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El símbolo de libertad, el león que ruge en silencio: la otra cara del Monumento a la Revolución

A la entrada de Quetzaltenango, el Monumento a la Revolución se alza como un gigante cansado. Su león de bronce todavía ruge en silencio, pero las paredes manchadas de graffitis y la maleza que lo rodea cuentan otra historia; la del olvido.

Mirna Alvarado / laprensadeoccidente.com.gt

En la puerta de Quetzaltenango, en la zona 2, se levanta el Monumento a la Revolución de 1897, al que la mayoría de la población conoce como el Arco del Sexto Estado. Su imponente figura debería ser motivo de orgullo y memoria histórica, pero hoy es un reflejo de la indiferencia institucional y del abandono del patrimonio cultural de la ciudad.

El doctor en antropología Daniel Matul explica que mucha gente relaciona este monumento con el movimiento del Sexto Estado, sin embargo, este fue construido para “honrar a los caídos, el memorial tipo arco del Triunfo de París, ubicado en el barrio de la Ciénaga, es considerado un símbolo del Honor y la Dignidad del quetzalteco. Erigido para mantener viva la memoria de esta gesta revolucionaria”.

“Es importante que la población mantenga presente la memoria histórica, solo de esa manera evitaremos las confusiones y honraremos a nuestros antepasados”, menciona el antropólogo. De acuerdo con Matul, el Sexto Estado de los Altos, fue reconocido política y jurídicamente por la República Federal de Centro América, el 5 de junio de 1838 y fue ratificado por el presidente general José Francisco Morazán.

“Es importante que la población mantenga presente la memoria histórica, solo de esa manera evitaremos las confusiones y honraremos a nuestros antepasados”. Daniel Matul Morales

El Sexto Estado estuvo vigente hasta 1840 cuando fue desarticulado por tropas militares del Estado de Guatemala al mando de Rafael Carrera. El 2 de abril, en la plaza pública, ordenó la ejecución del alcalde, Dr. Roberto Molina Matta; sus síndicos y concejales.

1897

El cineasta José Rodolfo Custodio Arango, hace hincapié en lo importante que es conocer la historia, tomando en cuenta que el monumento a la Revolución no solo es una estructura sino un recordatorio de la valentía y la lucha de los quetzaltecos.

Recientemente, Custodio presentó un documental sobre la revolución de 1897, en el que analiza la estructura política de Guatemala y Quetzaltenango, así como los factores que provocaron la revuelta. Esta comenzó en el departamento de San Marcos y culminó con el fusilamiento del entonces alcalde, Sinforoso Aguilar.

Las autoridades también encarcelaron a Juan Aparicio, quien se desempeñaba como gobernador. El documental destaca la lucha de Dolores Rivera, esposa de Aparicio, quien desafió a las más altas autoridades del Estado para exigir la liberación de su marido.

Aunque las autoridades ejecutaron a Aparicio, Rivera no desistió e inició un proceso judicial contra los responsables de la muerte de su esposo.

El filme también recuerda varios aspectos del gobierno del presidente José María Reina Barrios, uno de los mandatarios más conocidos por ejercer un régimen tiránico.

Arco del Sexto Estado. Su imponente figura debería ser motivo de orgullo y memoria histórica, pero hoy es un reflejo de la indiferencia institucional y del abandono.

“Cada vez que inicio una presentación, pregunto a los asistentes si saben a quién está dedicado el monumento que se ubica en la entrada de la ciudad en la zona 2, la respuesta es la misma, todos dicen que es el Arco del Sexto Estado”.

“Al finalizar la presentación vuelvo a hacer la misma pregunta, la respuesta es diferente. Por eso creo que es importante que la población especialmente los jóvenes lean, conozcan nuestra historia”, asegura Custodio.

“La reflexión debe ser que como quetzaltecos debemos unirnos y hacerle frente a las tiranías e injusticias”. Rodolfo Custodio

El cineasta refiere que el monumento es un recordatorio de la valentía de los antepasados al enfrentarse a un tirano.  “La reflexión debe ser que como quetzaltecos debemos unirnos y hacerle frente a las tiranías e injusticias”.

Para ver el documental y las reflexiones que deja el mismo pueden ingresar al sitio web http://cronicas.vhx.tv ahí se puede conocer a profundidad parte de la historia de los mártires a quienes este mes de septiembre debemos de reconocer.

