En el corazón de Quetzaltenango, donde convergen memoria, poder e identidad local, las intervenciones urbanas que la Municipalidad ejecuta desde finales del año pasado han abierto un debate que va más allá de lo estético.



Edna H. Saraccini | laprensadeoccidente.com.gt
La pregunta surge entre vecinos y especialistas: ¿la ciudad revitaliza el Centro Histórico o lo transforma sin un criterio patrimonial integral?
Desde diciembre, la Municipalidad sustituyó las banquetas frente a la Catedral Metropolitana y, recientemente, en el entorno de la Casa de la Cultura de Occidente, como parte de un proyecto de “mejoramiento urbano”.
Sin embargo, vecinos comenzaron a documentar un hallazgo inesperado durante los trabajos: fragmentos de piedra caliza, material histórico de construcción de la ciudad, aparecieron mezclados entre el ripio retirado de las obras.
Piedra caliza: material histórico de la ciudad
El arquitecto Julio Sánchez, con estudios en conservación patrimonial, confirmó que las piezas halladas corresponden a piedra caliza proveniente de canteras locales. Durante siglos, este material definió la arquitectura pública y privada del Centro Histórico de Quetzaltenango.
No obstante, el hallazgo abre más preguntas que respuestas sobre la forma en que la ciudad interviene su patrimonio urbano.
Falta de una visión integral
Para Sánchez, las obras que actualmente se ejecutan en el entorno del Parque Centroamérica no evidencian la existencia de un plan integral de revitalización del Centro Histórico.

“No amplían las áreas peatonales ni replantean el espacio urbano; solo sustituyen concreto por adoquín”, advierte.
Además, el arquitecto cuestiona el uso de este material en un entorno patrimonial. Aunque el adoquín puede resultar adecuado en sectores periféricos —como ejes urbanos fuera del perímetro histórico—, su instalación en el núcleo fundacional podría reemplazar materiales con valor histórico por soluciones contemporáneas que rompen la coherencia estética del conjunto.
Una alternativa con valor cultural
Ante esta situación, Sánchez propone reutilizar la piedra caliza que aún existe en las canteras del municipio.
Según explica, esta alternativa permitiría conservar el lenguaje arquitectónico original del Centro Histórico. Además, apoyaría la continuidad de un oficio tradicional que hoy enfrenta riesgo de desaparecer: el trabajo de los canteros.
Adoquines
Más allá de cuestionar el uso de adoquines de cemento decorativo en el entorno del Parque Centroamérica, el arquitecto Julio Sánchez plantea que el problema de fondo no es únicamente el material empleado, sino la ausencia de una visión de largo plazo que permita entender el pavimento como parte del lenguaje patrimonial de la ciudad.
Las obras actuales se limitan a sustituir superficies sin replantear la calidad del espacio peatonal.
Desde su perspectiva, el adoquín podría ser adecuado en corredores fuera del perímetro histórico, como los ejes que conectan el Centro Universitario de Occidente con otras áreas urbanas, pero no necesariamente en el núcleo patrimonial.

