Inicio500 AÑOSRecordando a Humberto Ak’abal

Recordando a Humberto Ak’abal

Con pasión y fuego evocamos el recién pasado 28 de enero de este año 2026, el séptimo aniversario del retorno al cosmos, del inmenso poeta de la aurora Humberto Ak’abal, oriundo de Mesoamérica, maya kí-che, momosteco de corazón.

Daniel Matul Morales

Sucede que en su andadura por la madre tierra, convido su arte y su visión, revelando que la poesía es lazo que envuelve a toda la humanidad, reflejo de nuestra herencia cósmica.

Como si fuera poco, comunico a todo mundo dulzura y candor ilustrando que el yo profundo solamente se puede averiguar desde el modo en que hemos sido amados, desde la manera en que hemos recibido ternura.

Con incesante inspiración desentraño el secreto para ser libres en la complejidad de la vida. En cada verso o declamación anunciaba la quiebra del gran mito del racionalismo, situando a la poesía como modo superior de vivir, en donde cultura y naturaleza se reconcilian.

¿Qué haríamos sin la palabra del poeta para acercarnos a otros mundos?

Así, en la pureza resplandeciente de sus creaciones advertía que no le interesaba convencer a nadie de nada. Solamente escribía para revelar que la humanidad se encuentra configurada de palabra. Con ternura preguntaba ¿Qué haríamos sin la palabra del poeta para acercarnos a otros mundos?

Tan solo basta comprender el susurro de su poética, recordar el entretejido de su audaz mirada, percibir el acompasado ritmo de sus manos y apreciar las ardientes respuestas frente a la dependencia y la institucionalizada decisión de escarnecer el planeta desde los centros de poder económico mundial, para advertir que, en la red de su poesía, figura la dignidad de Nuestra AbyaYala, insurrecta, en llamamiento a exterminar la experiencia de la colonialidad del ser, del saber y del poder.

Con arte e ingenio, el navegante de las estrellas Humbero Ak’abal, supo poner proa sobre el océano encrespado del racismo y sortear los torbellinos que pretendían excluir, desconocer o recusar su poesía. Antes bien, con afecto acariciaba y contaba la vida en íntima expresión identitaria.

Su poesía trascendió la fragmentación de la existencia convocando al retorno del origen primordial de la experiencia espiritual profunda, ecológica profunda, erótica profunda, estética profunda para sentir naturaleza-cosmos-humanidad- como entramado celeste que devela el misterio, lo sagrado, y lo oculto, en reconocimiento de las raíces culturales de la humanidad.

Justamente, el poeta de la aurora -Ak’abal-, tuvo la virtud de situar en diálogo el misterio de lo que somos en la incógnita de la vida. Su vibrante voz, siempre franca, compartida, amorosa, solidaria, expresa lo que fuimos, lo que somos y lo queremos ser. Así decidió descolonizar la palabra, y emergió como poesía de liberación frente a la moderna esclavitud.

A siete años de extrañarlo en profundidad, la académica de la vida, rinde sentido homenaje al querido hermano Humberto Ak’abal, cuyo copioso espíritu recoge los anhelos de los pueblos y culturas milenarias de América, expresa, además, gratitud por su intervención en la reconfiguración del nuevo sentido de vida y por su poder metafórico que nos ha hecho percibir la relación de nuestra conciencia con la conciencia más grande del universo.

Seguramente, al igual que el trovador de Momostenango, más temprano que tarde, la humanidad podrá acceder al cosmos, a las estrellas y a la vida, no solamente con la ciencia y la tecnología, sino también, con nuestra mente y nuestro corazón.

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Como si fuera poco, comunico a todo mundo dulzura y candor ilustrando que el yo profundo solamente se puede averiguar desde el modo en que hemos sido amados, desde la manera en que hemos recibido ternura.

Con incesante inspiración desentraño el secreto para ser libres en la complejidad de la vida. En cada verso o declamación anunciaba la quiebra del gran mito del racionalismo, situando a la poesía como modo superior de vivir, en donde cultura y naturaleza se reconcilian.

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Así, en la pureza resplandeciente de sus creaciones advertía que no le interesaba convencer a nadie de nada. Solamente escribía para revelar que la humanidad se encuentra configurada de palabra. Con ternura preguntaba ¿Qué haríamos sin la palabra del poeta para acercarnos a otros mundos?

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Su poesía trascendió la fragmentación de la existencia convocando al retorno del origen primordial de la experiencia espiritual profunda, ecológica profunda, erótica profunda, estética profunda para sentir naturaleza-cosmos-humanidad- como entramado celeste que devela el misterio, lo sagrado, y lo oculto, en reconocimiento de las raíces culturales de la humanidad.

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Seguramente, al igual que el trovador de Momostenango, más temprano que tarde, la humanidad podrá acceder al cosmos, a las estrellas y a la vida, no solamente con la ciencia y la tecnología, sino también, con nuestra mente y nuestro corazón.

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