Los casos del ex pastor Welser Gilmar Reyes Florián y del sacerdote Marvin García reabrieron el debate sobre el abuso de poder dentro de organizaciones religiosas y las dificultades que enfrentan las víctimas para denunciar.

Redacción | La Prensa de Occidente
La religión ocupa un lugar importante en la vida de miles de familias de Quetzaltenango. De acuerdo con el Censo Nacional, las iglesias católicas y evangélicas reúnen a una gran cantidad de fieles en todo el departamento. Sin embargo, dos casos judiciales han puesto bajo la lupa el uso del poder y la autoridad dentro de algunas congregaciones religiosas.
Actualmente, un ex pastor evangélico y un sacerdote enfrentan procesos relacionados con delitos sexuales cometidos presuntamente contra menores de edad, hechos que han generado indignación y un amplio debate social.
El caso del «profeta» de Cantel
Uno de los casos más conocidos es el de Welser Gilmar Reyes Florián, fundador del Ministerio Capital de Luz, en Cantel, donde los integrantes de la congregación lo llamaban «profeta».
El Ministerio Público capturó a Reyes Florián el 5 de noviembre de 2021, señalado inicialmente por delitos sexuales contra una menor de edad. Posteriormente, durante el desarrollo del proceso judicial, exintegrantes de la iglesia comenzaron a relatar las dinámicas internas que, según sus testimonios, existían dentro de la congregación.
Varios exmiembros afirmaron que Reyes ejercía un liderazgo autoritario y mantenía un fuerte control sobre los feligreses.

Helen García, quien perteneció a esa iglesia, aseguró que el ex pastor insistía constantemente en las ofrendas y convencía a los creyentes de entregar dinero, vehículos, joyas e incluso propiedades para sostener el ministerio.
Además, relató que, al finalizar cada reunión religiosa, decenas de asistentes esperaban durante largos minutos para despedirlo con reverencias y besos en las manos.
Un liderazgo rodeado de símbolos de poder
Asimismo, exintegrantes indicaron que Reyes organizó una ceremonia dentro del templo en la que utilizó una corona y un trono para proclamarse rey.
También aseguraron que, cuando llegaba a la iglesia, colaboradores lo ayudaban a descender del vehículo utilizando guantes y lo protegían del sol durante su recorrido hacia el templo.
Según distintos testimonios, el líder religioso aceptaba con agrado los abrazos de mujeres jóvenes, mientras rechazaba las muestras de afecto de los hombres.
Además, algunas exintegrantes señalaron que Reyes intervenía en sus relaciones sentimentales y les desaconsejaba mantener vínculos con otros miembros de la congregación.
Otros testimonios sostienen que, durante sesiones privadas de consejería, el entonces pastor ofrecía masajes a mujeres jóvenes, circunstancias en las que, según las denunciantes, cometía agresiones sexuales.
Especialistas advierten sobre el abuso de poder
La antropóloga feminista Silvia Trujillo explicó que este tipo de casos suele estar relacionado con relaciones desiguales de poder.
«La representación de estos personajes tiene tanta fuerza porque se supone que son enviados de Dios y, por lo tanto, muchas personas creen plenamente en lo que dicen», señaló.
Según la especialista, esa autoridad moral coloca a las víctimas en una posición de vulnerabilidad y dificulta que puedan denunciar.
Continúan las investigaciones
Actualmente, Welser Gilmar Reyes Florián cumple una condena superior a 60 años de prisión por el delito de violación con agravación de la pena. Además, el Ministerio Público mantiene abiertas otras investigaciones relacionadas con posibles víctimas e invita a quienes hayan sufrido agresiones a presentar la denuncia correspondiente.
Organizaciones acompañan a las víctimas
Diversas organizaciones sociales también han acompañado el proceso judicial.
La Asociación Coincidir viajó desde la capital para expresar su respaldo a la víctima, mientras que niñas y adolescentes realizaron una manifestación para exigir justicia.
Por su parte, Pilar Bagur, integrante de Todas contra la Violencia, afirmó que la organización continuará brindando acompañamiento a las personas afectadas.
Asimismo, consideró necesario revisar las estructuras de poder dentro de las organizaciones religiosas para garantizar mecanismos de protección y apoyo a las víctimas.
Sacerdote enfrenta proceso por denuncia de agresión sexual
Otro caso que generó impacto ocurrió en la iglesia San José Patriarca, ubicada en la zona 7 de Quetzaltenango.

En 2020, el sacerdote Marvin García ganó reconocimiento entre los vecinos por coordinar la entrega de alimentos durante la emergencia provocada por la pandemia de covid-19.
Sin embargo, meses después surgió una denuncia por agresión sexual contra un menor de 13 años.
El Ministerio Público informó que el entonces arzobispo de Los Altos, Mario Molina Palma, presentó la denuncia correspondiente.
Además, los padres del menor también impulsan el proceso judicial.
La Arquidiócesis de Los Altos informó que solicitó la renuncia del sacerdote, decisión que, según su defensa, García aceptó.
Posteriormente, un juzgado le otorgó medidas sustitutivas mientras continúa el proceso.
Debido a que la víctima es menor de edad, el Ministerio Público mantiene bajo reserva los detalles de la investigación.
Denunciar sigue siendo un desafío
La psicóloga Amanda Ruiz considera que denunciar a una persona con liderazgo religioso representa un enorme desafío para las víctimas.
Explicó que muchas personas sienten temor porque creen que nadie les creerá debido al respaldo social que suelen tener los líderes religiosos.
Por ello, destacó la importancia de que las familias acompañen a las víctimas desde el primer momento y les brinden apoyo durante todo el proceso judicial.
Casos similares en Guatemala
Los casos registrados en Quetzaltenango no son hechos aislados.
Durante los últimos años, las autoridades también han capturado a otros líderes religiosos señalados por delitos sexuales contra menores de edad en departamentos como Sacatepéquez, Guatemala y Mixco, lo que evidencia un patrón que ha generado preocupación entre organizaciones defensoras de los derechos de la niñez.
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