InicioOpiniónXel-Jú, el último y auténtico proyecto político local que tuvo Guatemala

Xel-Jú, el último y auténtico proyecto político local que tuvo Guatemala

Para el próximo proceso electoral se calcula que habrá cerca de 40 seudopartidos compitiendo por cuotas de poder. La cifra refleja la decadencia de la partidocracia y la transformación del sistema en un mercado de marcas politiqueras dispuestas a invertir centavos, para luego cobrarse en quetzales, una vez alcanzado el objetivo.

Mynor Hernández Fernández

En contraste, en las elecciones de 1985 participaron solo ocho organizaciones que, con todas sus contradicciones, podían llamarse partidos, pues sostenían una ideología, tenían programas de gobierno y contaban con cuadros para implementarlos, aunque al llegar al poder fueran auténticos fiascos.

En el ámbito local, el Comité Cívico Xel-Jú —nacido a finales de los años sesenta— compitió por la alcaldía de Quetzaltenango durante más de tres décadas, hasta lograr la victoria, en 1995. Su propuesta fue coherente desde el inicio: reivindicar los derechos del pueblo indígena a la participación política, ejercer el poder local con enfoque comunitario y reducir la brecha entre lo urbano y lo rural mediante servicios básicos, dignidad e inversión para las comunidades excluidas.

Xel-Jú se fortaleció cuando entendió que abrirse a la multiculturalidad y a la integración social le permitía sumar a población no indígena que compartía sus principios, aunque desde perspectivas distintas. Ese giro lo convirtió en un movimiento de influencia nacional, inspirando la creación de decenas de comités cívicos en todo el país y presionando por el reconocimiento de su derecho a presentar candidatos a diputaciones.

“Con la extinción del Comité Cívico Xel-Jú puede decirse que despedimos el último proyecto político local que tuvo el país”.

A la par de este impulso, la descentralización municipal cobró vida con nuevas leyes que marcaron un camino que los grupos de poder nunca quisieron seguir. Los ocho años de gobierno de Rigoberto Quemé Chay —líder maya k’iche’ elegido mediante un proceso interno ejemplar e inédito en la política reciente— dejaron una huella profunda, aunque lamentablemente desdibujada por sus sucesores en la alcaldía de la ciudad más influyente por historia y dinámicas internas.

PUEDE INTERESARLE 

Libertad de Expresión: Compromiso de un medio con su comunidad

Con la extinción del Comité Cívico Xel-Jú puede decirse que despedimos el último proyecto político local que tuvo el país: imperfecto, sí, pero infinitamente perfectible. Muy distinto a la feria de ofertas que hoy nos presentan, un verdadero “Black Friday” político donde se ofrece el Cielo y la Tierra, pero sin garantía.

Como siempre he sostenido en esta columna, solo podemos lograr cambios reales desde lo local, pues no hay otra forma de implosionar un sistema político enquistado, obsoleto y caduco, que se retroalimenta de la corrupción, el nepotismo y la transa, en perjuicio de los millones que lo aprueban cada cuatro años. ¡Vaya ironía!.

PUEDE INTERESARLE 

La desaparición de un medio no es un fracaso empresarial, sino una derrota para el derecho de la sociedad a estar informada

Noticias

Publicidad

spot_img
InicioOpiniónXel-Jú, el último y auténtico proyecto político local que tuvo Guatemala

Xel-Jú, el último y auténtico proyecto político local que tuvo Guatemala

Para el próximo proceso electoral se calcula que habrá cerca de 40 seudopartidos compitiendo por cuotas de poder. La cifra refleja la decadencia de la partidocracia y la transformación del sistema en un mercado de marcas politiqueras dispuestas a invertir centavos, para luego cobrarse en quetzales, una vez alcanzado el objetivo.

Mynor Hernández Fernández

En contraste, en las elecciones de 1985 participaron solo ocho organizaciones que, con todas sus contradicciones, podían llamarse partidos, pues sostenían una ideología, tenían programas de gobierno y contaban con cuadros para implementarlos, aunque al llegar al poder fueran auténticos fiascos.

En el ámbito local, el Comité Cívico Xel-Jú —nacido a finales de los años sesenta— compitió por la alcaldía de Quetzaltenango durante más de tres décadas, hasta lograr la victoria, en 1995. Su propuesta fue coherente desde el inicio: reivindicar los derechos del pueblo indígena a la participación política, ejercer el poder local con enfoque comunitario y reducir la brecha entre lo urbano y lo rural mediante servicios básicos, dignidad e inversión para las comunidades excluidas.

Xel-Jú se fortaleció cuando entendió que abrirse a la multiculturalidad y a la integración social le permitía sumar a población no indígena que compartía sus principios, aunque desde perspectivas distintas. Ese giro lo convirtió en un movimiento de influencia nacional, inspirando la creación de decenas de comités cívicos en todo el país y presionando por el reconocimiento de su derecho a presentar candidatos a diputaciones.

“Con la extinción del Comité Cívico Xel-Jú puede decirse que despedimos el último proyecto político local que tuvo el país”.

A la par de este impulso, la descentralización municipal cobró vida con nuevas leyes que marcaron un camino que los grupos de poder nunca quisieron seguir. Los ocho años de gobierno de Rigoberto Quemé Chay —líder maya k’iche’ elegido mediante un proceso interno ejemplar e inédito en la política reciente— dejaron una huella profunda, aunque lamentablemente desdibujada por sus sucesores en la alcaldía de la ciudad más influyente por historia y dinámicas internas.

PUEDE INTERESARLE 

Libertad de Expresión: Compromiso de un medio con su comunidad

Con la extinción del Comité Cívico Xel-Jú puede decirse que despedimos el último proyecto político local que tuvo el país: imperfecto, sí, pero infinitamente perfectible. Muy distinto a la feria de ofertas que hoy nos presentan, un verdadero “Black Friday” político donde se ofrece el Cielo y la Tierra, pero sin garantía.

Como siempre he sostenido en esta columna, solo podemos lograr cambios reales desde lo local, pues no hay otra forma de implosionar un sistema político enquistado, obsoleto y caduco, que se retroalimenta de la corrupción, el nepotismo y la transa, en perjuicio de los millones que lo aprueban cada cuatro años. ¡Vaya ironía!.

PUEDE INTERESARLE 

La desaparición de un medio no es un fracaso empresarial, sino una derrota para el derecho de la sociedad a estar informada

Noticias

Publicidad

spot_img

Quetzaltenango,