El 20 de octubre de 1567, el Señor Tz’unun (Colibrí) mandó redactar el título del pueblo de Espíritu Santo de Quesaltenango, que antiguamente se llamaba Qulaja’ y pasó a estar sujeto a la Real Corona.

Carlos Fredy Ochoa García | laprensadeoccidente.com.gt
El secretario del señor Tz’unun era un joven diligente llamado Bartolomé Lopes Rununqui. Había aprendido el nuevo sistema de lectura y escritura junto con otros niños escogidos del pueblo. Sin embargo, sus abuelos le enseñaron a historiar y le transmitieron el interés por reconstruir las historias familiares, precisar la descendencia de cada linaje e identificar el origen de sus integrantes y de sus esposas.
Su habilidad para trazar mapas, recordar los nombres de las montañas y reconocer los mojones de las tierras de su kalpul provenía de las largas jornadas que dedicaba, año tras año, a recorrer los linderos junto a su padre, don Pedro Lopes Ixkot, quien también ostentaba el título de Ajpop.
Con esmero, el joven escribano y los señores de su kalpul registraron en lengua k’iche’ la memoria de su pueblo. Después, guardaron el manuscrito en la casa grande de su comunidad, donde permaneció durante los dos siglos siguientes, a la espera de que las generaciones futuras conocieran su historia.
Los señores de los kalpules K’oyoy, Nija’ib’ y Lopes Ixkot también asumieron esta tarea y redactaron sus propios documentos para registrar la historia del territorio conocido como Xelajuj. Para comprender las razones de esta preocupación, debemos remontarnos a los acontecimientos de 1532. Aquel año, sus habitantes perdieron mojones, tierras e incluso cuatro de los trece pueblos que conformaban su antiguo tinamit, llamado Qulaja’.
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Además, muchos señores adoptaron nuevos nombres al recibir el bautismo y, con ello, manifestaron su incorporación al nuevo orden colonial. Numerosas montañas también recibieron otros nombres. Mientras tanto, el centro del pueblo se trasladó a un lugar contiguo, donde un nuevo santo patrón, llamado Espíritu Santo, comenzó a reclamar la lealtad de sus habitantes.
Cuando redactaron su documento, en 1567, necesitaban establecer un nuevo acuerdo territorial y revisar sus mojones. También debían definir el lugar que ocuparían los antiguos señores dentro de la nueva estructura de autoridad: el cabildo colonial. En definitiva, buscaban establecer nuevas alianzas y acordar las condiciones de convivencia bajo el nuevo orden.
El señor Tz’unun, cuyo segundo nombre era Witzitzil y quien, tras el bautismo, adoptó el nombre de Martín Belasquez, buscaba reafirmar su antiguo título de Ajpop. También quería consolidar la presencia de su kalpul frente a los señores de los demás kalpules y ante las autoridades españolas. Tal vez por eso insistía en conservar el nombre Witzitzil, que significa «colibrí» en lengua mexicana. De esa manera, unos y otros podían reconocer su posición y dignidad.
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Su kalpul sufrió algunas de las mayores consecuencias de los cambios posteriores a la guerra. Su montaña, al pie del Candelaria, el antiguo Lajuj Kej, había dejado de funcionar como asiento urbano de Qulaja’, cabecera de Xelajuj. A esta pérdida se sumaba la de, al menos, dos tercios de sus tierras en la planicie del río, que las autoridades adjudicaron a otro pueblo de reciente ocupación.
Hacia 1567, el nuevo acuerdo territorial todavía abarcaba todo el valle y comprendía la bocacosta. Incluía nueve kalpules: Q’ante’l, Tzi’b’am Pek, Zunil —que comprendía El Palmar y Zunilito—, Saq Poklaj (Almolonga), Xe Pek (Olintepeque), Xe ki Xe Oj (Chiquilajá), Xe’ Pach, Pa Lajuj No’j, Pa B’aq’a y Xelajuj Kej. Esta relación permite observar que lograron restablecer, al menos en parte, la alianza que antiguamente los vinculaba.
Sin embargo, el pacto duró poco. Se mantuvo hasta cerca de 1580, cuando la mayoría de estos kalpules se constituyeron en pueblos independientes. Por su parte, dos kalpules vecinos, Pa B’aq’a y Xelajuj Kej, pasaron a formar barrios de Espíritu Santo. Estos cambios debieron ocurrir en medio de una profunda crisis general, marcada por una dramática disminución de la población.

Cerca de doscientos años después, don Sebastián Tz’unun, bisnieto del señor Tz’unun, dispuso traducir al castellano el antiguo manuscrito. La traducción se realizó en tiempos difíciles. Los principales de Espíritu Santo necesitaban resolver problemas de límites con sus vecinos mam de Chiquirichapa y Ostuncalco, pues ambos pueblos se exigían mutuamente la presentación de sus títulos de tierras.
El traductor dejó constancia del procedimiento con estas palabras: «Se trasuntó este escrito de su original, según y como está en la lengua materna a la lengua castellana…». Sin embargo, omitió la fecha del trabajo. Es probable que don Sebastián entregara la traducción a las autoridades coloniales y conservara el manuscrito original en k’iche’, posiblemente más extenso. Después, el documento original volvió a ocultarse.
Don Sebastián era un principal que se había ganado la estima y el afecto de su comunidad. Para 1740, había desempeñado los principales cargos del gobierno local: regidor, alcalde segundo y, posteriormente, alcalde primero. También ejerció como ayudante del Santísimo Sacramento, mayordomo de la hermandad de las Ánimas y ayudante de la cofradía de San Francisco.
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Durante su época se construyó el templo de Espíritu Santo, cuya fachada luce un estilo barroco. En uno de sus muros laterales, el templo conserva las representaciones de cuatro principales k’iche’, vestidos según la usanza o moda mexicana. Además, en 1740, don Sebastián donó el frontal de plata del retablo de Nuestra Señora de la Asunción.
Un siglo después de la traducción, el manuscrito Tz’unun, junto con los demás documentos de Xelajuj —los llamados Ixkot y K’oyoy, así como dos manuscritos Nija’ib’—, apareció en el Archivo Nacional de Guatemala. En aquel entonces, el Museo Nacional y la Sociedad Económica de Guatemala tenían a su cargo el archivo. Sin embargo, en 1856 sustrajeron los documentos y los expatriaron.




