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La tradición que nadie decretó: así nació la bajada de bandas del 14 de septiembre en Xela

Testimonios de antiguos integrantes y espectadores permiten reconstruir cómo una práctica que ya existía en la década de 1970 se convirtió, generación tras generación, en uno de los grandes rituales de las fiestas de Independencia en Quetzaltenango.

José Cancinos | LAPRENSADEOCCIDENTE.COM.GT

La multitudinaria bajada de bandas hacia el parque Centroamérica no forma parte del programa oficial de Xelafer.

Cada 14 de septiembre, desde media tarde, las calles del centro de Quetzaltenango comienzan a llenarse de música. Las bandas escolares bajan hacia el parque Centroamérica y, conforme avanza la noche, el movimiento crece. Algunas llegan antes de la medianoche; otras continúan después del tradicional Grito de Independencia, hasta la madrugada.

Miles de personas las esperan

Lo particular es que ese desfile de bandas no nació como una actividad formal de Xelafer ni existe una fecha documentada que permita atribuir su creación a una persona específica o agrupación. Las bandas participan voluntariamente. Sin embargo, con el paso de los años, aquella práctica terminó convirtiéndose en una tradición que forma parte de la noche del 14 de septiembre en Quetzaltenango.

La pregunta, entonces, cambia: no se trata solamente de saber quién creó el desfile, sino de reconstruir cómo una costumbre estudiantil terminó convirtiéndose en una celebración multitudinaria.

El recuerdo del INVO y la década de 1970

Uno de los testimonios más antiguos obtenidos para reconstruir esta historia pertenece a Julio César Andrade García, quien fue estudiante e integrante de la banda del Instituto Normal para Varones de Occidente (INVO) en 1983.

Al recordar el origen de las famosas noches del 14 de septiembre, Andrade sitúa una fecha aproximada: la década de 1970.

Según su memoria, alrededor de 1972 la banda del INVO comenzó a bajar hacia el parque Centroamérica con nuevas melodías, después de que anteriormente la presencia musical de esa noche estuviera vinculada a la banda de la Zona Militar.

Andrade es todavía más contundente al identificar al INVO como una de las primeras agrupaciones escolares en realizar esa bajada.

Su testimonio, sin embargo, debe entenderse como lo que es: una memoria oral, no como una prueba documental de que en 1972 se fundó el desfile actual.

Lo que sí aporta es una pista fundamental: la tradición de que las bandas descendieran al centro de la ciudad para celebrar la Independencia ya estaba viva hace más de medio siglo.

Cuando esperar al INVO era parte de la fiesta

El recuerdo de Alfredo González,  ayuda a entender qué significaba aquella práctica para los habitantes.

González, de 53 años, recuerda que su papá lo llevaba junto a sus hermanos las noches de finales de la década de 1970 y principios de los años 80. Su destino era el mismo: el parque Centroamérica.

Allí esperaba la llegada de la banda del INVO, que podía aparecer alrededor de las 9 de la noche mientras avanzaba tocando por las calles.

La escena que conserva en la memoria revela cuánto ha cambiado la dimensión del acontecimiento. En aquellos años había pocas bandas y todavía era posible estacionar un vehículo alrededor del parque para observar el paso de la agrupación.

La música, sin embargo, ya tenía un papel central.

González recuerda incluso algunas de las piezas que acompañaban aquella llegada, entre ellas “Yo soy puro guatemalteco” y sones que formaban parte del repertorio de las bandas.

La espera ya era parte de la celebración.

De unas 14 bandas a una tradición multitudinaria Guillermo René Barreno Tumax, exintegrante de la banda del INVO y estudiante en 1977, aporta otro momento de esta evolución.

Alrededor de 1982, recuerda, podían identificarse aproximadamente 14 bandas. Entre ellas menciona agrupaciones del Liceo Guatemala, Liceo Quetzalteco, La Patria, ENCO, Técnico Industrial, INVO, INSO e IFEBO.

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Eran suficientes para hacer de la noche un acontecimiento especial, pero muy pocas comparadas con la dimensión que tiene actualmente.

Barreno señala que, según referencias de amigos, hoy podrían participar entre 200 y 300 bandas. Esa cifra debe tomarse como una estimación testimonial y no como un registro oficial.

La comparación, sin embargo, permite dimensionar el crecimiento de una tradición que no necesitó convertirse en un desfile municipal para adquirir importancia.

Una tradición que nadie parece haber decretado

Con la información disponible, no es posible afirmar que el desfile actual nació exactamente en 1972, ni que el INVO o una persona determinada fue su creador.