“La lucha de doña Dolores Rivera fue titánica. Con un gran valor acusó al ex jefe político de ser el asesino de su marido (Juan Aparicio) y del alcalde de la ciudad Sinforoso Aguilar”, se lee en el libro Quetzaltenango historia de su Historia escrito por el empresario Roberto Gutiérrez.

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Opinión: La cultura del olvido

Este es otro documento al cual la población debe prestar atención, para recordar la gloria pasada y analizar el contexto actual.

“Este es un ejemplo de la perseverancia de muchas personas en busca de la justicia social y de una mujer que, para su desgracia al intentar obtener justicia en contra del autor de la ejecución de su esposo, el perpetrador huyó a la ciudad capital bajo la protección del entonces ministro de Gobernación, Manuel Estrada Cabrera”, menciona Gutiérrez.

“Cabe mencionar que este año los Juegos Florales Hispanoamericanos se enfocan precisamente en la revolución de 1897 en busca de un reconocimiento a los mártires”, agregó Custodio.

La pasarela que nunca se usó: El proyecto del arco fue adjudicado como una pasarela en el 2006 a la empresa Energía para el Futuro del empresario Edwin Castro de León, quien murió de forma violenta en el 2013, de acuerdo con Guatecompras la obra se ofertó con el NOG 190551 y tuvo un costo de Q1 millón 498 mil. La municipalidad ejecutó el proyecto con el nombre construcción de pasarela con arquitectura del arco del Sexto Estado de los Altos, aunque la supuesta pasarela no se utilizó ya que el espacio permaneció cerrado desde que fue inaugurado en el 2007. Fuente: Prensa Libre. Sacándole Brillo a Xela en algún momento quiso recuperar.

La memoria como propaganda

El antropólogo Matul insiste en que, aunque popularmente se le llama Arco del Sexto Estado, el monumento en realidad conmemora la Revolución de 1897.

“Este monumento honra a los mártires de 1897, no al Estado de Los Altos. Lamentablemente, algunos políticos han utilizado esa confusión para fines de propaganda, en lugar de trabajar por su preservación”.

Una historia interrumpida

El primer arco se construyó en 1898, un año después de la Revolución quetzalteca contra el régimen de José María Reina Barrios, bajo el diseño del arquitecto Alberto Porta.

Sin embargo, nunca fue concluido. En 1950, el gobierno de Jacobo Árbenz ordenó su demolición para dar paso a la carretera internacional.

Cincuenta y siete años más tarde, en 2007, las autoridades inauguraron un nuevo monumento, obra del arquitecto quetzalteco Roberto Henry Mull. En la cima colocaron un león de bronce, símbolo de la valentía de los revolucionarios. La escultura había pasado por varios parques de la ciudad antes de instalarse en el nuevo arco.

Entre el orgullo y la desidia

El monumento fue concebido también como pasarela peatonal, pero jamás se utilizó con ese fin. En su lugar, vándalos lo han usado para plasmar sus graffitis, los vecinos acumulan basura y las autoridades brillan por la falta de mantenimiento.

“Cada vez que paso por el arco me duele verlo así, sucio y descuidado. Es un símbolo de la ciudad, pero parece que a las autoridades no les importa”, comenta María López, vecina de la zona 2.

En 2019, un grupo de ciudadanos voluntarios se organizó para remozar el arco. Con brochas y pintura, lo limpiaron y le devolvieron algo de dignidad al monumento.

Aunque simbólica, la acción evidenció que la responsabilidad de cuidar el patrimonio recae más en la población que en la municipalidad.

Pese a que la comuna de Quetzaltenango contrató por Q13 millones a una empresa para el mantenimiento de monumentos y el ornato de la ciudad, hasta ahora no ha limpiado el arco. Por el contrario, ha colocado mantas y otros adornos alusivos a sus fiestas, y actualmente lo ha decorado con ornamentos relacionados con la independencia.

Un símbolo que resiste

La inscripción en sus muros es contundente: “El amor a la libertad los hizo héroes; el odio a los tiranos los hizo mártires”. Sin embargo, el contraste con la realidad es evidente. El mensaje de libertad y heroísmo se enfrenta hoy a la falta de presupuesto para cultura, a la indiferencia institucional y a la ausencia de una política pública de conservación del patrimonio.

“El arco debería ser un espacio de identidad y memoria, pero está reducido a un adorno descuidado en la entrada de la ciudad. Eso habla del abandono cultural en Quetzaltenango”, señala el antropólogo Daniel Matul.

