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Jorge Drexler llega a Guatemala con “Taracá”, un viaje de regreso a sus raíces

Mucho antes de convertirse en uno de los cantautores más reconocidos de Iberoamérica, Jorge Drexler recibió una invitación que terminaría marcando su carrera.

Música | laprensadeoccidente.com.gt

En 1994, el entonces joven músico uruguayo fue telonero de Joaquín Sabina en Montevideo. Aquel encuentro no quedó únicamente como una anécdota de camerinos: Sabina vio algo en las canciones de Drexler y le auguró «oropeles y ultramares».

Por esos mismos años, otro consejo terminaría empujándolo a tomar una decisión que cambiaría su vida. Un preceptor le recomendó, en lo que entonces parecía una idea casi descabellada, que se marchara a Madrid con su guitarra y sus canciones. La apuesta era sencilla y enorme a la vez: cruzar el Atlántico y buscar allí nuevos escenarios y seguidores.

Drexler hizo caso

Madrid se convirtió en el escenario donde su carrera comenzó a crecer y, con el paso del tiempo, aquella decisión terminó dando frutos. Pero el vínculo con Sabina permaneció como una de esas historias que acompañan la trayectoria de un artista.

De ahí nace también «Pongamos que hablo de Martínez», una particular relectura de «Pongamos que hablo de Madrid», convertida por Drexler en un homenaje a quien, décadas atrás, había sido uno de los músicos que alentaron su camino.

Me tocó el honor de entregarle a mi maestro el Grammy a La Excelencia Musical. A Su Excelencia! No pude no romper el protocolo y escribirle de apuro unas décimas esta mañana.

Este jueves, Guatemala tendrá la oportunidad de escuchar a Drexler en directo, con una carrera construida precisamente sobre esas historias: canciones que nacen de los viajes, los encuentros, las ciudades y las personas que dejan una huella en el camino.

Y quizá por eso, cuando Drexler vuelva a cantar aquella historia, no será solamente una canción sobre Sabina. Será también el relato de un músico que un día tomó una guitarra, cruzó el océano y terminó encontrando su propia voz al otro lado del Atlántico.

El cantautor uruguayo, que acaba de cumplir 61 años y ha vivido cerca de tres décadas en Madrid, presenta Taracá, un disco cuyo título alude a una expresión que significa «estar acá», pero que también funciona como una declaración de principios: volver a mirar hacia Uruguay, sus sonidos y su memoria.

El álbum está atravesado por los ritmos afro-uruguayos y por el candombe, con el sonido de los tambores como uno de sus elementos centrales. Es un regreso musical a las raíces de un artista que pasó buena parte de su vida construyendo su carrera lejos de ellas.

“Necesitaba reconectar con Uruguay”, ha explicado Drexler al hablar de este proceso. La creación del disco estuvo además marcada por una experiencia personal dolorosa: durante ese período perdió a su padre, el último de sus progenitores que permanecía con vida.

La historia de Drexler, sin embargo, siempre ha estado marcada por esa tensión entre la ciencia y la música.

Comenzó a estudiar música a los cinco años, primero piano y posteriormente guitarra. Siguiendo una tradición familiar, estudió Medicina y llegó a iniciar un posgrado en otorrinolaringología. Pero la música terminó imponiéndose.

Durante sus primeros años como médico, incluso llevaba ambas vidas a cuestas. “Escondía la guitarra en el hospital y cuando iba a tocar al bar por la noche escondía la bata blanca en la caja de la guitarra”, ha contado.

Aquella formación científica tampoco desapareció cuando decidió dedicarse por completo a la música. Por el contrario, terminó incorporándose a su manera de escribir canciones. En Todo se transforma, por ejemplo, utilizó como punto de partida la ley de conservación de la masa y la energía que había estudiado durante su formación.

Una carrera que cruzó fronteras

Drexler ganó el Óscar a Mejor Canción Original en 2005 por Al otro lado del río, un reconocimiento que terminó de colocar su nombre en el mapa de la música internacional.

Pero aquella noche también dejó una reflexión sobre la forma en que la industria cultural representaba entonces a América Latina. Drexler ha cuestionado la visión “homogeneizadora” de lo latino que predominaba en aquella época y recordó que ni siquiera llevaba preparado un discurso para recibir el premio. Terminó cantando un fragmento de su canción.

Ahora, con Taracá, el viaje parece adquirir otro sentido.

Este jueves, ese recorrido llegará a Guatemala a Fórum Majadas. Y el público tendrá la oportunidad de encontrarse con un Drexler que no solo trae nuevas canciones, sino también una historia de ida y vuelta: la de un artista que cruzó el Atlántico para construir su camino y que ahora vuelve a mirar hacia el lugar del que partió.

