“..el desafío que plantea el simple paisaje, no es más que luz y espacio.” – Fred Cuming-
Una luz penetra por la ventana del segundo nivel del estudio-taller del pintor. Entre bastidores, marcos y proyectos —cuadros con el dibujo ya preparado para recibir las primeras pátinas de color— aparecen los característicos esfumados que enlazan cielos y planicies, casas con tejados, pozos, láminas, paredes de adobe y piedra, arcadas, puertas y portones de la campiña del altiplano guatemalteco.

Daniel Tucux Coyoy | Colaborador
Sobre un gran caballete de madera descansa una obra en proceso. A un costado se observan pomos de pintura acrílica de distintos colores; sobre la mesa, una paleta de óleos, pinceles y espátulas conservan las huellas del trabajo cotidiano del artista.
Visitamos a Alfredo García (Quetzaltenango, 1951), destacado pintor y artista visual cuya obra ha sido reconocida por publicaciones especializadas y críticos de arte por su estilo minimalista y poético. Sus paisajes transmiten serenidad y rescatan la arquitectura rural del occidente del país: casas de adobe, tejados, callejones, portones y construcciones tradicionales que hoy forman parte de la memoria colectiva.
Entre los artistas que más admira menciona al pintor inglés Fred Cuming, referente de la pintura contemporánea.
Recientemente recibió un nuevo reconocimiento a su trayectoria. La Asociación de Artistas de Occidente le dedicó la XVI Muestra Internacional de Miniaturas 2025, actividad que lleva el nombre del maestro Rafael Mora, uno de los grandes referentes de la plástica quetzalteca.
«Los homenajes en vida tienen un valor especial»
¿Cuál es su impresión sobre estos reconocimientos?
Me sorprendió mucho el homenaje que me hicieron durante la XVI edición de la Muestra Internacional de Miniaturas Rafael Mora. Es una actividad que cada año gana más espacio y que brinda oportunidades tanto a artistas jóvenes como a creadores consolidados de Guatemala y de otros países.
El Colegio de Arquitectos también le rindió un homenaje. ¿Qué significó para usted?
Sí, me otorgaron un reconocimiento a mi trayectoria. Son distinciones que enriquecen mi hoja de vida, pero, sobre todo, tienen un valor especial porque llegan en vida. Siempre he dicho que esos reconocimientos son los que realmente se disfrutan.
“El arte no solo consiste en crear imágenes, sino en preservar la memoria, formar nuevas generaciones y mantener viva la identidad cultural del occidente de Guatemala”.
Alfredo García
«El paisaje siempre me llamó la atención»
Su obra gira alrededor del paisaje rural, las casas de adobe y la arquitectura tradicional. ¿Cuándo nace ese interés?
Ingresé a la Escuela Regional de Artes Plásticas de la Casa de la Cultura de Occidente, en Quetzaltenango, hacia 1968 y 1969, bajo la dirección del maestro Rafael Mora. Allí estudiábamos figura humana, retratos, bodegones y algunas vistas urbanas.
Nuestros primeros cuadros estaban inspirados en el interior de la Catedral del Espíritu Santo, la calle Cajolá, el Puente de los Chocoyos y el Puente de Piedra, lugares emblemáticos de Quetzaltenango. En aquella época era casi obligatorio pintarlos.
Sin embargo, desde muy joven el paisaje fue lo que más me atrajo. Con el tiempo encontré en él mi lenguaje artístico.
Alfredo García ha participado en más de un centenar de exposiciones colectivas en los principales espacios culturales de Guatemala. Como parte de su formación realizó viajes de estudio a museos y galerías de Centroamérica, México, Estados Unidos y diversos países de Europa.
Su trayectoria ha sido reconocida en importantes certámenes nacionales. Entre ellos destacan el Certamen del Siglo (1995); menciones honoríficas; el Premio Único en la categoría Realista y el segundo lugar en la VI y VII Bienal de Arte Paiz. En el Certamen Arturo Martínez obtuvo el Premio Único en 1978, 1980 y 1983. Entre otros éxitos.
Entre 1989 y 1992 impartió la cátedra de Dibujo Artístico en la Escuela Regional de Artes Plásticas «Humberto Garavito», de Quetzaltenango. La institución fue inaugurada el 31 de marzo de 1989 durante el gobierno de Vinicio Cerezo. Su primer director fue el maestro Rolando Aguilar y el equipo fundador estuvo integrado por Francisco Guillermo Vela, Alfredo García, Rolando Sánchez, Lucas Zapil y Daniel Tucux Coyoy.
«Enseñar también fue aprender»
¿Qué recuerdos le dejó la experiencia de ser docente?
Me honra haber formado parte del equipo fundador de la Escuela Regional de Arte Humberto Garavito porque ha contribuido al desarrollo de muchos talentos de Quetzaltenango y municipios cercanos.
Recuerdo especialmente a un niño que tenía una capacidad extraordinaria para dibujar. Terminaba los ejercicios en diez o quince minutos, mucho antes que sus compañeros. Era evidente el talento que poseía.
«Rafael Mora nos enseñó a pintar desde la raíz»
¿Qué recuerda de su etapa como alumno del maestro Rafael Mora?
Comencé asistiendo a un curso de vacaciones y esa experiencia me motivó muchísimo. Siempre me gustó pintar paisajes y el maestro Mora nos preparó para salir al campo. Nos enseñó a fabricar bastidores, preparar las telas, mezclar colores y construir caballetes portátiles para trabajar al aire libre. Era una formación muy completa porque aprendíamos desde la elaboración de los materiales hasta la ejecución de la obra.

