Artistas que hacer reír con profesionalismo, ya es una carrera reconocida en Guatemala. Con pelucas de colores, zapatotes gigantes y sonrisas sinceras pero con títulos en mano.

José Cancinos/laprensadeoccidente.com.gt
12 payasos originarios de Quetzaltenango, Mazatenango y San Marcos celebraron este jueves 3 de julio su graduación como la primera promoción del programa: «Experto en la ocupación de payaso», avalado por la Dirección General de Educación Extraescolar (DIGEEX) del Ministerio de Educación.
Este logro representa mucho más que aplausos y carcajadas. Es el reconocimiento formal a un oficio que, detrás del maquillaje y la risa, implica formación, disciplina y conexión emocional con el público.
“Esto es algo único en el país”, aseguró Juan Carlos Ronquillo, supervisor de educación, quien explicó que el grupo no fue certificado por su experiencia previa, sino porque alcanzaron las competencias necesarias tras meses de formación especializada.
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Payasos con plan de trabajo (y libreto)
Durante su proceso de certificación, los ahora expertos debieron cumplir tres exigentes competencias clave:
- Preparar personaje y programa acorde al requerimiento del cliente, lo que implica saber leer al público y evitar choques de estilo. “A veces llega un payaso que no encaja con el ambiente, y eso es una dificultad que se debe evitar”, dijo Ronquillo.
- Desarrollar habilidades de animación, interpretación y entretenimiento según la temática solicitada. “Ellos están preparados para cumplir con cada presentación y dejar a su clientela satisfecha”.
- Caracterizar representaciones temáticas y actividades lúdicas, demostrando que un payaso es un artista integral. “Nos hacen reír, llorar, bailar y brincar”, resumió Ronquillo.
La risa como vocación
La ceremonia también fue una ocasión emotiva. Los diplomas están firmados por el viceministro de Educación Extraescolar y la ministra de Educación, otorgando total respaldo a la certificación. Además, la promoción fue dedicada a Luis García, conocido como el Payaso Manzanita, con 45 años de carrera y muchas sonrisas provocadas en su haber. Al recibir su homenaje, la emoción le ganó: “Es un honor ver que ahora nuestro arte también se estudia y se certifica”.
Un logro con corazón
Gusanita, portavoz de los graduandos, compartió su orgullo por el hito alcanzado: “Este es un logro para todos nosotros, pero también para las familias que han creído en nosotros y nos han abierto las puertas de sus celebraciones”.
Con esta graduación, el arte de ser payaso deja de ser solo una vocación espontánea y se reconoce como una disciplina profesional, capaz de transformar el humor en una herramienta educativa, terapéutica y cultural.
Así, estos 12 nuevos profesionales no solo dominan el arte del chiste, el globoflexia y la pintura facial, sino también la capacidad de planificar, interpretar y conectar con el público como verdaderos expertos de la alegría.
¡Aplausos y confeti para ellos!
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