Los eventos de representatividad cultural son concursos, certámenes o actividades que se desarrollan en poblaciones indígenas o en otras pluriculturales en donde las organizan personas indígenas que buscan la elección o designación de una señorita de origen maya, como representante de su comunidad durante un período de tiempo.

Ignacio Camey / Investigador, escritor, docente, asesor cultural, licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales con maestría en Antropología Social, graduado Cum Lauden.
Estas elecciones o designaciones tienen 91 años de acontecer en Guatemala y 90 de tener lugar en Quetzaltenango. En la cultura clásica maya asentada en lo que hoy es Mesoamérica, no aparece a la fecha, algún antecedente que permita sustentar de manera histórica estos certámenes.
En Guatemala, surgen alentados por los gobiernos mestizos de carácter liberal y bajo su concepción indigenista en relación con los pueblos originarios, probablemente con la intención de continuar procesos de reducción de las culturas ancestrales a lo folklórico.
Debe señalarse que un buen porcentaje de los mismos indígenas, se fueron apropiando de los mismos, incorporando elementos de las culturas prehispánicas, incluso transformándolos, en algunos casos, como instrumentos desde los cuales se podía dar voz a la mujer, con discursos de emancipación y reivindicación identitaria o política, los cuales en la mayor parte de casos, no eran, ni siguen siendo de inspiración propia, sino elaborados por líderes de la comunidad.
En la actualidad, la elección de representantes culturales mayas se realiza en la mayoría de los municipios del país, en aldeas, caseríos, organizaciones, instituciones y grupos, pero también tienen lugar en algunas comunidades de origen mam, q’anjob’al y chuj, que por el conflicto armado interno, emigraron al sur del estado de Chiapas, México, e incluso comunidades mayas radicadas en los Estados Unidos, lo cual va en auge en los últimos dos años.
India Bonita
El surgimiento de la figura de “reina indígena” en Guatemala, debe situarse en el período presidencial del General Jorge Ubico quien designaba a su antojo a jóvenes indígenas en diferentes poblaciones, como la “india bonita” de lugar. Es posible que el interés del dictador racista y de las autoridades de las diferentes poblaciones por elegir o designar a una “india bonita”, haya surgido por el conocimiento que tuvieron de un evento convocado por el Periódico El Universal Ilustrado de México, que el 16 de enero de 1921 publicó un anuncio que informaba sobre un concurso que pretendía encontrar a la “india más bonita de México.”
El primer antecedente histórico sobre una elección de representativa indígena en Guatemala, lo reporta el antropólogo Deyvid Molina, quien indica que acontece en la Feria de Verano que se desarrolló en marzo de 1933.

Tanto el evento en México, como el que se indica anteriormente, parecen actos de “ladinización,” la cual ocurre cuando el grupo cultural dominante procura imponer sobre el indígena toda una serie de parámetros, elementos y valores culturales occidentales, propios de los ladinos, haciéndolos ver como superiores y dignos de imitarse, para que consciente o inconscientemente los pobladores originarios, aspiren a incorporarse a las lógicas del sistema a través de marcadores culturales ajenos, extraños, que al hacerlos suyos, parecen validarlo para ser considerado igual a los “otros” o al menos sentirse menos excluido, aunque sepa que jamás será aceptado plenamente, pues es precisamente el racismo mismo, el que procurará la ladinización del maya.
Reina Indígena de Xelajú
Posterior a lo sucedido en Antigua Guatemala, se considera que el 5 de septiembre de 1934 en Quetzaltenango, nace el primer evento institucionalizado por el pueblo maya para la elección de una representativa de su cultura, denominado “Reina Indígena de Xelajú”, por iniciativa de un grupo de jóvenes del Barrio San Sebastián, que encontraron apoyo por parte de la Sociedad El Adelanto.
Se trata del único evento creado en las primeras décadas del siglo XX, sobre el cual existen documentos de respaldo sobre su fundación, pudiendo establecerse antecedentes, organización, objetivos y reglamentación.
Todo surge por la intención de un grupo de jóvenes que se reunían en el Parque San Sebastián (hoy San Bartolomé), entre quienes estaban Rufino Xicará, Juan Coyoy, Jesús Pérez, Manuel Nimatuj, José Chajchalac, Manuel Villagrán, Santos Velásquez, Francisco Ixcot y Juan Boj, entre otros, quienes, aconsejados por el poeta Osmundo Arriola, acudieron a la Sociedad El Adelanto proponiendo la creación del evento, ya que se sentían excluidos y sin representación pertinente alguna, en las actividades culturales, cívicas y de belleza que se realizaba en las celebraciones de la Feria de Independencia.
Los fundadores del evento propiciaron la realización de un ejercicio democrático de elección para evitar la imposición estatal de las denominadas “indias bonitas” del dictador de turno. De hecho, no sólo se buscó elegir una representante de belleza, sino a través de urnas y voto general.

