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Luisa Jimena Velásquez: La historia de la quetzalteca que desafía los límites de la gimnasia

Mientras la mayoría de adolescentes despierta pensando en clases, redes sociales o reuniones con amigos, Luisa Jimena Velásquez Godínez comienza una batalla distinta. La suya se libra sobre un tapiz de competencia, entre giros, saltos y horas interminables de entrenamiento.

A veces llevan un leotardo, una cinta entre las manos y la convicción inquebrantable de que ningún sacrificio es demasiado grande cuando el sueño vale la pena.

José Cancinos/Fotos David Pinto | Laprensadeoccidente.com.gt

Lejos de casa, cerca de sus sueños

Tiene apenas 16 años, pero hace mucho dejó de vivir como una adolescente común.

Cada lunes, antes de que amanezca, se despide de su familia en Quetzaltenango y emprende el viaje hacia la Ciudad de Guatemala. Allí la espera el albergue de la Federación Nacional de Gimnasia, donde pasa gran parte del año persiguiendo un sueño que exige renunciar a muchas de las comodidades de su edad.

Entrena hasta siete horas diarias. Estudia bachillerato. Compite por Guatemala. Ha conquistado una medalla de plata y dos de bronce en competencias centroamericanas.

Lo que para muchos parece imposible, para ella apenas representa el siguiente paso.

Una invitación que cambió su destino

Las grandes historias suelen comenzar de manera sencilla. En 2016, cuando tenía siete años, una compañera del colegio invitó a Luisa y a su hermana a presenciar una competencia de gimnasia en Quetzaltenango. Aquella tarde descubrió el deporte que cambiaría su vida. Mientras su hermana eligió la gimnasia artística y más tarde dejó de competir, Luisa encontró su pasión en la gimnasia rítmica y nunca se detuvo. Representando a Quetzaltenango destacó en competencias nacionales hasta que, en enero de 2022, recibió la convocatoria que transformó su carrera: integrar la selección nacional de Guatemala.

El precio de un sueño

Nació el 12 de julio de 2009 en San Pedro, San Marcos, pero creció en Quetzaltenango, la ciudad que considera su verdadero hogar. «Estoy viviendo un sueño y muy agradecida con Dios por todo», afirma. Sin embargo, ese sueño exige sacrificios. Gran parte del año vive lejos de su familia, en el albergue de la federación, donde combina sus estudios con una exigente rutina de entre seis y siete horas diarias de entrenamiento.

Pero el mayor reto, confiesa, no está en el gimnasio, sino en aprender a vivir lejos de casa mientras persigue el sueño de representar a Guatemala.

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De Quetzaltenango a Europa

El esfuerzo comenzó a abrirle puertas que antes parecían inalcanzables. En mayo de este año integró la delegación guatemalteca invitada a la Copa de Europa de Gimnasia, en Azerbaiyán, donde entrenó durante casi un mes junto a algunas de las mejores gimnastas del mundo, incluidas atletas olímpicas. «Tuve la oportunidad de conocer gimnastas que admiro demasiado», recuerda. Esa experiencia confirmó que el escenario internacional ya no era un sueño lejano, sino el lugar al que aspira pertenecer.

Durante casi un mes permaneció en campamentos internacionales perfeccionando movimientos y comprobando que el escenario mundial ya no era un sueño lejano. Era el lugar donde quería quedarse.

Las medallas que nacieron del sacrificio

En 2025 comenzaron a llegar también los resultados.  Junto a la selección nacional obtuvo la medalla de plata por equipos en competencias centroamericanas. Además, conquistó dos medallas de bronce individuales en los aparatos de aro y pelota. Cada podio resume apenas unos minutos de competencia.

Pero detrás de esas medallas existen miles de horas de entrenamiento, sacrificios familiares, lesiones, cansancio y la fortaleza para levantarse una y otra vez.

Porque en la gimnasia rítmica la perfección nunca se alcanza. Solo se persigue.

El siguiente desafío

Su próximo objetivo son los Juegos Centroamericanos y del Caribe, donde competirá en modalidad individual y buscará aportar puntos para Guatemala. Sin embargo, también piensa en el futuro. Sabe que la gimnasia rítmica exige tanto al cuerpo que pocas atletas permanecen muchos años en la élite.