Una deuda con la historia

El Monumento a la Revolución es más que una estructura arquitectónica: es un recordatorio de la lucha por la libertad y la dignidad del pueblo quetzalteco. Sin embargo, hoy enfrenta su propia batalla contra el olvido.

“El estado actual del monumento es un insulto a la memoria histórica. Es como si dijéramos que los ideales de libertad y justicia por los que murieron aquellos hombres no valen nada”, sentencia Marino Carrillo, docente universitario.

Mientras las autoridades reduzcan su papel a desfiles y discursos vacíos cada 15 de septiembre, el arco no dejará de gritar una verdad incómoda: Quetzaltenango se llena la boca llamándose cuna de héroes, pero deja morir, a la vista de todos, el símbolo más visible de su libertad.

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A la entrada de Quetzaltenango, el Monumento a la Revolución se alza como un gigante cansado. Su león de bronce todavía ruge en silencio, pero las paredes manchadas de graffitis y la maleza que lo rodea cuentan otra historia; la del olvido.

Mirna Alvarado / laprensadeoccidente.com.gt

En la puerta de Quetzaltenango, en la zona 2, se levanta el Monumento a la Revolución de 1897, al que la mayoría de la población conoce como el Arco del Sexto Estado. Su imponente figura debería ser motivo de orgullo y memoria histórica, pero hoy es un reflejo de la indiferencia institucional y del abandono del patrimonio cultural de la ciudad.

El doctor en antropología Daniel Matul explica que mucha gente relaciona este monumento con el movimiento del Sexto Estado, sin embargo, este fue construido para “honrar a los caídos, el memorial tipo arco del Triunfo de París, ubicado en el barrio de la Ciénaga, es considerado un símbolo del Honor y la Dignidad del quetzalteco. Erigido para mantener viva la memoria de esta gesta revolucionaria”.

“Es importante que la población mantenga presente la memoria histórica, solo de esa manera evitaremos las confusiones y honraremos a nuestros antepasados”, menciona el antropólogo. De acuerdo con Matul, el Sexto Estado de los Altos, fue reconocido política y jurídicamente por la República Federal de Centro América, el 5 de junio de 1838 y fue ratificado por el presidente general José Francisco Morazán.

“Es importante que la población mantenga presente la memoria histórica, solo de esa manera evitaremos las confusiones y honraremos a nuestros antepasados”. Daniel Matul Morales

El Sexto Estado estuvo vigente hasta 1840 cuando fue desarticulado por tropas militares del Estado de Guatemala al mando de Rafael Carrera. El 2 de abril, en la plaza pública, ordenó la ejecución del alcalde, Dr. Roberto Molina Matta; sus síndicos y concejales.

1897

El cineasta José Rodolfo Custodio Arango, hace hincapié en lo importante que es conocer la historia, tomando en cuenta que el monumento a la Revolución no solo es una estructura sino un recordatorio de la valentía y la lucha de los quetzaltecos.

Recientemente, Custodio presentó un documental sobre la revolución de 1897, en el que analiza la estructura política de Guatemala y Quetzaltenango, así como los factores que provocaron la revuelta. Esta comenzó en el departamento de San Marcos y culminó con el fusilamiento del entonces alcalde, Sinforoso Aguilar.

Las autoridades también encarcelaron a Juan Aparicio, quien se desempeñaba como gobernador. El documental destaca la lucha de Dolores Rivera, esposa de Aparicio, quien desafió a las más altas autoridades del Estado para exigir la liberación de su marido.

Aunque las autoridades ejecutaron a Aparicio, Rivera no desistió e inició un proceso judicial contra los responsables de la muerte de su esposo.

El filme también recuerda varios aspectos del gobierno del presidente José María Reina Barrios, uno de los mandatarios más conocidos por ejercer un régimen tiránico.

Arco del Sexto Estado. Su imponente figura debería ser motivo de orgullo y memoria histórica, pero hoy es un reflejo de la indiferencia institucional y del abandono.

“Cada vez que inicio una presentación, pregunto a los asistentes si saben a quién está dedicado el monumento que se ubica en la entrada de la ciudad en la zona 2, la respuesta es la misma, todos dicen que es el Arco del Sexto Estado”.

“Al finalizar la presentación vuelvo a hacer la misma pregunta, la respuesta es diferente. Por eso creo que es importante que la población especialmente los jóvenes lean, conozcan nuestra historia”, asegura Custodio.