Una propuesta
Esto implicaría concebir el suelo como un elemento identitario capaz de dialogar con la arquitectura. Como referencia, menciona ciudades como Río de Janeiro y Lisboa, donde las superficies peatonales forman parte del paisaje histórico.
También señala que Guatemala cuenta con precedentes, como el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, donde las piezas de pavimento fueron diseñadas con pequeñas piedras integradas entre las losas, para armonizar con el conjunto arquitectónico.
En el caso de Quetzaltenango, sugiere evaluar la conveniencia patrimonial de sustituir materiales tradicionales, como la piedra caliza y la piedra de laja, y considerar el uso de piedra local como base para soluciones coherentes con la tradición constructiva.
Asimismo, plantea que las intervenciones deberían estar a cargo de equipos multidisciplinarios capaces de documentar hallazgos, e incluso convertirlos en valor urbano mediante recursos, como ventanas arqueológicas.
Finalmente, propone orientar la revitalización hacia proyectos integrales que prioricen corredores peatonales, plazas y parques, especialmente dentro del perímetro histórico.
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Entre la intervención y el proyecto de ciudad
Desde la Oficina del Centro Histórico, la arquitecta Lorena Barillas, encargada del Plan Maestro, plantea que la recuperación del área no puede limitarse a intervenciones puntuales, sino que debe responder a una visión que priorice el uso ciudadano del espacio, sin comprometer su valor patrimonial.
Actualmente, el Plan Maestro impulsa acciones como: Recuperación progresiva de áreas peatonales. mejoramiento de superficies de circulación con materiales compatibles con el entorno histórico, ordenamiento del comercio en el espacio público y reorganización del mobiliario urbano.
A futuro, se contemplan medidas de mayor alcance como ampliación de corredores peatonales, reducción progresiva del tráfico en zonas sensibles, incentivos para el repoblamiento residencial y equilibrio entre vivienda, comercio y actividad cultural.
El objetivo, señala, es que el centro funcione como un espacio habitable y no únicamente como zona de tránsito.
Sin embargo, advierte que sin continuidad institucional y sin políticas que acompañen las intervenciones físicas, el riesgo es que las mejoras se mantengan en un plano superficial, sin lograr una revitalización sostenible.
“No se están ampliando áreas peatonales ni replanteando el espacio urbano; únicamente se está sustituyendo concreto por adoquín.”
Designación del Centro Histórico
El reconocimiento formal del Centro Histórico se consolidó entre 1997 y 1998, durante la administración municipal de Rigoberto Quemé Chay.
La iniciativa contó con el respaldo de la Agencia Española de Cooperación Internacional, en un contexto en el que Guatemala comenzaba a impulsar políticas locales de preservación patrimonial. En ese mismo período también se promovió la creación de una instancia similar en Antigua Guatemala.
La delimitación respondió a la necesidad de proteger un tejido urbano con profundas capas históricas ante la presión del desarrollo contemporáneo.
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Idaeh brilla por su ausencia
En el municipio opera una delegación del Instituto de Antropología e Historia (Idaeh) adscrito al Ministerio de Cultura y Deportes, entidad responsable de investigar, proteger y conservar el patrimonio cultural del país. Su función, en el caso del Centro Histórico, es reguladora.
La dinámica institucional establece que: la Oficina del Centro Histórico formula los proyectos, el alcalde y el Concejo Municipal los aprueban, el Idaeh los autoriza y la Municipalidad los ejecuta.
Según información proporcionada por personal técnico de la delegación local, la cual solicitó no ser citado nominalmente, actualmente existen al menos cinco proyectos municipales vinculados a la imagen urbana del Centro Histórico, que ya cuentan con aprobación.

Entre ellos recuperación de banquetas en la 7ª calle, zona 1, intervenciones en el Cementerio General, mejoras en la Casa de la Cultura, colocación de barandas alrededor de la fuente principal en el Parque Centroamérica y renovación de aceras frente a edificios emblemáticos.
Sin embargo, otros proyectos clave permanecen pendientes de autorización en la sede central del Instituto, incluyendo: la restauración de cinco columnas, estructuralmente deterioradas, en el Palacio Municipal, la recuperación del conjunto urbano Luna de Plata.
Este último dato resulta revelador: pese al deterioro visible y reiteradamente denunciado, la solicitud para intervenir las columnas fue ingresada apenas hace dos meses.
Obras visibles, pero fragmentadas
Aunque las acciones recientes muestran actividad, su carácter aislado es perceptible.
Intervenciones en el Cementerio General o el Parque El Calvario no parecen formar parte de una estrategia urbana articulada. A ello se suma el abandono de elementos esenciales para la revitalización:
Iluminación
• Seguridad especializada.
• Señalización patrimonial.
• Tren de aseo.
• Programación cultural.
Espacios emblemáticos, como la Casa Noj o el Teatro Municipal, carecen actualmente de una agenda sostenida. Incluso, hechos recientes, como pintas en fachadas patrimoniales, han evidenciado la necesidad de medidas de resguardo específicas para el Centro Histórico.
Desde el Idaeh se sugiere la creación de un cuerpo de seguridad especializado exclusivamente en su protección.
¿Revitalización u oportunidad política?
El contexto añade otra capa de lectura.

Con el próximo año electoral en el horizonte, algunas de las obras visibles podrían interpretarse como intervenciones de alto impacto visual destinadas a proyectar gestión más que construir procesos sostenibles de recuperación patrimonial.
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