Por eso ya imagina la siguiente etapa de su vida. Quiere estudiar Arquitectura. Pero todavía no es tiempo de despedirse del tapiz. Todavía quedan competencias, viajes y metas por conquistar. Y cada lunes volverá a hacer el mismo recorrido desde Quetzaltenango hacia la capital. 

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A veces llevan un leotardo, una cinta entre las manos y la convicción inquebrantable de que ningún sacrificio es demasiado grande cuando el sueño vale la pena.

José Cancinos/Fotos David Pinto | Laprensadeoccidente.com.gt

Lejos de casa, cerca de sus sueños

Tiene apenas 16 años, pero hace mucho dejó de vivir como una adolescente común.

Cada lunes, antes de que amanezca, se despide de su familia en Quetzaltenango y emprende el viaje hacia la Ciudad de Guatemala. Allí la espera el albergue de la Federación Nacional de Gimnasia, donde pasa gran parte del año persiguiendo un sueño que exige renunciar a muchas de las comodidades de su edad.

Entrena hasta siete horas diarias. Estudia bachillerato. Compite por Guatemala. Ha conquistado una medalla de plata y dos de bronce en competencias centroamericanas.

Lo que para muchos parece imposible, para ella apenas representa el siguiente paso.

Una invitación que cambió su destino

Las grandes historias suelen comenzar de manera sencilla. En 2016, cuando tenía siete años, una compañera del colegio invitó a Luisa y a su hermana a presenciar una competencia de gimnasia en Quetzaltenango. Aquella tarde descubrió el deporte que cambiaría su vida. Mientras su hermana eligió la gimnasia artística y más tarde dejó de competir, Luisa encontró su pasión en la gimnasia rítmica y nunca se detuvo. Representando a Quetzaltenango destacó en competencias nacionales hasta que, en enero de 2022, recibió la convocatoria que transformó su carrera: integrar la selección nacional de Guatemala.

El precio de un sueño

Nació el 12 de julio de 2009 en San Pedro, San Marcos, pero creció en Quetzaltenango, la ciudad que considera su verdadero hogar. «Estoy viviendo un sueño y muy agradecida con Dios por todo», afirma. Sin embargo, ese sueño exige sacrificios. Gran parte del año vive lejos de su familia, en el albergue de la federación, donde combina sus estudios con una exigente rutina de entre seis y siete horas diarias de entrenamiento.

Pero el mayor reto, confiesa, no está en el gimnasio, sino en aprender a vivir lejos de casa mientras persigue el sueño de representar a Guatemala.

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Durante casi un mes permaneció en campamentos internacionales perfeccionando movimientos y comprobando que el escenario mundial ya no era un sueño lejano. Era el lugar donde quería quedarse.

Las medallas que nacieron del sacrificio

En 2025 comenzaron a llegar también los resultados.  Junto a la selección nacional obtuvo la medalla de plata por equipos en competencias centroamericanas. Además, conquistó dos medallas de bronce individuales en los aparatos de aro y pelota. Cada podio resume apenas unos minutos de competencia.

Pero detrás de esas medallas existen miles de horas de entrenamiento, sacrificios familiares, lesiones, cansancio y la fortaleza para levantarse una y otra vez.

Porque en la gimnasia rítmica la perfección nunca se alcanza. Solo se persigue.

El siguiente desafío

Su próximo objetivo son los Juegos Centroamericanos y del Caribe, donde competirá en modalidad individual y buscará aportar puntos para Guatemala. Sin embargo, también piensa en el futuro. Sabe que la gimnasia rítmica exige tanto al cuerpo que pocas atletas permanecen muchos años en la élite.

Por eso ya imagina la siguiente etapa de su vida. Quiere estudiar Arquitectura. Pero todavía no es tiempo de despedirse del tapiz. Todavía quedan competencias, viajes y metas por conquistar. Y cada lunes volverá a hacer el mismo recorrido desde Quetzaltenango hacia la capital. 

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