La “India Bonita” era un símil discriminador del concepto de “Reina” ladina de una localidad, por lo que la institución del evento de Reina Indígena de Xelajú habría sido pensada más como un acto político que cultural, por parte de las élites sociales que lo fundaron.
La institucionalidad sobre la que descansaba el certamen de Reina Indígena de Xelajú era eminentemente maya, su simbolismo externo, no dejaba de reproducir la imposición cultural, ya que estaba revestido de elementos que no eran propios de la cultura originaria, como el uso de cetro, corona, capa, que terminaban por equiparar a la mujer maya, con el estereotipo occidental de reinas.
El 5 de septiembre de 1934 los directivos de la Sociedad El Adelanto conocen formalmente la solicitud de los jóvenes. Como señala el acta respectiva, los objetivos principales del evento eran “eliminar la forma impositiva del Gobierno central en la designación de representantes de la belleza indígena, dar a conocer la cultura ancestral y unir a la juventud y sociedad k’iche’ alrededor de un evento cultural. Discutidos los mismos fue aprobado el proyecto en el cual se acordaba se diera a conocer este concurso por intermedio de la Sociedad El Adelanto.”
“Algunos intelectuales mayas han considerado que el certamen debe desaparecer al no cumplir con una función que trascienda por sus múltiples inconsistencias, inconvenientes y conflictos”
Atendiendo la propuesta de don Rosalío Cotí, quien era socio de El Adelanto, se decide nombrar el evento como “Reina Indígena de Xelajú”, se ordena notificar a la Municipalidad, así como a la Gobernación Departamental y se establecen las bases del concurso.
Las primeras reinas
Las dos candidatas participantes fueron Rosa de Paz Chajchalac y Julia Ixcaraguá, apoyadas por dos grupos de jóvenes. La votación se realizó el domingo 9 de septiembre de 1934 en el Parque San Sebastián, instalándose tres mesas de votación. La dama Julia Ixcaraguá fue la ganadora con 895 votos, en tanto Rosa de Paz obtuvo 800.
Quienes apoyaban a Rosa de Paz Chajchalac, impugnaron las elecciones señalando que la ganadora no tenía la mayoría de edad, que contravenía las bases del evento. Al final la primera “Reina Indígena de Xelajú” fue Rosa de Paz Chajchalac. La coronación se llevó a cabo en el Cerro El Baúl. La ganadora fue subida en andas por cientos de pobladores mayas k’iche’ib’ que reaccionaron con euforia a la posibilidad de verse representados por primera vez dentro de las celebraciones de una independencia.
El certamen se convirtió en un referente para la población indígena quetzalteca, ya que era el único espacio de expresión cultural y social para la mujer, incluso para los grupos culturales. No obstante, en lo político no tenía ninguna incidencia. Durante años las candidatas recorrieron la ciudad para presentarse ante la población en vehículos cubiertos con perrajes y prendas típicas y también existían revistas especializadas sobre el evento.
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El Teatro Municipal
En 1947 resulta ganadora la señorita Adela Aguilar Suchi y por disposición del comité organizador y de la Municipalidad, la coronación se realizó en “acto solemne” en el Teatro Municipal de la ciudad, esto provocó reacciones discriminatorias de los ladinos de la ciudad, para quienes el teatro, por tradición era un espacio no reservado para los indígenas.
Un único antecedente en 1964 fue a partir de 1970 cuando se instaura el sistema de jurado calificador para la elección. En 1978 Elba Marina Soch Citalán es elegida como la última Reina Indígena de Xelajú ya que a partir de 1979 el evento fue reformado en cuanto a designación y simbolismo, debido a una advertida folklorización que le caracterizaba, así como a una visión occidental en la realización de este. La reforma quizás fue forzada por la misma inclinación de las participantes a una visión más política del espacio, ya que a partir de 1978 los discursos cobraban importancia al incluir aspectos más sociopolíticos.

