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50 años de la Barbería Modelo de Ismael Boj donde cada corte es una historia y cada estilo una nueva aventura

En el antañón barrio Las siete esquinas, Centro Histórico, zona 1, de la Ciudad de Quetzaltenango, donde el bullicio de la vida cotidiana se entrelazan con las historias de sus habitantes, se encuentra la Barbería Modelo de Ismael Boj Méndez.

José Cancinos/laprensadeoccidente.com.gt

A sus 69 años, Ismael ha dedicado medio siglo a un arte que trasciende la mera profesión; se ha convertido en su forma de vida. Con su tijera en mano y una sonrisa que irradia calidez, ha tejido, a lo largo de cinco décadas, una rica red de relaciones humanas y anécdotas que van mucho más allá de simples cortes de cabello.

Cada cliente que se sienta en su silla no solo recibe un nuevo estilo, sino también un pedacito de su historia, un consejo sabio o una risa compartida.

Ismael no solo corta cabello; crea conexiones, transforma momentos y deja una huella imborrable en la vida de quienes tienen la suerte de cruzarse en su camino. Su salón es un refugio donde las historias fluyen y las amistades florecen, convirtiendo cada visita en una experiencia memorable.

Los comienzos

Ismael inició su travesía en el fascinante mundo del corte de cabello a la edad de 17 años. Desde ese momento, ha sido un observador privilegiado de la evolución de la moda y los estilos, desde los cortes clásicos que nunca pasan de moda hasta las tendencias más audaces y modernas que marcan la pauta de la moda.

“A los 19 ya dominaba el arte”, recuerda Ismael con una sonrisa llena de orgullo, mientras se acomoda en su silla de barbero, un lugar mágico donde no solo transforma el cabello, sino que también se convierte en confidente, consejero y compañero en momentos significativos de la vida de sus clientes. Cada corte es una historia, cada estilo una nueva aventura, y Ismael está siempre listo para ser parte de ellas.

En 1974, Ismael comenzó a trabajar formalmente como barbero. “La experiencia ha sido magnífica y buena. He interactuado con personas de todas las clases sociales, desde campesinos hasta altos funcionarios de gobierno”, comenta, sus ojos brillando con la emoción de aquellos momentos compartidos. “He aprendido de todos, de alguien de nivel medio en conocimientos y de alguien muy alto. Cada persona tiene una historia que contar, y yo he tenido el privilegio de escuchar muchas de ellas”.

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El psicólogo del cabello

Ismael no solo corta cabello, también ofrece un espacio de desahogo emocional. “He aprendido a escuchar a las personas”, dice con una profunda empatía. A menudo, sus clientes llegan con más que un simple deseo de un nuevo corte; traen consigo historias, anhelos y preocupaciones. “Les sirvo de psicólogo”, confiesa, “me cuentan las cosas, y yo les pongo atención. Me he reservado muchas cosas que me cuentan, pero también sé que no tengo que estar divulgándolas”.

Con un legado de confianza forjada durante años, Ismael ha creado un ambiente en su barbería donde los mitos y realidades se entrelazan.

Ismael se ríe al recordar las supersticiones que rodean su oficio. “Ese barbero tiene mala mano”, escuchamos de clientes que llegan con temor. “Se refiere a que al cliente ya no le crece el cabello después de un corte, o que los colochos se les alisan”, dice entre risas. “Tal vez el secreto es que a los colochos no hay que cortarle mucho”.

Sin embargo, su habilidad y experiencia han hecho que, durante todos estos años, nadie haya llegado a reclamarle. “Eso es un orgullo”, asegura, reflejando su dedicación y el respeto que ha cultivado en sus clientes.

Evolución y moda

Durante estos 50 años, Ismael ha sido un observador privilegiado de la evolución del arte de la barbería. “Siempre estoy en constante cambio, gracias a los nuevos estilos de corte”, comenta con entusiasmo.

