Las tradiciones navideñas en Quetzaltenango no solo son un reflejo de la identidad cultural de la población, sino que también encarnan el espíritu de paz, fe, amor, unidad y esperanza que caracteriza la temporada.

José Racancoj/La Prensa de Occidente
Las calles pintorescas de Xela se inundan durante diciembre de la alegría de la Navidad y el festín de tradiciones arraigadas en la cultura quetzalteca, que recuerdan principalmente el motivo de la celebración: el nacimiento del Niño Jesús.
Con el cálido resplandor de los faroles, la magia que desprenden las casas iluminadas y el sonido de villancicos y tortugas, la ciudad se transforma en un escenario único durante las festividades navideñas.
Desde las posadas hasta la visita del Niño Jesús a los hogares, pasando por la procesión del Niño del Santísimo y la elaboración de paches y ponche, las tradiciones de Navidad y Año Nuevo son preservadas por los quetzaltecos.

Un desfile de faroles
La Navidad quetzalteca no sería la misma sin las posadas que recorren calles y avenidas de la ciudad durante nueve días.
Con pitos, tortugas y los característicos faroles rojos, o en ocasiones de otros colores, los quetzaltecos acompañan a José y María en su peregrinación en busca de posada.
Grupos y hermandades, y a veces familias, organizan los recorridos de los Santos Peregrinos, que visitan diferentes hogares del 14 o 15 al 22 o 23 de diciembre, llevando un mensaje de evangelización.
Al llegar a la casa que recibe a José y María se entona el tradicional canto para pedir posada, se reza, se medita sobre el verdadero sentido de la Navidad y se comparte comida propia de la época, como el ponche, chuchitos, cambrayes y otros platillos.
El historiador y cronista quetzalteco, Francisco Cajas Ovando, explicó que la tradición de las posadas se remonta a finales de los años de 1600, siendo iniciadas en Guatemala por el Hermano Pedro de San José de Betancur.
“A finales de ese siglo se comienza a realizar una tradición que era llevar imágenes de un vecino a otro, pues eran pocas las personas que tenían imágenes en esa época”, comentó.
Esta tradición amistosa y familiar se fue popularizando hasta convertirse en las visitas de nueve días y registrarse en Quetzaltenango hasta 3,000 posadas en los años 70 del siglo pasado, según registros de Gobernación, señala Cajas.

Nacimientos: un recordatorio del auténtico sentido de la Navidad
En muchos hogares quetzaltecos, el nacimiento ocupa un lugar central durante la temporada navideña, pues recuerda el auténtico sentido de la Navidad: el nacimiento de Jesús.
En la elaboración y decoración de los “belenes”, como también se les conoce, suelen participar familias enteras, quienes los convierten en una expresión tangible de la fe, la cultura y el amor compartido.
Cada nacimiento cuenta con diferentes imágenes, como pastores, ángeles, ovejas, principalmente el Niño Dios, José, María y los Reyes Magos, mientras que el aserrín multicolor, así como el musgo y pashte, no pueden faltar.
“Crear el nacimiento es un momento especial que se vive con la familia. Nosotros, solemos colocar al Niño Dios el 24 de diciembre a medianoche y el 31 lo vestimos. Para nosotros es tradición que el nacimiento se retire hasta el 2 de febrero, Día de Candelaria”, comentó Fernando Xicará, vecino de la zona 1.
Por su parte, Cajas comentó que, en años anteriores, principalmente en los años 60 del siglo pasado, eran populares los nacimientos con embrellados y movimiento. “Era un trabajo de más de un mes, pues se debían unir, con pitas, cada muñeco a una rueda, y se le daba vuelta a la rueda para crear el movimiento”, explica.
“Y el 25 de diciembre toda la gente salía a ver nacimientos. Uno de los más famosos era el de la familia Robles Chinchilla en la zona 3”, agrega.

El sabor de la Navidad
Las fiestas navideñas traen consigo no solo alegría y sonidos, sino también una deliciosa joya gastronómica: los paches o tamales. La preparación de este platillo es más que simplemente cocinar; es un ritual familiar que reúne a generaciones.
En la mesa navideña quetzalteca los paches ocupan un lugar de honor. Este plato, lleno de historia y significado, representa la conexión entre las tradiciones antiguas y las celebraciones contemporáneas. Cada bocado transporta a aquellos que lo prueban a la esencia misma de la Navidad altense.
“En nuestra mesa, la noche del 24 y madrugada del 25 de diciembre no pueden faltar los paches o tamales, pues son parte de una larga tradición en la familia. Esto lo acompañamos de un delicioso caliente (ponche). Es para nosotros el sabor de la Navidad”, compartió Mercedes Sac, residente de la zona 10 altense.
Nochebuena: cena familiar y la Misa de Gallo
La Nochebuena en Xela es realmente especial, dedicada a la unidad familiar y las tradiciones religiosas.
Las familias suelen acudir a servicios religiosos, como a los templos católicos donde, en un ambiente de alegría y recogimiento, se realiza la tradicional Misa de Gallo, es decir, la celebración eucarística en la que se recuerda el nacimiento de Jesús.
Posteriormente suelen reunirse para compartir una cena especial, principalmente con platillos típicos. Y justo a la medianoche queman bombas, estrellitas y diversos juegos pirotécnicos que llegan a durar hasta media hora en toda la ciudad para finalmente fundirse en un abrazo e intercambiar regalos.

La visita del Niño Jesús: una tradición muy navideña
Cada 25 de diciembre, y este año no será la excepción, los hogares quetzaltecos son visitados por la imagen del Niño Jesús.
Esta es una tradición que perdura de la mano de grupos, asociaciones y hermandades, tanto hombres como mujeres, quienes vestidos con trajes ceremoniales e indumentaria maya caminan por diferentes calles para anunciar el nacimiento del Niño Dios, con pitos y tortugas.
En los hogares que abren las puertas se deja un mensaje de evangelización y las familiares comparten una refacción.
Esta es una costumbre muy quetzalteca, pues no hay otra igual en Guatemala, afirma el historiador Cajas Ovando.
Se remonta al siglo 19 y se originó con la visita del Niño de la Cofradía a diversos hogares, explica el cronista. “Era la visita del Niño a los nacimientos de la gente. Con la llegada del Niño se lanzaban canastas de pan, era un tiempo de mucha bonanza”, comenta.

Año Nuevo: El Niño del Santísimo en las calles
El primer día del nuevo año, las calles de la ciudad suelen estar abarrotadas por pobladores que esperan el paso de la procesión del Niño del Santísimo.
El cortejo, una de las principales tradiciones de Año Nuevo, es trasladada de la Catedral de Los Altos, dirigiéndose a la casa del Cofrade Mayor, en esta ocasión, Walter Oroxom, en la 17 avenida, zona 3.
El cortejo está previsto que inicie a las 17 horas y recorra las principales calles de Xela, de acuerdo con el programa general de actividades de la Cofradía del Niño del Santísimo.
Mujeres poderosas; “Lo poco o mucho que podamos tener ha sido por esfuerzo y sudor propios”




