Inicio500 AÑOSEl Cementerio General de Quetzaltenango, un libro abierto de historia

El Cementerio General de Quetzaltenango, un libro abierto de historia

El Cementerio General de Quetzaltenango es un verdadero libro abierto de historia viva entre los muertos.

Ulises Ubaldo Quijivix Yax/ laprensadeoccidente.com.gt

Después del Cementerio General de la Ciudad de Guatemala, el camposanto altense destaca por su valiosa riqueza histórica y arquitectónica, un patrimonio cultural —tangible e intangible— que merece conocerse y preservarse como parte esencial de la herencia espiritual y artística de la ciudad

Con la llegada de los días dedicados a los difuntos, muchos quetzaltecos se preparan para visitar a sus seres queridos y rendirles homenaje con flores, coronas, veladoras y gestos de cariño.

Esta conmemoración también invita a observar el cementerio con una mirada distinta, a descubrir en sus mausoleos y esculturas una joya arquitectónica que refleja la memoria colectiva de Quetzaltenango.

El cementerio actual se divide en tres secciones que han evolucionado con el paso del tiempo. La primera y más antigua se ubica en la entrada; la segunda ocupa la parte media hasta el muro divisorio; y la tercera, conocida como La Loma, se extiende hacia el fondo del recinto.

En la primera sección descansan las figuras más representativas de la historia local: miembros de la élite económica, social y política de Quetzaltenango y del occidente del país.

Esta área, contigua a la iglesia de El Calvario, concentra la mayor cantidad de mausoleos históricos, muchos de ellos verdaderas obras de arte en mármol, piedra y hierro forjado.

En los últimos años, varias familias han adquirido mausoleos antiguos abandonados y han emprendido su restauración. En estos espacios ahora reposan nuevos difuntos, junto a edificaciones modernas que mezclan estilos contemporáneos y neoclásicos, dando al cementerio un carácter singular donde conviven pasado y presente.

Necroturismo y memoria: historia viva entre los muertos

Generaciones de quetzaltecos han escuchado incontables historias, anécdotas y leyendas sobre el Cementerio General, transmitidas por los abuelos como parte de la memoria oral de la ciudad.

Hoy, jóvenes, adultos y visitantes extranjeros redescubren ese patrimonio a través del Necro-tour, recorridos nocturnos guiados por expertos vinculados a empresas de turismo y escuelas de español.

Esta nueva modalidad, conocida como necroturismo, busca rescatar y difundir el valor histórico, artístico y simbólico de los camposantos.

Breve historia

En 1832, Fermín Peláez promovió la creación del nuevo cementerio que hoy conocemos como Cementerio General. Se construyó en el terreno llamado La Virgen, adyacente al templo de El Calvario. El rey de España había donado ese campo a la Virgen de Soledad, venerada en la iglesia desde finales del siglo XVIII.

Durante el gobierno de Rafael Carrera, el Estado expropió el terreno y lo destinó al nuevo cementerio. La medida respondió a la necesidad de reorganizar los entierros durante la epidemia de cólera de 1840.

Con el paso de los años, el cementerio amplió sus límites y, a finales del siglo XIX, la municipalidad adquirió terrenos vecinos para responder al crecimiento de la ciudad. Las actas municipales registran estas compras.

En sus inicios, el cementerio carecía de planificación. Con el tiempo, la municipalidad reformó calles y avenidas, lo que obligó a demoler numerosos panteones. Así, el camposanto se consolidó gradualmente mediante la compra de terrenos aledaños.

A lo largo del siglo XIX, los antiguos cementerios cantonales desaparecieron porque no cumplían con las condiciones sanitarias mínimas ni tenían capacidad suficiente.

Estas deficiencias provocaban brotes de enfermedades entre los vecinos que vivían cerca de los antiguos enterramientos.

Cementerios en la historia altense

Fuentes históricas registran entre tres y cinco cementerios anteriores, ubicados en distintos puntos del casco urbano. Uno de los primeros rodeaba la Catedral; otro ocupaba el espacio donde hoy se levanta la iglesia de San Bartolomé.

El actual Cementerio General se estableció más tarde en el barrio El Calvario.

En octubre de 1890 concluyeron los trabajos de repello y blanqueado de la fachada del salón fúnebre. Se abrieron cinco ventanas y se instalaron puertas de punto fino con cortinas de pana negra, adornadas con galones y flecos dorados.

En 1895 se construyó la reja de hierro de la entrada principal, obra del maestro Feliciano Rodríguez, con un costo de 250 pesos. Aunque en la parte superior figura el año 1894, documentos municipales confirman que la instalación se realizó el 23 de julio de 1895. En ese tiempo, uno de los jardines interiores era conocido como La Caridad.

