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La desaparición de un medio no es un fracaso empresarial, sino una derrota para el derecho de la sociedad a estar informada

Mensaje de fin de año de SIP: Este año llega a su fin con una certeza contundente: el periodismo en las Américas ya no se ve obligado a defenderse únicamente de las balas, la censura o las celdas de prisión. 

Mensaje de fin de año de Pierre Manigault, presidente de la SIP

En la actualidad, enfrenta una amenaza más insidiosa: la asfixia económica se ha convertido en una nueva forma de violencia, más silenciosa, menos visible, pero igual de eficaz para silenciar voces independientes.

La desaparición de un medio de comunicación nunca es simplemente un fracaso empresarial. Es, ante todo, una derrota para el derecho de la sociedad a estar informada. Cuando el periodismo independiente se debilita o desaparece, el debate público se erosiona, la rendición de cuentas se desvanece y las tendencias autoritarias encuentran un terreno fértil para expandirse sin control. Una democracia sin medios fuertes es una democracia privada de una de sus salvaguardas más esenciales.

A lo largo del año, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) mantuvo una presencia activa y visible mediante misiones internacionales en Guatemala, Panamá, Costa Rica, Perú y Estados Unidos, países donde las presiones contra periodistas y medios se han intensificado a través del acoso judicial, demandas desproporcionadas, abusos regulatorios y la estigmatización desde los más altos niveles del poder.

Este deterioro ha sido aún más grave en Cuba, Nicaragua y Venezuela, donde los gobiernos niegan abiertamente a sus ciudadanos el derecho a vivir bajo normas democráticas y reprimen de manera sistemática al periodismo independiente.

Hemos denunciado de forma constante y firme la persecución estatal y la violencia del crimen organizado, expresadas en asesinatos, amenazas y silenciamientos forzados, en contextos donde los gobiernos ni siquiera brindan la protección más básica a los periodistas.

Esta falla se agrava por la persistente impunidad, que alimenta un círculo vicioso de violencia al enviar el mensaje de que los crímenes contra periodistas no tienen consecuencias reales. Como resultado, un número creciente de reporteros se ve forzado al exilio simplemente para preservar su vida y continuar con su labor.

En este contexto, la SIP impulsó avances significativos en la lucha contra la impunidad y en la búsqueda de verdad, memoria y justicia. Este año, alcanzó acuerdos con el Estado colombiano para otorgar reparaciones a las familias del periodista Julio Daniel Chaparro Hurtado y del fotógrafo Jorge Enrique Torres Navas, asesinados en 1991, así como a la familia de Guillermo Cano, director asesinado por narcotraficantes en 1986.

Estos acuerdos marcan pasos esenciales hacia la rendición de cuentas y reafirman que los crímenes contra periodistas no prescriben, que el tiempo no los borra y que la justicia sigue siendo un derecho irrenunciable.

LECTURA DE INTERÉS

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Ante la creciente realidad del desplazamiento forzado, la SIP respondió con acciones concretas a los desafíos del periodismo en el exilio. Entre ellas, destacó la creación de la Red Latinoamericana de Periodismo en el Exilio (RELPEX), una iniciativa que apoya a periodistas y medios desplazados y les permite continuar su labor profesional con independencia, dignidad y resiliencia.

La RELPEX trasciende el apoyo técnico y afirma un principio fundamental: el exilio nunca debe significar silencio.

Esta crisis ya trasciende América Latina. En Estados Unidos, el periodismo dejó de ser un observador distante y se convirtió en un objetivo directo dentro de este drama global. La Primera Enmienda, antes vista como un escudo impenetrable, ha mostrado vulnerabilidad frente a ataques políticos sostenidos que buscan desacreditar a la prensa y debilitar la libertad de expresión.

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En este escenario, la experiencia de los editores latinoamericanos —acostumbrados a resistir presiones autoritarias— se ha convertido en una fuente clave de aprendizaje y fortaleza para las redacciones estadounidenses.

La sostenibilidad financiera del periodismo sigue siendo el talón de Aquiles de la libertad de prensa. Los desafíos que alguna vez plantearon internet y las redes sociales se han visto amplificados por la rápida expansión de la inteligencia artificial.

Si bien la IA ofrece oportunidades extraordinarias de innovación y eficiencia, también plantea interrogantes éticos y económicos urgentes. Los desarrolladores y las plataformas deben establecer mecanismos de compensación justa por el uso de contenidos periodísticos.

La tecnología solo puede innovar verdaderamente dentro de sistemas libres y democráticos; sin periodismo de calidad, los algoritmos corren el riesgo de amplificar la desinformación en lugar del conocimiento.

Durante el año fortalecimos nuestras iniciativas de cooperación, capacitación y monitoreo, al tiempo que ampliamos nuestra participación en debates públicos clave sobre libertad de prensa, transformación digital y el futuro de la industria de los medios.

Nada de esto sería posible sin el apoyo sostenido de nuestras organizaciones miembro, socios institucionales y el trabajo incansable de los periodistas que, con coraje y profesionalismo, honran esta misión cada día.

De cara al futuro, 2026 se perfila como un período desafiante y transformador. La libertad de prensa no debe seguir apareciendo como un obstáculo para el poder. Por el contrario, los Estados tienen la obligación de protegerla y de reconocer que constituye la base del derecho de la sociedad a saber, tal como lo consagran la mayoría de las constituciones del continente.

La libertad de expresión no surge de una concesión del Estado; sostiene a la democracia misma.

El momento exige unidad. Medios de comunicación, periodistas, asociaciones de prensa, grandes empresas de tecnología y gobiernos deben actuar de forma conjunta. Frente a un ataque coordinado contra la verdad, la acción colectiva se impone como el único camino posible.

Desde la SIP reafirmamos nuestro compromiso con los principios de las Declaraciones de Chapultepec y de Salta, convencidos de que buscar la verdad e informar con libertad no solo constituyen derechos, sino deberes que nuestra profesión y la democracia nos exigen.

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En la actualidad, enfrenta una amenaza más insidiosa: la asfixia económica se ha convertido en una nueva forma de violencia, más silenciosa, menos visible, pero igual de eficaz para silenciar voces independientes.

La desaparición de un medio de comunicación nunca es simplemente un fracaso empresarial. Es, ante todo, una derrota para el derecho de la sociedad a estar informada. Cuando el periodismo independiente se debilita o desaparece, el debate público se erosiona, la rendición de cuentas se desvanece y las tendencias autoritarias encuentran un terreno fértil para expandirse sin control. Una democracia sin medios fuertes es una democracia privada de una de sus salvaguardas más esenciales.

A lo largo del año, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) mantuvo una presencia activa y visible mediante misiones internacionales en Guatemala, Panamá, Costa Rica, Perú y Estados Unidos, países donde las presiones contra periodistas y medios se han intensificado a través del acoso judicial, demandas desproporcionadas, abusos regulatorios y la estigmatización desde los más altos niveles del poder.

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