Lo que sí puede reconstruirse es una secuencia: bandas militares y escolares, primeras bajadas nocturnas, espectadores que comenzaron a esperarlas, incorporación de nuevas instituciones y una práctica que pasó de generación en generación.

El desfile de bandas del 14 de septiembre parece haber crecido de esa manera: sin un acta fundacional conocida, sin un organizador único y al margen del programa oficial de Xelafer.

Nadie parece haber decretado que las bandas debían bajar. Simplemente siguieron bajando.

Una generación vio a la siguiente hacerlo; nuevos estudiantes tomaron los instrumentos y nuevos espectadores ocuparon las calles. Con el tiempo, aquella costumbre dejó de necesitar una explicación para convertirse en parte de la noche más esperada de la Independencia en Quetzaltenango.

Quizá esa sea precisamente la historia detrás del desfile: no la de una persona que lo creó, sino la de una ciudad que, durante décadas, decidió repetirlo hasta convertirlo en tradición.

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José Cancinos | LAPRENSADEOCCIDENTE.COM.GT

La multitudinaria bajada de bandas hacia el parque Centroamérica no forma parte del programa oficial de Xelafer.

Cada 14 de septiembre, desde media tarde, las calles del centro de Quetzaltenango comienzan a llenarse de música. Las bandas escolares bajan hacia el parque Centroamérica y, conforme avanza la noche, el movimiento crece. Algunas llegan antes de la medianoche; otras continúan después del tradicional Grito de Independencia, hasta la madrugada.

Miles de personas las esperan

Lo particular es que ese desfile de bandas no nació como una actividad formal de Xelafer ni existe una fecha documentada que permita atribuir su creación a una persona específica o agrupación. Las bandas participan voluntariamente. Sin embargo, con el paso de los años, aquella práctica terminó convirtiéndose en una tradición que forma parte de la noche del 14 de septiembre en Quetzaltenango.

La pregunta, entonces, cambia: no se trata solamente de saber quién creó el desfile, sino de reconstruir cómo una costumbre estudiantil terminó convirtiéndose en una celebración multitudinaria.

El recuerdo del INVO y la década de 1970

Uno de los testimonios más antiguos obtenidos para reconstruir esta historia pertenece a Julio César Andrade García, quien fue estudiante e integrante de la banda del Instituto Normal para Varones de Occidente (INVO) en 1983.

Al recordar el origen de las famosas noches del 14 de septiembre, Andrade sitúa una fecha aproximada: la década de 1970.

Según su memoria, alrededor de 1972 la banda del INVO comenzó a bajar hacia el parque Centroamérica con nuevas melodías, después de que anteriormente la presencia musical de esa noche estuviera vinculada a la banda de la Zona Militar.

Andrade es todavía más contundente al identificar al INVO como una de las primeras agrupaciones escolares en realizar esa bajada.

Su testimonio, sin embargo, debe entenderse como lo que es: una memoria oral, no como una prueba documental de que en 1972 se fundó el desfile actual.

Lo que sí aporta es una pista fundamental: la tradición de que las bandas descendieran al centro de la ciudad para celebrar la Independencia ya estaba viva hace más de medio siglo.

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González, de 53 años, recuerda que su papá lo llevaba junto a sus hermanos las noches de finales de la década de 1970 y principios de los años 80. Su destino era el mismo: el parque Centroamérica.

Allí esperaba la llegada de la banda del INVO, que podía aparecer alrededor de las 9 de la noche mientras avanzaba tocando por las calles.

La escena que conserva en la memoria revela cuánto ha cambiado la dimensión del acontecimiento. En aquellos años había pocas bandas y todavía era posible estacionar un vehículo alrededor del parque para observar el paso de la agrupación.

La música, sin embargo, ya tenía un papel central.

González recuerda incluso algunas de las piezas que acompañaban aquella llegada, entre ellas “Yo soy puro guatemalteco” y sones que formaban parte del repertorio de las bandas.

La espera ya era parte de la celebración.

De unas 14 bandas a una tradición multitudinaria Guillermo René Barreno Tumax, exintegrante de la banda del INVO y estudiante en 1977, aporta otro momento de esta evolución.

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El desfile de bandas del 14 de septiembre parece haber crecido de esa manera: sin un acta fundacional conocida, sin un organizador único y al margen del programa oficial de Xelafer.

Nadie parece haber decretado que las bandas debían bajar. Simplemente siguieron bajando.

Una generación vio a la siguiente hacerlo; nuevos estudiantes tomaron los instrumentos y nuevos espectadores ocuparon las calles. Con el tiempo, aquella costumbre dejó de necesitar una explicación para convertirse en parte de la noche más esperada de la Independencia en Quetzaltenango.

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