La tarde del viernes 4 de septiembre, exalumnos del Instituto Normal para Varones de Occidente (INVO) volvieron a encontrarse en los corredores del establecimiento para celebrar los 90 años de su «Banda de Guerra» de una manera muy particular: ejecutar los instrumentos que marcaron una parte importante de sus vidas.
José Cancinos | laprensadeoccidente.com.gt
Exestudiantes de las décadas de 1970, 1980 y 1990 participaron en la jornada. En algunos casos, el reencuentro reunió a distintas generaciones de una misma familia, como abuelo, hijo y nieto, explicó Julio César Andrade García, uno de los coordinadores.
Una tarde para volver a ser estudiantes
Durante aproximadamente una hora y media, los antiguos integrantes interpretaron 18 melodías, entre ellas los tradicionales sones que forman parte del repertorio que los une con el INVO y con Quetzaltenango.

Guillermo René Barreno Tumax, quien ingresó al establecimiento en 1977, regresó en 1981 y se graduó como maestro en 1983, volvió a tocar junto a sus antiguos compañeros. Integró la banda desde 1982 y llegó a ser comandante de bombos.
Para Barreno, reencontrarse con la música significó regresar a su juventud. Recordó con especial emoción los ensayos y los momentos compartidos con sus compañeros.
“Es algo muy bello, muy especial”, expresó al describir lo que representa volver a estar en el lugar donde durante años dedicó tiempo y esfuerzo a la banda.
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La lluvia también fue parte del homenaje
Los exalumnos continuaron tocando pese a la lluvia. Para ellos, mojarse fue un detalle menor frente a la oportunidad de volver a reunirse y rendir homenaje a la agrupación que marcó su vida estudiantil.

Julio César Andrade García, exalumno de 1983 y actualmente catedrático del INVO, describió el encuentro como un homenaje a aquella banda que, para varias generaciones, representa identidad y pertenencia.
Oscar Valdemar Rodríguez, quien perteneció a la banda entre 1981 y 1986, también aceptó la invitación para regresar. Recordó con emoción sus años como comandante general y aseguró que volver al establecimiento representa un honor y una oportunidad para agradecer por las experiencias que contribuyeron a formar su vida.

El reencuentro terminó en los escritorios
Después de la música llegó otro momento esperado de la celebración: los exalumnos compartieron el tradicional pache quetzalteco acompañado de una bebida caliente, sentados en los escritorios.
Así concluyó una tarde marcada por la lluvia, las melodías y los recuerdos. Más que una reunión de antiguos estudiantes, el encuentro permitió que varias generaciones regresaran por unas horas a los espacios donde fueron jóvenes y comprobaran que, pese al paso del tiempo, el vínculo con el INVO permanece.
Para ellos, volver a tocar juntos fue también una forma de decir que la identidad construida durante aquellos años todavía permanece viva.
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