La voz de una madre rompió el silencio en la sala del tribunal. Después de años de dolor, amenazas, lágrimas y desgaste emocional, finalmente escuchó las palabras que esperaba: justicia.

José Cancinos/ laprensadeoccidente.com.gt
El Tribunal Segundo de Sentencia Penal condenó a 18 años de prisión al exalcaide Carmelo López Velázquez y al exsubdirector Luis Osvaldo Rivera García por la muerte del recluso Alan de León Uluán dentro de la Granja Penal de Cantel, en Quetzaltenango.
La sentencia marca un precedente en Guatemala. El tribunal declaró culpables a ambos exfuncionarios por el delito de homicidio por comisión por omisión, al determinar que incumplieron su deber de cuidado y protección hacia la víctima mientras permanecía bajo custodia del Sistema Penitenciario.
Q200 mil de extorsión no bastaron
El abogado de la familia, Carlos Martínez, explicó que el caso expuso una estructura de corrupción y abuso dentro del centro carcelario.
Alan de León Uluán permanecía en prisión preventiva y posteriormente obtuvo una sentencia absolutoria. Sin embargo, durante su permanencia en la cárcel sufrió constantes extorsiones.
Según la investigación, la familia entregó cerca de Q200 mil durante casi dos años para protegerle la vida. Aun así, una última exigencia de Q6 mil terminó con el asesinato del privado de libertad.
Intentaron encubrir el crimen
Martínez aseguró que las autoridades penitenciarias conocían las extorsiones, permitieron actos de tortura e incluso intentaron encubrir el crimen al informar que Alan murió por COVID-19.
No obstante, la aplicación del Protocolo de Minnesota permitió establecer que el reo sufrió torturas antes de morir.

“Esta sentencia representa un hito nacional. Demuestra que los funcionarios públicos también responden cuando permiten torturas, extorsiones y muertes dentro de las cárceles”, afirmó el abogado.
Además, indicó que la familia analiza llevar el caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
“Ahora sí puedo llorarle”
El momento más conmovedor llegó con las palabras de la madre de Alan. Entre lágrimas, expresó sentirse satisfecha con el fallo judicial y pidió a otras familias denunciar los abusos cometidos dentro de las cárceles.

“Sí hay justicia en Guatemala, pero hay que denunciar. Que las madres no tengan miedo. Nuestros hijos no pueden seguir siendo torturados”, expresó.
La mujer también reveló que la muerte de su hijo afectó gravemente a su esposo, quien falleció seis meses después debido a problemas cardíacos provocados por el dolor.
“Ahora puedo ir a llorarle a mi hijo y decirle que se logró justicia. Él no era un delincuente, ya iba a salir libre”, concluyó.