Con un toque de nostalgia, recuerda la tendencia de los ‘peludos’ en los años 70, que supuso un desafío para su trabajo, pero también reconoce que la transformación en este oficio ha sido incesante y enriquecedora.

Después se presentó la moda “a la broza”, que era dejar a los niños con un mocho adelante y rapado el resto de la cabeza, que se dejó de utilizar a partir de la década de los 80.  “Ahorita la moda es tipo mohicano, pelón a los lados y largo atrás. Uno de los cortes que recuerdo mucho es el hongo, que fue el punto de partida para otros nuevos cortes como el ‘Face’”.

Ismael se ve a sí mismo como un auténtico barbero clásico, un verdadero artista de la tijera. “Me considero un maestro del corte tradicional”, comparte con una sonrisa. “Aún confío en la magia de las tijeras, mientras que muchos de los nuevos peluqueros parecen haberse convertido en maquinistas”, añade, dejando entrever un toque de orgullo por su estilo atemporal y una sutil crítica hacia las tendencias modernas. Su pasión por el oficio brilla en cada palabra, recordándonos que, a veces, lo clásico nunca pasa de moda.

La paciencia y el arte de cortar

Ismael también ha sido un maestro, formando a jóvenes en el arte del corte. A lo largo de su carrera, ha enseñado a 15 muchachos y tres señoritas, transmitiendo no solo técnicas, sino la importancia de la paciencia. “Los padres que llevan a sus hijos pequeños a cortarse el cabello tienen una gran tarea”, señala. “Las madres suelen ser más pacientes, mientras que los padres son más severos”.

Sus anécdotas sobre los niños que llegan a la barbería. Recuerda a aquellos pequeños de cuatro o cinco meses, desafiando el mito de que “si se le corta el cabello al niño, no va a hablar”.

Reflexiones y legado

A medida que Ismael se adentra en sus recuerdos, también habla de la importancia de la empatía en su trabajo. “He aprendido que cada persona es única, y eso me ha permitido crecer no solo como barbero, sino como ser humano”. Sus experiencias han dejado una huella en su vida, moldeando su carácter y su forma de relacionarse con los demás.

En la barbería de Ismael cada corte de cabello es una historia, cada cliente es un amigo y cada conversación es un momento compartido. Con 50 años de dedicación, Ismael no solo ha dejado su huella en el arte del corte, sino también en el corazón de quienes han pasado por su silla. Al final del día, su legado no se mide solo en el número de cortes realizados, sino en las vidas que ha tocado y las historias que ha compartido.

La barbería de Ismael es un refugio, un lugar donde la vida se celebra a través de la conexión humana, y donde el arte del corte de cabello sigue vivo, vibrante y en constante evolución. Mientras se prepara para el siguiente cliente, Ismael sonríe, sabiendo que cada tijeretazo es una oportunidad para seguir construyendo su legado y ofreciendo un pedacito de su alma a quienes confían en su maestría.

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50 años de la Barbería Modelo de Ismael Boj donde cada corte es una historia y cada estilo una nueva aventura

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José Cancinos/laprensadeoccidente.com.gt

A sus 69 años, Ismael ha dedicado medio siglo a un arte que trasciende la mera profesión; se ha convertido en su forma de vida. Con su tijera en mano y una sonrisa que irradia calidez, ha tejido, a lo largo de cinco décadas, una rica red de relaciones humanas y anécdotas que van mucho más allá de simples cortes de cabello.

Cada cliente que se sienta en su silla no solo recibe un nuevo estilo, sino también un pedacito de su historia, un consejo sabio o una risa compartida.

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“A los 19 ya dominaba el arte”, recuerda Ismael con una sonrisa llena de orgullo, mientras se acomoda en su silla de barbero, un lugar mágico donde no solo transforma el cabello, sino que también se convierte en confidente, consejero y compañero en momentos significativos de la vida de sus clientes. Cada corte es una historia, cada estilo una nueva aventura, y Ismael está siempre listo para ser parte de ellas.

