Inicio500 AÑOSEmpleo, tarea pendiente del capital privado

Empleo, tarea pendiente del capital privado

En términos generales el empleo es una actividad del ser humano remunerada, que implica desarrollar tareas o servicios para una empresa, aportando esfuerzo físico y/o mental a cambio de un salario.

Moisés Gómez Cortez/Maya k´iche´

¿Cómo se genera empleo en los países capitalistas hegemónicos?

En todos los países de este sistema económico, el empleo surge tanto del sector público como del sector privado. El Estado crea el empleo público según sus necesidades institucionales. Por su parte, el empleo privado depende de la inversión de capital de la clase dominante, presente en todas las economías.

Una característica común en muchos de estos países consiste en que los inversionistas privados generan más empleos que la cantidad de trabajadores disponibles. Esta dinámica impulsa el crecimiento económico y fortalece el mercado laboral.

En este contexto, los empleadores suelen pagar salarios que garantizan un nivel de vida digno para los trabajadores. Sin embargo, estas condiciones también provocan que algunas personas rechacen ciertos trabajos que simplemente no desean realizar. Como consecuencia, las empresas buscan trabajadores provenientes de otros países.

Por ejemplo, Canadá ha permitido el ingreso legal de trabajadores extranjeros para cubrir puestos disponibles. En cambio, Estados Unidos durante muchos años permitió la llegada irregular de migrantes de distintas partes del mundo, quienes ocuparon una parte importante de los empleos disponibles.

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Esta situación ocurre porque las clases dominantes obtienen ganancias de sus empresas y reinvierten una parte significativa en sus propios países. Además, muchos grupos empresariales mantienen inversiones en diferentes regiones del mundo y, con las utilidades generadas, impulsan nuevas fuentes de empleo en sus países de origen.

En Guatemala, la clase dominante impulsó históricamente el modelo agroexportador. Para desarrollarlo, se apropió de grandes extensiones de tierra y utilizó mano de obra gratuita durante su fase feudal. Posteriormente, al intentar superar ese modelo, las fincas comenzaron a pagar salarios.

Actualmente, algunas fincas pagan el salario mínimo agrícola, el cual recibe beneficios estatales porque resulta menor que el salario mínimo no agrícola. Sin embargo, las condiciones salariales en el sector de maquila resultan aún más precarias. Además, varias fincas ni siquiera pagan el salario mínimo correspondiente y el Estado casi no ejerce presión para corregir esta situación.

Por otro lado, las actividades económicas fuera del sector agrícola se desarrollan en todos los departamentos del país, aunque con diferente intensidad. Estas actividades responden en gran medida a la política económica definida por la Junta Monetaria, la cual prioriza las importaciones y fomenta una fuerte actividad comercial.

Por esa razón, en muchas ciudades del país se observan numerosos centros comerciales, industrias y servicios de diverso tipo donde la clase dominante ha invertido capital. No obstante, gran parte de las ganancias generadas en estas actividades no se reinvierte en Guatemala. En cambio, muchos empresarios trasladan esos recursos a otros países, donde consideran que su capital se encuentra más seguro.

Según el economista José Alejandro Arévalo Alburez, en su artículo publicado en Prensa Libre el 13 de agosto de 2025, “la economía formal no es capaz de crear ni la sexta parte de los empleos que se necesitan”. Esta situación refleja, en gran medida, la escasa inversión de la clase dominante en el país.

Ante este panorama, Guatemala necesita capitalistas modernos, innovadores, creativos y tecnológicos que decidan invertir dentro del territorio nacional. Solo así se podrán generar empleos formales con salarios dignos, como ocurre en muchas economías del mundo.

Mientras la inversión privada no genere suficientes empleos formales, gran parte de la población continuará buscando alternativas para sobrevivir. Por ello, muchos guatemaltecos han optado por dos caminos principales: migrar hacia Estados Unidos, con altos costos sociales, o dedicarse a actividades económicas informales y creativas, que también implican importantes desafíos sociales.

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Una característica común en muchos de estos países consiste en que los inversionistas privados generan más empleos que la cantidad de trabajadores disponibles. Esta dinámica impulsa el crecimiento económico y fortalece el mercado laboral.

En este contexto, los empleadores suelen pagar salarios que garantizan un nivel de vida digno para los trabajadores. Sin embargo, estas condiciones también provocan que algunas personas rechacen ciertos trabajos que simplemente no desean realizar. Como consecuencia, las empresas buscan trabajadores provenientes de otros países.

Por ejemplo, Canadá ha permitido el ingreso legal de trabajadores extranjeros para cubrir puestos disponibles. En cambio, Estados Unidos durante muchos años permitió la llegada irregular de migrantes de distintas partes del mundo, quienes ocuparon una parte importante de los empleos disponibles.

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En Guatemala, la clase dominante impulsó históricamente el modelo agroexportador. Para desarrollarlo, se apropió de grandes extensiones de tierra y utilizó mano de obra gratuita durante su fase feudal. Posteriormente, al intentar superar ese modelo, las fincas comenzaron a pagar salarios.

Actualmente, algunas fincas pagan el salario mínimo agrícola, el cual recibe beneficios estatales porque resulta menor que el salario mínimo no agrícola. Sin embargo, las condiciones salariales en el sector de maquila resultan aún más precarias. Además, varias fincas ni siquiera pagan el salario mínimo correspondiente y el Estado casi no ejerce presión para corregir esta situación.

Por otro lado, las actividades económicas fuera del sector agrícola se desarrollan en todos los departamentos del país, aunque con diferente intensidad. Estas actividades responden en gran medida a la política económica definida por la Junta Monetaria, la cual prioriza las importaciones y fomenta una fuerte actividad comercial.

Por esa razón, en muchas ciudades del país se observan numerosos centros comerciales, industrias y servicios de diverso tipo donde la clase dominante ha invertido capital. No obstante, gran parte de las ganancias generadas en estas actividades no se reinvierte en Guatemala. En cambio, muchos empresarios trasladan esos recursos a otros países, donde consideran que su capital se encuentra más seguro.

Según el economista José Alejandro Arévalo Alburez, en su artículo publicado en Prensa Libre el 13 de agosto de 2025, “la economía formal no es capaz de crear ni la sexta parte de los empleos que se necesitan”. Esta situación refleja, en gran medida, la escasa inversión de la clase dominante en el país.

Ante este panorama, Guatemala necesita capitalistas modernos, innovadores, creativos y tecnológicos que decidan invertir dentro del territorio nacional. Solo así se podrán generar empleos formales con salarios dignos, como ocurre en muchas economías del mundo.

Mientras la inversión privada no genere suficientes empleos formales, gran parte de la población continuará buscando alternativas para sobrevivir. Por ello, muchos guatemaltecos han optado por dos caminos principales: migrar hacia Estados Unidos, con altos costos sociales, o dedicarse a actividades económicas informales y creativas, que también implican importantes desafíos sociales.

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