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Mucho antes de convertirse en uno de los cantautores más reconocidos de Iberoamérica, Jorge Drexler recibió una invitación que terminaría marcando su carrera.

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En 1994, el entonces joven músico uruguayo fue telonero de Joaquín Sabina en Montevideo. Aquel encuentro no quedó únicamente como una anécdota de camerinos: Sabina vio algo en las canciones de Drexler y le auguró «oropeles y ultramares».

Por esos mismos años, otro consejo terminaría empujándolo a tomar una decisión que cambiaría su vida. Un preceptor le recomendó, en lo que entonces parecía una idea casi descabellada, que se marchara a Madrid con su guitarra y sus canciones. La apuesta era sencilla y enorme a la vez: cruzar el Atlántico y buscar allí nuevos escenarios y seguidores.

Drexler hizo caso

Madrid se convirtió en el escenario donde su carrera comenzó a crecer y, con el paso del tiempo, aquella decisión terminó dando frutos. Pero el vínculo con Sabina permaneció como una de esas historias que acompañan la trayectoria de un artista.

De ahí nace también «Pongamos que hablo de Martínez», una particular relectura de «Pongamos que hablo de Madrid», convertida por Drexler en un homenaje a quien, décadas atrás, había sido uno de los músicos que alentaron su camino.

Me tocó el honor de entregarle a mi maestro el Grammy a La Excelencia Musical. A Su Excelencia! No pude no romper el protocolo y escribirle de apuro unas décimas esta mañana.

Este jueves, Guatemala tendrá la oportunidad de escuchar a Drexler en directo, con una carrera construida precisamente sobre esas historias: canciones que nacen de los viajes, los encuentros, las ciudades y las personas que dejan una huella en el camino.

Y quizá por eso, cuando Drexler vuelva a cantar aquella historia, no será solamente una canción sobre Sabina. Será también el relato de un músico que un día tomó una guitarra, cruzó el océano y terminó encontrando su propia voz al otro lado del Atlántico.

El cantautor uruguayo, que acaba de cumplir 61 años y ha vivido cerca de tres décadas en Madrid, presenta Taracá, un disco cuyo título alude a una expresión que significa «estar acá», pero que también funciona como una declaración de principios: volver a mirar hacia Uruguay, sus sonidos y su memoria.

El álbum está atravesado por los ritmos afro-uruguayos y por el candombe, con el sonido de los tambores como uno de sus elementos centrales. Es un regreso musical a las raíces de un artista que pasó buena parte de su vida construyendo su carrera lejos de ellas.

“Necesitaba reconectar con Uruguay”, ha explicado Drexler al hablar de este proceso. La creación del disco estuvo además marcada por una experiencia personal dolorosa: durante ese período perdió a su padre, el último de sus progenitores que permanecía con vida.

La historia de Drexler, sin embargo, siempre ha estado marcada por esa tensión entre la ciencia y la música.

Comenzó a estudiar música a los cinco años, primero piano y posteriormente guitarra. Siguiendo una tradición familiar, estudió Medicina y llegó a iniciar un posgrado en otorrinolaringología. Pero la música terminó imponiéndose.

Durante sus primeros años como médico, incluso llevaba ambas vidas a cuestas. “Escondía la guitarra en el hospital y cuando iba a tocar al bar por la noche escondía la bata blanca en la caja de la guitarra”, ha contado.

Aquella formación científica tampoco desapareció cuando decidió dedicarse por completo a la música. Por el contrario, terminó incorporándose a su manera de escribir canciones. En Todo se transforma, por ejemplo, utilizó como punto de partida la ley de conservación de la masa y la energía que había estudiado durante su formación.

Una carrera que cruzó fronteras

Drexler ganó el Óscar a Mejor Canción Original en 2005 por Al otro lado del río, un reconocimiento que terminó de colocar su nombre en el mapa de la música internacional.

Pero aquella noche también dejó una reflexión sobre la forma en que la industria cultural representaba entonces a América Latina. Drexler ha cuestionado la visión “homogeneizadora” de lo latino que predominaba en aquella época y recordó que ni siquiera llevaba preparado un discurso para recibir el premio. Terminó cantando un fragmento de su canción.

Ahora, con Taracá, el viaje parece adquirir otro sentido.

Este jueves, ese recorrido llegará a Guatemala a Fórum Majadas. Y el público tendrá la oportunidad de encontrarse con un Drexler que no solo trae nuevas canciones, sino también una historia de ida y vuelta: la de un artista que cruzó el Atlántico para construir su camino y que ahora vuelve a mirar hacia el lugar del que partió.

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