InicioReportajesLa rogativa por el agua, cosmovisión y cultura

La rogativa por el agua, cosmovisión y cultura

 

Fotografía Juan López Tebalán.

En el territorio sagrado de Xelajúj, tierra de pueblos K’iche’ y Mam, la lluvia no se entiende como un simple fenómeno natural. Para muchas comunidades, el agua tiene vida, espíritu y memoria. Forma parte de la relación profunda entre las personas, la tierra, las montañas y el universo.

Desde hace generaciones, cuando el tiempo de la siembra se acerca y la tierra necesita humedad para el maíz, las comunidades realizan rogativas por el agua. Se sube a lugares sagrados como el Cerro Quemado, Siete Orejas, la laguna de Chicabal o las riberas del río Sigüilá. Allí se llevan pom, candelas, aguardiente y la palabra pronunciada en mam o en k’iche’.

foto Juan López Tebalán.

No se trata de “pedir lluvia” únicamente. Es una práctica espiritual y cultural que expresa respeto hacia las energías de la naturaleza y reafirma el vínculo entre el pueblo y su territorio. En la visión maya, no se le ordena a la lluvia: se le ruega, se conversa con ella y se agradece la vida que trae consigo.

La milpa no representa solo alimento. El maíz es parte de la existencia misma de los pueblos. Por eso, cuando falta el agua, no solamente se pierde una cosecha; también se altera el equilibrio entre comunidad, naturaleza y espiritualidad.

 Foto José Noé Pérez Orozco

Los abuelos y abuelas enseñan que las ceremonias no son espectáculo ni folclor para tomarse fotografías. Son prácticas vivas que mantienen la comunicación con la montaña, el cielo y la memoria de los antepasados. Muchos recuerdan todavía que, cuando llegaban las primeras lluvias después de una rogativa, el olor de la tierra mojada llenaba de esperanza a las familias y a las comunidades.

Foto José Noé Pérez Orozco

En estos tiempos de crisis climática, cuando las lluvias son irregulares y las sequías afectan cada vez más a las comunidades campesinas e indígenas, estas prácticas cobran un significado aún más profundo. No son costumbres del pasado. Son formas de resistencia cultural y espiritual frente a un mundo que ha ido perdiendo respeto por la naturaleza.

Mientras existan pueblos que suban a los cerros y lugares sagrados a pedir por el agua y por la vida del maíz, seguirá viva una manera ancestral de entender el mundo: aquella donde la tierra y el cielo todavía dialogan entre sí.

Publicidad

Noticias

spot_img
InicioReportajesLa rogativa por el agua, cosmovisión y cultura

La rogativa por el agua, cosmovisión y cultura

 

Fotografía Juan López Tebalán.

En el territorio sagrado de Xelajúj, tierra de pueblos K’iche’ y Mam, la lluvia no se entiende como un simple fenómeno natural. Para muchas comunidades, el agua tiene vida, espíritu y memoria. Forma parte de la relación profunda entre las personas, la tierra, las montañas y el universo.

Desde hace generaciones, cuando el tiempo de la siembra se acerca y la tierra necesita humedad para el maíz, las comunidades realizan rogativas por el agua. Se sube a lugares sagrados como el Cerro Quemado, Siete Orejas, la laguna de Chicabal o las riberas del río Sigüilá. Allí se llevan pom, candelas, aguardiente y la palabra pronunciada en mam o en k’iche’.

foto Juan López Tebalán.

No se trata de “pedir lluvia” únicamente. Es una práctica espiritual y cultural que expresa respeto hacia las energías de la naturaleza y reafirma el vínculo entre el pueblo y su territorio. En la visión maya, no se le ordena a la lluvia: se le ruega, se conversa con ella y se agradece la vida que trae consigo.

La milpa no representa solo alimento. El maíz es parte de la existencia misma de los pueblos. Por eso, cuando falta el agua, no solamente se pierde una cosecha; también se altera el equilibrio entre comunidad, naturaleza y espiritualidad.

 Foto José Noé Pérez Orozco

Los abuelos y abuelas enseñan que las ceremonias no son espectáculo ni folclor para tomarse fotografías. Son prácticas vivas que mantienen la comunicación con la montaña, el cielo y la memoria de los antepasados. Muchos recuerdan todavía que, cuando llegaban las primeras lluvias después de una rogativa, el olor de la tierra mojada llenaba de esperanza a las familias y a las comunidades.

Foto José Noé Pérez Orozco

En estos tiempos de crisis climática, cuando las lluvias son irregulares y las sequías afectan cada vez más a las comunidades campesinas e indígenas, estas prácticas cobran un significado aún más profundo. No son costumbres del pasado. Son formas de resistencia cultural y espiritual frente a un mundo que ha ido perdiendo respeto por la naturaleza.

Mientras existan pueblos que suban a los cerros y lugares sagrados a pedir por el agua y por la vida del maíz, seguirá viva una manera ancestral de entender el mundo: aquella donde la tierra y el cielo todavía dialogan entre sí.

Noticias

Publicidad

spot_img

Quetzaltenango,