En 1974, Ismael comenzó a trabajar formalmente como barbero. “La experiencia ha sido magnífica y buena. He interactuado con personas de todas las clases sociales, desde campesinos hasta altos funcionarios de gobierno”, comenta, sus ojos brillando con la emoción de aquellos momentos compartidos. “He aprendido de todos, de alguien de nivel medio en conocimientos y de alguien muy alto. Cada persona tiene una historia que contar, y yo he tenido el privilegio de escuchar muchas de ellas”.

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Con un legado de confianza forjada durante años, Ismael ha creado un ambiente en su barbería donde los mitos y realidades se entrelazan.

Ismael se ríe al recordar las supersticiones que rodean su oficio. “Ese barbero tiene mala mano”, escuchamos de clientes que llegan con temor. “Se refiere a que al cliente ya no le crece el cabello después de un corte, o que los colochos se les alisan”, dice entre risas. “Tal vez el secreto es que a los colochos no hay que cortarle mucho”.

Sin embargo, su habilidad y experiencia han hecho que, durante todos estos años, nadie haya llegado a reclamarle. “Eso es un orgullo”, asegura, reflejando su dedicación y el respeto que ha cultivado en sus clientes.

Evolución y moda

Durante estos 50 años, Ismael ha sido un observador privilegiado de la evolución del arte de la barbería. “Siempre estoy en constante cambio, gracias a los nuevos estilos de corte”, comenta con entusiasmo.

Con un toque de nostalgia, recuerda la tendencia de los ‘peludos’ en los años 70, que supuso un desafío para su trabajo, pero también reconoce que la transformación en este oficio ha sido incesante y enriquecedora.

Después se presentó la moda “a la broza”, que era dejar a los niños con un mocho adelante y rapado el resto de la cabeza, que se dejó de utilizar a partir de la década de los 80.  “Ahorita la moda es tipo mohicano, pelón a los lados y largo atrás. Uno de los cortes que recuerdo mucho es el hongo, que fue el punto de partida para otros nuevos cortes como el ‘Face’”.

Ismael se ve a sí mismo como un auténtico barbero clásico, un verdadero artista de la tijera. “Me considero un maestro del corte tradicional”, comparte con una sonrisa. “Aún confío en la magia de las tijeras, mientras que muchos de los nuevos peluqueros parecen haberse convertido en maquinistas”, añade, dejando entrever un toque de orgullo por su estilo atemporal y una sutil crítica hacia las tendencias modernas. Su pasión por el oficio brilla en cada palabra, recordándonos que, a veces, lo clásico nunca pasa de moda.

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Ismael también ha sido un maestro, formando a jóvenes en el arte del corte. A lo largo de su carrera, ha enseñado a 15 muchachos y tres señoritas, transmitiendo no solo técnicas, sino la importancia de la paciencia. “Los padres que llevan a sus hijos pequeños a cortarse el cabello tienen una gran tarea”, señala. “Las madres suelen ser más pacientes, mientras que los padres son más severos”.

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En la barbería de Ismael cada corte de cabello es una historia, cada cliente es un amigo y cada conversación es un momento compartido. Con 50 años de dedicación, Ismael no solo ha dejado su huella en el arte del corte, sino también en el corazón de quienes han pasado por su silla. Al final del día, su legado no se mide solo en el número de cortes realizados, sino en las vidas que ha tocado y las historias que ha compartido.

La barbería de Ismael es un refugio, un lugar donde la vida se celebra a través de la conexión humana, y donde el arte del corte de cabello sigue vivo, vibrante y en constante evolución. Mientras se prepara para el siguiente cliente, Ismael sonríe, sabiendo que cada tijeretazo es una oportunidad para seguir construyendo su legado y ofreciendo un pedacito de su alma a quienes confían en su maestría.

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