Wilder Daniel Chuc Citalán, chef quetzalteco, 37 años, convirtió una pasión que nació durante su infancia en una trayectoria profesional que lo llevó a formarse en Guatemala y España, hasta concretar el sueño de abrir su propio restaurante en Quetzaltenango.

Adrián Velásquez – Fotos David Pinto | LAPRENSADEOCCIDENTE
Wilder Daniel comenzó su relación con la cocina mucho antes de convertirse en chef. Durante su infancia, la cocina de su casa fue un espacio de aprendizaje y curiosidad, mientras observaba a su abuela y a su madre preparar diferentes platillos.
A los 10 u 11 años empezó a interesarse más por cada proceso y por la forma en que su familia transformaba los ingredientes. Uno de sus primeros recuerdos es un pastel de Incaparina que preparó junto a su madre.
La influencia también llegó de sus tías, quienes compartían su gusto por la cocina. A los 14 años participó en un curso de pastelería impartido por una de ellas.
En el colegio también orientaba sus proyectos hacia la cocina. Mientras sus compañeros elegían otros temas, él prefería desarrollar trabajos relacionados con ensaladas y alimentos.
Formación gastronómica
En 2008 inició sus estudios de gastronomía en el Intecap de Quetzaltenango, y posteriormente amplió su formación con cursos de embutidos, pastelería y otras especialidades.
Sus prácticas en el Hotel Barceló, Casa Santo Domingo y otros establecimientos le permitieron aprender de distintos profesionales. Luego realizó una pasantía de aproximadamente un año en Granada, España, experiencia que amplió sus conocimientos y fortaleció su deseo de crecer en la cocina. A su regreso a Quetzaltenango comenzó a dar forma a su sueño de tener un restaurante propio.

El sueño de un restaurante
Desde niño imaginaba cómo sería su futuro. Recuerda que solía bromear con sus padres y decirles que, cuando fuera grande, tendría una casa de tres niveles. En el primer nivel estaría su restaurante; en el segundo, su vivienda, y en el último estaría su perro, debido a su afición por estos animales.
Lo que entonces parecía una ocurrencia infantil terminó convirtiéndose en un proyecto de vida. Wilder soñaba con crear un restaurante diferente, en un lugar con una vista agradable. También buscaba un espacio que le permitiera disfrutar del paisaje de Quetzaltenango y de las montañas que rodean la ciudad.
Con el apoyo de su padre comenzó a trabajar en el proyecto alrededor de 2012 o 2013. Después de varios años de planificación y esfuerzo, el 14 de noviembre de 2015 abrió sus puertas al público Alpujarra Restaurante y Café.
El negocio comenzó a crecer y, entre 2015 y 2018, identificaron una nueva demanda: muchas personas buscaban espacios para realizar actividades y eventos. Así nació una nueva etapa para el establecimiento, que dejó de llamarse Alpujarra Restaurante y Café para convertirse en Alpujarra Restaurante y Convenciones.
Llevar la gastronomía de Xela
La formación de Chuc Citalán también ha estado acompañada por talleres, cursos y experiencias que le han permitido representar a Quetzaltenango fuera del país.
Una de ellas ocurrió en Colima, México, donde participó en el Festival del Volcán junto a otros jóvenes representantes de Quetzaltenango y con el apoyo de personas vinculadas al sector turístico.
Una formación más allá de la cocina
Wilder también decidió complementar su preparación profesional con estudios en administración de empresas en la Universidad Mariano Gálvez, según explicó.
Su trayectoria, por tanto, combina la formación técnica en cocina con conocimientos administrativos, una experiencia que le ha servido para desarrollar y hacer crecer su propio negocio.
El recorrido comenzó en aquella cocina familiar donde observaba a su abuela y a su madre. Años después, aquella curiosidad infantil se convirtió en una profesión y, posteriormente, en un restaurante.





