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Quetzaltenango,

4 de febrero de 1976: «Guatemala herida pero no de muerte”

Guatemala, 4 de febrero de 1976, el país estaba en pleno conflicto armado interno, la Guerra Fría en el mundo alcanzaba Centroamérica, el gobierno militar encabezado por el general Kjell Eugenio Laugerud García ensañado contra la oposición por las protestas; políticos, estudiantes, obreros y líderes sindicales eran reprimidos, estábamos en guerra.

Adrián Velásquez/laprensadeoccidente.com.gt

En 1976 había paridad de la moneda, el quetzal con el dólar, uno por uno; el viaje de Xela a Guatemala a un costo de Q2.50 en Galgos o Rutas Lima. La SIX, bus urbano de la ciudad altense, el pasaje valía 5 centavos. Frente al parque, la biblioteca del Banco de Guatemala en el segundo nivel, construida de cemento y vidrio, desde el parque se podía observar si había personas en su interior. En el Pasaje Enríquez, era costumbre degustar un jugo de caña, a 5 centavos el vaso; también los helados en cono, de múltiples colores al paso del peatón.

Eran las 3:00 de la madrugada del 4 de febrero de aquel año, cuando los techos de lámina y teja tronaron de forma aterradora, la tierra se mueve, se fue la luz y el pánico llegó a nuestros corazones. Todos a encender sus radios de baterías, las antenas de los radiotransmisores ya no daban más, estábamos asustados, además, el frío de febrero.

En la oscuridad del momento no se sabía qué hacer, solo escuchar las noticias y a la espera de otro temblor, estábamos atemorizados

Las noticias informaban que fue un terremoto de grandes dimensiones. Duró 39 segundos y la escala de 7.5 grados. Las torres de Guatel fallaron, la telefonía colapsó y no había comunicación.

Las viviendas de adobe estaban colapsadas, desde Izabal hasta Tecpán, gente muriendo atrapados bajo los escombros, el desastre ocurrió en 39 segundos. El sonido de las ambulancias por todos lados: “Hay pueblos enteros en que han desaparecido. Los hospitales colapsaron en sus emergencias y capacidad de atención a heridos y los cuerpos de socorro no se alcanzan para atender las emergencias”, llegaban las noticias.

«Guatemala herida pero no de muerte»

 Kjell Eugenio Laugerud García.

Las fuerzas de socorro no se daban abasto, la luz del día iluminó los daños. Las cifras fueron aterradoras, más 23 mil fallecidos, 258 mil viviendas destruidas, unas 76 mil personas necesitaron atención médica. Los damnificados, se estimaba, más de un millón.

Unas de las madrugadas más tristes de la historia de Guatemala.

Hoy es 4 de febrero, conmemoremos a las víctimas y recordemos que la Madre Tierra puede moverse en cualquier momento.

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