“La reflexión debe ser que como quetzaltecos debemos unirnos y hacerle frente a las tiranías e injusticias”. Rodolfo Custodio

El cineasta refiere que el monumento es un recordatorio de la valentía de los antepasados al enfrentarse a un tirano.  “La reflexión debe ser que como quetzaltecos debemos unirnos y hacerle frente a las tiranías e injusticias”.

Para ver el documental y las reflexiones que deja el mismo pueden ingresar al sitio web http://cronicas.vhx.tv ahí se puede conocer a profundidad parte de la historia de los mártires a quienes este mes de septiembre debemos de reconocer.

“La lucha de doña Dolores Rivera fue titánica. Con un gran valor acusó al ex jefe político de ser el asesino de su marido (Juan Aparicio) y del alcalde de la ciudad Sinforoso Aguilar”, se lee en el libro Quetzaltenango historia de su Historia escrito por el empresario Roberto Gutiérrez.

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“Este es un ejemplo de la perseverancia de muchas personas en busca de la justicia social y de una mujer que, para su desgracia al intentar obtener justicia en contra del autor de la ejecución de su esposo, el perpetrador huyó a la ciudad capital bajo la protección del entonces ministro de Gobernación, Manuel Estrada Cabrera”, menciona Gutiérrez.

“Cabe mencionar que este año los Juegos Florales Hispanoamericanos se enfocan precisamente en la revolución de 1897 en busca de un reconocimiento a los mártires”, agregó Custodio.

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“Este monumento honra a los mártires de 1897, no al Estado de Los Altos. Lamentablemente, algunos políticos han utilizado esa confusión para fines de propaganda, en lugar de trabajar por su preservación”.

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El primer arco se construyó en 1898, un año después de la Revolución quetzalteca contra el régimen de José María Reina Barrios, bajo el diseño del arquitecto Alberto Porta.

Sin embargo, nunca fue concluido. En 1950, el gobierno de Jacobo Árbenz ordenó su demolición para dar paso a la carretera internacional.

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Entre el orgullo y la desidia

El monumento fue concebido también como pasarela peatonal, pero jamás se utilizó con ese fin. En su lugar, vándalos lo han usado para plasmar sus graffitis, los vecinos acumulan basura y las autoridades brillan por la falta de mantenimiento.

“Cada vez que paso por el arco me duele verlo así, sucio y descuidado. Es un símbolo de la ciudad, pero parece que a las autoridades no les importa”, comenta María López, vecina de la zona 2.

En 2019, un grupo de ciudadanos voluntarios se organizó para remozar el arco. Con brochas y pintura, lo limpiaron y le devolvieron algo de dignidad al monumento.

Aunque simbólica, la acción evidenció que la responsabilidad de cuidar el patrimonio recae más en la población que en la municipalidad.

Pese a que la comuna de Quetzaltenango contrató por Q13 millones a una empresa para el mantenimiento de monumentos y el ornato de la ciudad, hasta ahora no ha limpiado el arco. Por el contrario, ha colocado mantas y otros adornos alusivos a sus fiestas, y actualmente lo ha decorado con ornamentos relacionados con la independencia.

Un símbolo que resiste

La inscripción en sus muros es contundente: “El amor a la libertad los hizo héroes; el odio a los tiranos los hizo mártires”. Sin embargo, el contraste con la realidad es evidente. El mensaje de libertad y heroísmo se enfrenta hoy a la falta de presupuesto para cultura, a la indiferencia institucional y a la ausencia de una política pública de conservación del patrimonio.

“El arco debería ser un espacio de identidad y memoria, pero está reducido a un adorno descuidado en la entrada de la ciudad. Eso habla del abandono cultural en Quetzaltenango”, señala el antropólogo Daniel Matul.

Una deuda con la historia

El Monumento a la Revolución es más que una estructura arquitectónica: es un recordatorio de la lucha por la libertad y la dignidad del pueblo quetzalteco. Sin embargo, hoy enfrenta su propia batalla contra el olvido.

“El estado actual del monumento es un insulto a la memoria histórica. Es como si dijéramos que los ideales de libertad y justicia por los que murieron aquellos hombres no valen nada”, sentencia Marino Carrillo, docente universitario.

Mientras las autoridades reduzcan su papel a desfiles y discursos vacíos cada 15 de septiembre, el arco no dejará de gritar una verdad incómoda: Quetzaltenango se llena la boca llamándose cuna de héroes, pero deja morir, a la vista de todos, el símbolo más visible de su libertad.

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