El simbolismo externo del certamen no dejaba de reproducir la imposición cultural ya que el mismo contenía elementos que no eran propios de la cultura originaria, como el uso de indumentarias y decoros, que al final terminaban por equiparar a la mujer representativa maya, con el estereotipo occidental de reinas.
Por ello, en 1979, una comisión renovadora con el sostén académico de Adrián Inés Chávez reforma el evento y lo convierte en el certamen denominado “Umial Tinimit Re Xelajuj No’j.”
Por primera vez en el país, se fundamenta desde el conocimiento ancestral y los elementos simbólicos de la cultura de un pueblo maya, lo que podría considerarse un “ceremonial” adecuado para propiciar la descolonización del pensamiento, la reivindicación identitaria, política y cultural, a partir de la palabra y el talento de la mujer k’iche’, que tomaba un rol protagónico en una sociedad generalmente marcada por el racismo y la discriminación.
Ese año se conformó una “Comisión Renovadora del Certamen de Belleza Indígena” la cual era asesorada por quien fuera años después alcalde de Quetzaltenango, Rigoberto Quemé Chay y por el Maestro Adrián Inés Chávez, se consideró oportuno en primer término cambiar el nombre del evento, así como algunos de los elementos constitutivos del mismo. Se propone al Consejo Municipal sustituir el nombre de “Reina Indígena de Xelajú por el de Umial Tinimit Re Xelaju’j No’j, que en su traducción correcta al español quien escribe propone que es “Hija del Pueblo Bajo las Diez Sabidurías”.

Investidura
Así pasó a denominarse el evento y además se sustituyó el concepto de “coronación de la reina”, por la de “investidura de la hija del pueblo”; ya no se le cubrió con una capa, sino con un “Nim Po’t”; no se le coronó, sino se cubrió la cabeza con el Ixcap’ y se le decoró con el Chachal. El cetro que se le entregaba en sus manos fue sustituido por el libro sagrado maya k’iche’, el Pop Wuj.

Estos cambios se debieron a que existía un movimiento indígena fuerte en la ciudad dentro del reducto cultural y político que representaba el Comité indígena Xel-Ju, por desaparecer la folklorización de la cultura maya que tenía lugar a partir de la forma en que se realizaba el evento de Reina indígena que había dejado de ser desde hacía años un espacio de expresión y reivindicación de cultura e identidad maya y que se había convertido en un escenario folclórico de belleza, tradiciones, bailes y danzas indígenas para la entretención tanto del ladino como del indígena, con un alto contenido de elementos occidentales ajenos a la cultura maya.
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Esta idea fue planteada al seno del evento y al Consejo Municipal por Rigoberto Quemé Chay, lo cual no fue aceptado por todos, pero los cambios originaron la posibilidad de orientar las actividades de las participantes en cuanto a convertirse en portavoces de mensajes sociales con cierta orientación política o identitaria, generalmente redactados por asesores que dirigen los grupos culturales que postulan a las candidatas.
Luego de los Acuerdos de Paz, el proceso de fortalecimiento de identidad llegó a todas las instituciones indígenas y movimientos culturales y sociales k’iche’ib’, de tal cuenta que el evento de Umial Tinimit Re Xelajuj No’j, se va reestructurando a lo interno en cuanto a la libertad de recurrir a un discurso político reaccionario y reivindicatorio de identidad y derechos indígenas, lo que provoca que los mismos grupos culturales y las candidatas encuentren en el conocimiento colectivo que tiene lugar durante los preparativos y desarrollo del certamen, la posibilidad de iniciar, continuar o fortalecer su propia recuperación de identidad, descubriendo los elementos fundamentales de la misma a partir del conocimiento de la cosmovisión maya y de la descolonización de la estructura cultural, espiritual y social de la cultura occidental.
Para algunos académicos de la ciudad, ligados a la cultura, el evento en los últimos años se ha folklorizado nuevamente, principalmente por los malos manejos y desconocimiento de quienes integran la comisión organizadora.

Patrimonio Cultural Intangible de la Nación
En 2011, por inquietud de Umial Tinimit Re Xelajuj No’j, Astrid Beatriz López Oroxom (2010-2011) el evento fue declarado Patrimonio Cultural Intangible de la Nación “por su importante aporte a la promoción y conservación del Patrimonio Cultural Intangible de Guatemala, a través de las actividades que desarrolla que revelan expresiones culturales, históricas, lingüísticas, espirituales y cosmogónicas de los pueblos de Guatemala.”, tal como indica el acuerdo ministerial 1044-2011 del Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala.
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