la escuela militar.

Foto del Ejército de Guatemala.

La mañana en que Hilda fue nombrada como la primera mujer en comandar un importante destacamento de las Fuerzas Armadas de Guatemala llevaba puesto su uniforme de militar, con la insignia de paracaidista en la manga y una boina celeste, con tres estrellas, que la distinguían en su rango militar de coronel.

Ese 31 de enero de 2024 no era un día cualquiera, pues Guatemala, por orden del presidente Bernardo Arévalo, rompía con la tradición militar de nombrar solo hombres en puestos claves del Ejército. Pero estaba Hilda, de 53 años, a punto de escribir su nombre en los libros de la historia de su país.

Hilda González Klusmann juramentó ese día como comandante del Comando Regional de Entrenamiento de Operaciones de Mantenimiento de Paz (Creompaz), que tiene el propósito de dirigir militares enviados a misiones de mantenimiento de paz en el mundo. Era la primera vez que una mujer asumía ese cargo en el país.

«(Este nombramiento) significa estar en las páginas de la historia del Ejército de Guatemala como la primera comandante, puesto muy significativo y trascendental que había sido exclusivamente para hombres», dijo la coronel Klusmann, en una entrevista con la Voz de América.

Guatemala no había dado la categoría de comandar destacamentos militares a ninguna mujer, hasta que Arévalo asumió la presidencia de Guatemala prometiendo un Ejército con mayor equidad de género. “Se abrirá el camino para que las mujeres militares puedan competir profesionalmente”, dijo el presidente solo dos semanas después de asumir la presidencia de Guatemala.

En un mundo militar mayormente dominado por hombres, Klusmann asegura haber ido «desechando lo malo”. Entre ello el episodio que vivió recién graduada de subteniente hace varios años cuando fue asignada para dirigir un pelotón de fusileros, pero el sargento del grupo se dio de baja porque a él «ninguna mujer lo iba a mandar». Esto pese a que jerárquicamente le debía “respeto y obediencia” a su oficial inmediato superior, en este caso Klusmann.

Aun así, la coronel agradece haber tenido cerca oficiales de «mucha calidad humana”, que siempre esperaron que se superara a sí misma. Uno de esos oficiales fue su padre, de quien reconoce haber obtenido una gran influencia para incursionar en la vida militar.

«Esta carrera no está determinada por el hecho de ser mujeres u hombres sino por la capacidad, la habilidad y las aptitudes de la persona; aportando la mujer diversidad de perspectivas y habilidades que estoy segura que enriquecen el Ejército”, dijo.

Para Klusmann, los mandos militares mujeres se diferencian de los militares hombres porque toman “decisiones más justas”. A parte de que las mujeres se adaptan rápidamente a situaciones cambiantes.

Pese a ello no se mira en labores de combate porque asegura que el Ejército de Guatemala protege a la mujer “como la dadora de vida, por lo que se preserva al máximo su existencia”.

Pero en caso de que Guatemala lo requiera, Klusmann asegura estar entrenada, así como los oficiales hombres, para defender su país en caso de ser necesario.

Las mujeres en el Ejército de Guatemala son un grupo minoritario, menos del 10 % de 23.000 personas. Antes de 1997, no les era permitido hacer su carrera militar en Guatemala, pues la Escuela Politécnica —única en forjar militares de carrera— no admitía mujeres.

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Pero si ellas insistían, como en el caso de Klusmann, la única opción era estudiar en el extranjero y luego volver a Guatemala como lo hizo la comandante

Klusmann egresó en 1994 de la Escuela Militar de Enfermería, de la Secretaría de la Defensa Nacional de México. Es coronel de Sanidad Militar y diplomada del Estado Mayor. Ha sido observadora militar de Naciones Unidas en la República Democrática del Congo y en Etiopía y Eritrea.

«En las Operaciones de Paz, las mujeres han demostrado empatía, eficiencia y eficacia en sus labores como pacificadoras con las poblaciones que sufren conflictos y buscan la reconciliación, han contribuido a la promoción y respeto de los derechos humanos, la protección a civiles y motivan a más mujeres a involucrarse activamente en los procesos de democratización de los países afectados», describe Creompaz la labor del comando a cargo de Klusmann.

Klusmann, como mujer

Klusmann se describe como una mujer sencilla, alegre, positiva y empática. Que en sus ratos de ocio disfrutar de oír sonar la marimba, instrumento musical y un símbolo patrio en Guatemala.

«Mi hija es mi mayor orgullo, y admiro mucho a mi madre ya que la considero una guerrera al haber salido adelante con cinco hijos al fallecer mi señor padre, y poder sacarnos adelante a todos, siendo todos unos profesionales».

«Seré una comandante que va a dejar huella en el Ejército de Guatemala», asegura.

Entrevista tomada de VOA.

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