A nivel nacional, la violencia contra la población indígena se mantiene e incrementa en ciertos momentos, máxime cuando se trata de comunidades que mantienen una lucha por su territorio y por su dignidad contra los intentos comerciales de empresas que, con voracidad, se lanzan a la explotación inmisericorde de los recursos naturales.

Rigoberto Quemé Chay/laprensadeoccidente.com.gt
No importa que cambien los gobiernos, que sean progresistas o no, la situación se mantiene. La prensa actualmente documenta permanentes desalojos y persecuciones a líderes y defensores de derechos humanos, de la tierra y de la vida.
Mientras, por otro lado, la indiferencia y el autoengaño en que vivimos como sociedad consumista y alienada, nos encierra en actos intrascendentes como los desfiles de bandas escolares, los actos folklóricos de elección de representativas en las ferias patronales o festivales inventados desde el poder colonial. Somos parte de una sociedad basada en el espectáculo.
Esas dos realidades actuales, marcan la existencia de “otras dos Guatemala” en las que viven y se debaten las clases medias y los pobres; diferente a la clásica división entre la Guatemala urbana, centralista y metropolitana, alrededor de la ciudad capital y la Guatemala caracterizada por la provincia y la ruralidad.
“se limita la libre expresión de las candidatas al imponerles temas y formular preguntas que los mismos organizadores tendrían dificultades de contestar por estar alejados de la realidad de los pueblos indígenas”
Para muestra de la realidad que no queremos conocer y enfrentar: a) la persecución jurídica hacia líderes comunitarios se ha reactivado; b) la pobreza ascendente, por un lado, y la acumulación de riqueza desmedida, por el otro. c) la creciente ola migratoria hacia Estados Unidos, a pesar de los peligros que ello conlleva. d) Quetzaltenango como municipio ha llegado a la quiebra material, administrativa, económica y cultural, de la cual será difícil salir, ante la apatía de los quetzaltecos.
Eso y muchos más, lo maquillamos y ocultamos con a) el abandono educativo, especialmente en el sector público y en los colegios de “garaje”, el cual es suplicio con los innumerables, simples y nada productivos desfiles y concursos de bandas y fiestas que lo único que logran es apartar a los estudiantes de la sagrada misión de aprender para la vida y el trabajo. Expertos han señalado que:
“La realidad del sistema educativo de Guatemala, evidencia carencias académicas que llegan a afectar a la comunidad estudiantil…En el área verbal vemos que hay muy poco manejo de vocabulario y poca comprensión lectora y, por otro lado, existe un déficit en el razonamiento numérico.”
- b) la realización de actos folklóricos que se han vaciado de contenido, quedándonos en la superficialidad cultural, pero asegurando que somos cultos y que lo que se presenta como folklore es de trascendencia universal y cosmogónica, lo cual cae en la pedantería y el maximalismo engañoso. Además, quienes se lucen son las autoridades y a las señoritas que participan con entusiasmo y de buena fe se les da un trato paternalista y precario en las atenciones que se merecen. La paradoja se da en que en los discursos se manifiesta el gusto por el pepián, la marimba pura, el uso de caites de cuero forrados de telas típicas, luciendo trenzas y güipiles que evocan el arte ancestral, mientras los organizadores, jurados y autoridades lucen peinados modernos, maquillajes que ocultan la naturalidad y pureza que se promueve y exige, zapatos de tacón alto, joyas costosas y discursos vacíos.

Además se limita la libre expresión de las candidatas al imponerles temas y formular preguntas que los mismos organizadores tendrían dificultades de contestarlas por estar alejados de la cruda realidad de los pueblos indígenas, c) el servilismo colonial que asumen los organizadores de estos eventos ante las autoridades (alcaldes, concejales, diputados) a quienes halagan sumisamente, reverenciando y alabando su incompetencia en los cargos, porque es evidente el nivel de deterioro social y material en que por esa negligencia han sumido a la población.
Dos realidades, dos actitudes y dos enfoques, que mediatizan la toma de conciencia ciudadana, evitando criterio y razonamientos sociopolítico que pueda revertir la gran y grave contradicción entre las élites dominantes colonizadoras y el resto de población, cuya expresión de vida concreta es la pobreza, la desigualdad y el racismo.
¿Víctimas o cómplices? He ahí nuestro dilema.
500 años: “Los pueblos originarios han decidido plantearlo desde la óptica de la invasión”