«Hoy existe mucho más talento»
¿Cómo observa el movimiento artístico actual en Quetzaltenango y la región?
Es algo muy alentador. En mi época era difícil organizar colectivos artísticos. Nosotros lo intentamos y logramos algunas cosas, pero el esfuerzo duró poco.
Ahora veo un movimiento mucho más sólido. Precisamente durante la muestra de miniaturas comprobé la enorme cantidad de talento que existe entre niños y jóvenes. Muchos ya están construyendo una trayectoria importante y destacan en actividades realizadas en la ciudad de Guatemala.
Aquí todavía hacen falta más espacios de exposición y un mercado más fuerte para que los artistas puedan vivir de su trabajo.
«Las redes sociales son una herramienta, no un modelo»
¿Cómo ve el futuro de los jóvenes artistas?
Creo que existen muchas posibilidades, pero todo depende del trabajo y de desarrollar una propuesta artística propia.
Las redes sociales son un arma de doble filo. Muchos ven una obra que les gusta y simplemente la copian. Yo creo que deben servir para despertar la curiosidad, investigar más y construir un lenguaje personal.
Afortunadamente, en Quetzaltenango existe un movimiento muy activo de colectivos de artistas visuales. También los hay en La Esperanza, San Juan Ostuncalco, Concepción Chiquirichapa, Olintepeque y Salcajá. Hay mucho talento joven; lo que hace falta es un mayor respaldo de las instituciones culturales.
«El artista debe aprender a difundir su trabajo»
¿Cómo puede un artista promover su obra?
Hoy un artista debe desenvolverse en muchos campos. Tiene que utilizar las redes sociales, conocer programas de diseño, apoyarse en herramientas de comunicación y aprender a promocionar su trabajo.
También he observado que existe un mayor interés por adquirir obras de arte. He visto clínicas, oficinas y otros espacios donde ahora se exhiben pinturas. Muchas veces las ventas llegan por medio de intermediarios, pero sigue siendo una buena señal.
Lo importante es que el público visite las galerías. No todos asistirán para comprar una obra, pero sí para apreciar el arte, conocer a los artistas y descubrir que existe un movimiento cultural muy activo.

«La educación artística debe acercarse a la población»
¿Qué papel pueden desempeñar los centros educativos?
Deben involucrarse mucho más. Las galerías, museos y espacios culturales tendrían que establecer vínculos con universidades, colegios y escuelas para organizar visitas guiadas, conversatorios y otras actividades.
«La clave sigue siendo el trabajo»
¿Qué mensaje les daría a los artistas de Quetzaltenango y del occidente del país?
Siempre recomendaré lo mismo: trabajar. Hay que construir una propuesta propia y compartir lo aprendido, las experiencias, los aciertos y también los errores.
Muchos piensan primero en vender, pero eso llega después. Lo fundamental es trabajar, enseñar lo que uno hace, compartir con otros artistas y no bajar nunca la guardia. El crecimiento artístico nace de la disciplina, de la constancia y del intercambio con otros creadores.
La conversación se extendió hacia otros temas: sus años de formación, los artistas con quienes compartió generación, los pintores guatemaltecos y extranjeros que han influido en su obra. Para Alfredo García, el arte no solo consiste en crear imágenes, sino en preservar la memoria, formar nuevas generaciones y mantener viva la identidad cultural del occidente de Guatemala.
*Daniel Tucux Coyoy: Pintor-escultor. Licenciado en arte por el INBA.MX. Gestor Cultural. Laboró para entidades gubernamentales y de cooperación.




