Tres rostros de la migración: el de una familia engañada, el de un cruce exitoso y el de un coyote que se agencia de 20 a 25 mil quetzales cada vez que alguien contrata sus servicios.

Amilcar Hernández Puac/Ojoconmipisto / Fotos de redes
María García Batz ingresó a un grupo de bailes folclóricos para poder migrar a Estados Unidos. Celestina, madre de María, contó que “un grupo de coyotes de Totonicapán nos cobró Q. 3 mil 200 para hacer los trámites de visa y pagarle los ensayos a los instructores. La idea era participar en un festival en Los Ángeles, California, y ya no regresar, pero mi hija no pasó y perdimos todo el dinero. Sin embargo, me cuentan que en el pasado, esta estrategia sí funcionaba”.
Esta es una de tres historias recabadas en el departamento de Totonicapán, en donde, según relatan migrantes y también coyotes, cada vez es más caro pagar por intentar llegar a Estados Unidos, en una travesía que también es más peligrosa y en la que los engaños, como del que fue objeto la familia Batz, están a la orden del día.
Daniel Martínez, oriundo de San Cristóbal, relató por vía telefónica desde Estados Unidos como logró llegar a ese país acompañado por otras dos personas. “El pollero que nos llevó nos dijo que si queríamos pasar teníamos que pagar Q. 85 mil. En el camino nos encontramos con culebras y alacranes que no nos dejaban descansar”. Además, “Los guías saben dónde hay lugares con agua para beber. Cada día caminábamos hasta siete horas”.
Martínez también recuerda cómo debían estar preparados para pagarle sobornos a la policía federal o estatal mientras cruzaban por México. “No nos pasó a todos, pero sé de algunos que tuvieron que alimentar esa corrupción”, comentó.
De hecho, el grupo de Martínez tuvo que enfrentar el obstáculo del miedo. “Entre la frontera de Estados Unidos con México caímos en manos del Cártel del Golfo. Nos encerraron en un casa, pero el coyote negoció con ellos. Y luego, ellos nos cruzaron por Matamoros.”
Según Martínez, esta última parte del recorrido fue “larguísima. Pero nos dejaron ya en territorio estadounidense, poco después de cruzar la frontera. Aunque nos dejaron lejos del estado al que nos dirigíamos, el guía nos llevó a donde queríamos llegar”.
El costo de intentar llegar a Estados Unidos hasta hace un par de años oscilaba entre Q. 50 mil y Q. 60 mil. Ahora, la tarifa oscila entre los Q. 85 mil que pagó Martínez hasta los Q. 95 mil. Mario Maldonado, coyote de San Francisco El Alto, explicó como se distribuye este dinero. “Hay que pagar en varios lados”, comentó. “A los Zetas se les pagan US$ 5 mil. Otros mil dólares van para pagos a la policía. Y alrededor de 3 mil a los colegas polleros que nos ayudan”.
“El resto del dinero se emplea en alimentación y gastos propios del viaje”, agregó Maldonado. “A esto le destinamos alrededor de 12 mil quetzales. Y lo que ganamos nosotros son alrededor de 20 o 25 mil quetzales. Eso sí, el cruce está garantizado porque son los mismos Zetas los que encaminan al migrante”.
Si no se paga a los Zetas para esta última parte del recorrido “se corre el peligro que maten al migrante o extorsionen a sus familias”, así de sencillo concluyó.