La municipalidad solicitó la construcción de un nuevo cementerio en terrenos nacionales al sur del existente, solicitud que el presidente Manuel Estrada Cabrera autorizó el 9 de enero de 1899.

Un año antes, el alcalde primero, doctor Enecón Mora, había encargado al arquitecto Alberto Porta el diseño del plano del nuevo camposanto, que incluía nichos, mausoleos, jardines, plazuelas y una arboleda.

El 18 de abril de 1902, un terremoto de magnitud 7.5 sacudió Quetzaltenango. El sismo destruyó el Salón de Actos Fúnebres, según consta en el acta municipal que ordenó su reconstrucción en 1904.

En ese mismo documento se dispuso la construcción de muros perimetrales y nuevas ampliaciones del cementerio, conforme al plano aprobado en 1903.

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Ulises Ubaldo Quijivix Yax/ laprensadeoccidente.com.gt

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Con la llegada de los días dedicados a los difuntos, muchos quetzaltecos se preparan para visitar a sus seres queridos y rendirles homenaje con flores, coronas, veladoras y gestos de cariño.

Esta conmemoración también invita a observar el cementerio con una mirada distinta, a descubrir en sus mausoleos y esculturas una joya arquitectónica que refleja la memoria colectiva de Quetzaltenango.

El cementerio actual se divide en tres secciones que han evolucionado con el paso del tiempo. La primera y más antigua se ubica en la entrada; la segunda ocupa la parte media hasta el muro divisorio; y la tercera, conocida como La Loma, se extiende hacia el fondo del recinto.

En la primera sección descansan las figuras más representativas de la historia local: miembros de la élite económica, social y política de Quetzaltenango y del occidente del país.

Esta área, contigua a la iglesia de El Calvario, concentra la mayor cantidad de mausoleos históricos, muchos de ellos verdaderas obras de arte en mármol, piedra y hierro forjado.

En los últimos años, varias familias han adquirido mausoleos antiguos abandonados y han emprendido su restauración. En estos espacios ahora reposan nuevos difuntos, junto a edificaciones modernas que mezclan estilos contemporáneos y neoclásicos, dando al cementerio un carácter singular donde conviven pasado y presente.

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Generaciones de quetzaltecos han escuchado incontables historias, anécdotas y leyendas sobre el Cementerio General, transmitidas por los abuelos como parte de la memoria oral de la ciudad.

Hoy, jóvenes, adultos y visitantes extranjeros redescubren ese patrimonio a través del Necro-tour, recorridos nocturnos guiados por expertos vinculados a empresas de turismo y escuelas de español.

Esta nueva modalidad, conocida como necroturismo, busca rescatar y difundir el valor histórico, artístico y simbólico de los camposantos.

Breve historia

En 1832, Fermín Peláez promovió la creación del nuevo cementerio que hoy conocemos como Cementerio General. Se construyó en el terreno llamado La Virgen, adyacente al templo de El Calvario. El rey de España había donado ese campo a la Virgen de Soledad, venerada en la iglesia desde finales del siglo XVIII.

Durante el gobierno de Rafael Carrera, el Estado expropió el terreno y lo destinó al nuevo cementerio. La medida respondió a la necesidad de reorganizar los entierros durante la epidemia de cólera de 1840.

Con el paso de los años, el cementerio amplió sus límites y, a finales del siglo XIX, la municipalidad adquirió terrenos vecinos para responder al crecimiento de la ciudad. Las actas municipales registran estas compras.

En sus inicios, el cementerio carecía de planificación. Con el tiempo, la municipalidad reformó calles y avenidas, lo que obligó a demoler numerosos panteones. Así, el camposanto se consolidó gradualmente mediante la compra de terrenos aledaños.

A lo largo del siglo XIX, los antiguos cementerios cantonales desaparecieron porque no cumplían con las condiciones sanitarias mínimas ni tenían capacidad suficiente.

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En 1895 se construyó la reja de hierro de la entrada principal, obra del maestro Feliciano Rodríguez, con un costo de 250 pesos. Aunque en la parte superior figura el año 1894, documentos municipales confirman que la instalación se realizó el 23 de julio de 1895. En ese tiempo, uno de los jardines interiores era conocido como La Caridad.

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El 18 de abril de 1902, un terremoto de magnitud 7.5 sacudió Quetzaltenango. El sismo destruyó el Salón de Actos Fúnebres, según consta en el acta municipal que ordenó su reconstrucción en 1904.

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