InicioNoticiasMotoristas encabezan las estadísticas de imprudencia y muerte

Motoristas encabezan las estadísticas de imprudencia y muerte

Los motoristas se han convertido en protagonistas de una crisis vial que crece a diario: hoy encabezan las estadísticas de accidentes de tránsito. Aunque en muchos casos figuran como víctimas, autoridades, rescatistas y expertos coinciden en una realidad incómoda: también son, en gran medida, quienes provocan estos hechos.

José Cancinos/ laprensadeoccidente.com.gt

Una constante que se repite

En los registros diarios de emergencias se confirma un patrón que ya no pasa desapercibido. “Cuando atendemos hechos de tránsito, casi siempre hay un motorista involucrado”, advierte José Mendoza, jefe de la Policía Municipal de Tránsito de Quetzaltenango (PMTQ).

Desde los cuerpos de socorro, la tendencia se reafirma. Adoni Cifuentes, de los Bomberos Voluntarios, reporta entre cinco y ocho motoristas accidentados por semana solo en su jurisdicción.

A nivel nacional, la cifra es aún más alarmante: hasta siete motoristas mueren cada semana, según datos del Departamento de Tránsito de la Policía Nacional Civil, citados por Saúl Calderón, director de la Escuela de Automovilismo Marsa en Quetzaltenango. No se trata de una coincidencia, sino de una consecuencia.

Saúl Calderón, director de la Escuela de Automovilismo Marsa.

El crecimiento que nadie reguló

El auge de la motocicleta tiene una explicación lógica: es barata, consume poco combustible y permite sortear el tráfico. En un país donde el transporte público es deficiente, se convirtió en una solución inmediata. Pero esa solución llegó sin control.

“El parque vehicular de motocicletas ha crecido de forma acelerada, incluso hasta en un 80% en comparación con años anteriores”, señala el socorrista Cifuentes. Las calles, sin embargo, no crecieron al mismo ritmo. Tampoco la educación vial. El resultado: más motos, más riesgos y más accidentes.

Las fallas que están matando en silencio

Detrás de cada accidente hay decisiones. Algunas parecen pequeñas, pero juntas construyen un escenario letal.

Las principales infracciones y errores cometidos por motoristas no solo violan la ley: desafían el sentido común.

Entre las más frecuentes destacan:

  • Conducir a exceso de velocidad, muchas veces impulsados por la prisa o el trabajo.
  • Rebasar por la derecha o entre vehículos, reduciendo el margen de reacción.
  • Zigzaguear en el tráfico, en una búsqueda constante de avanzar segundos.
  • Circular con motocicletas en mal estado, especialmente llantas lisas o sin luces.
  • No utilizar casco ni equipo de protección, exponiendo directamente la vida.
  • Transportar más pasajeros de los permitidos, comprometiendo el equilibrio.
  • Manejar sin licencia o con documentos irregulares.
  • Invadir aceras o espacios peatonales, poniendo en riesgo a terceros.
  • Ignorar señales básicas como pide vías o semáforos.
  • Conducir bajo distracción, efectos del alcohol y otras substancias.

Cada uno de estos factores, por separado, ya representa un peligro. En conjunto, convierten la conducción en un acto temerario.

LECTURA DE INTERÉS

Quetzaltenango colapsa: El tráfico dejó de ser molestia y se volvió crisis urbana

La presión que acelera el riesgo

El fenómeno de los repartidores ha cambiado la dinámica vial. Ya no se trata solo de trasladarse, sino de cumplir tiempos. “Entre más entregas hacen, más ganan”, señala el socorrista Cifuentes.

Esa lógica ha generado una competencia silenciosa en las calles, donde cada segundo cuenta y cada semáforo puede ser visto como un obstáculo.

Desde la PMTQ lo tienen claro: los repartidores figuran entre los más imprudentes, no necesariamente por negligencia, sino por presión laboral. La urgencia económica se transforma en velocidad. Y la velocidad, en accidente.

Educación ausente, consecuencias inevitables

Para Saúl Calderón, director de Marsa, la raíz del problema es más profunda: la falta de formación. “Muchos motoristas no tienen percepción del riesgo”, afirma.

Aprenden a conducir de manera empírica, sin conocer el reglamento ni las técnicas básicas.

Incluso quienes poseen licencia no siempre pasaron por un proceso real de evaluación. El resultado es evidente: conductores en la vía pública que no dimensionan el peligro que enfrentan, ni el que generan.

Entre la ley y la realidad

El marco legal existe. El Reglamento de Tránsito contempla normas claras para motociclistas. Pero en la práctica, su cumplimiento es irregular. “Se puede sancionar, pero necesitamos que la persona quiera educarse”, señala el jefe de la PMTQ, Mendoza.

El problema no es solo normativo, sino estructural: pocos agentes, muchas motocicletas y una cultura de irrespeto que se ha normalizado.

La delgada línea entre llegar y no volver

Raúl Jacobs, del grupo de motociclistas Coyotes de Quetzaltenango y con más de 40 años de experiencia, lo resume con una frase que debería ser regla: “manejar de forma defensiva”. Anticiparse. Observar. Reducir riesgos. Entender que en una motocicleta no hay margen para el error.

Raúl Jacobs, del grupo de motociclistas Coyotes de Quetzaltenango.

“Solo porque uno tiene moto no significa que puede hacer lo que quiera”, advierte. Y su reflexión va más allá: la imprudencia de un motorista no solo lo pone en riesgo a él, sino también a conductores que pueden terminar enfrentando consecuencias legales por accidentes que no provocaron.

El llamado que no puede esperar

Este reportaje no busca señalar, sino despertar conciencia. Porque detrás de cada estadística hay historias inconclusas. Familias que esperan. Vidas que dependen de una decisión en segundos.

El problema de los accidentes en motocicleta no se resolverá únicamente con más leyes o más operativos. Comienza con algo más simple y difícil a la vez: la voluntad de cambiar.

Reducir la velocidad. Usar casco. Respetar la vía. Pensar antes de rebasar. Acciones básicas. Decisiones vitales. Porque en las calles el enemigo no siempre es visible. A veces es la prisa.
A veces es la costumbre. Y muchas veces… es la falsa sensación de control sobre una máquina que no perdona errores.

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Los motoristas se han convertido en protagonistas de una crisis vial que crece a diario: hoy encabezan las estadísticas de accidentes de tránsito. Aunque en muchos casos figuran como víctimas, autoridades, rescatistas y expertos coinciden en una realidad incómoda: también son, en gran medida, quienes provocan estos hechos.

José Cancinos/ laprensadeoccidente.com.gt

Una constante que se repite

En los registros diarios de emergencias se confirma un patrón que ya no pasa desapercibido. “Cuando atendemos hechos de tránsito, casi siempre hay un motorista involucrado”, advierte José Mendoza, jefe de la Policía Municipal de Tránsito de Quetzaltenango (PMTQ).

Desde los cuerpos de socorro, la tendencia se reafirma. Adoni Cifuentes, de los Bomberos Voluntarios, reporta entre cinco y ocho motoristas accidentados por semana solo en su jurisdicción.

A nivel nacional, la cifra es aún más alarmante: hasta siete motoristas mueren cada semana, según datos del Departamento de Tránsito de la Policía Nacional Civil, citados por Saúl Calderón, director de la Escuela de Automovilismo Marsa en Quetzaltenango. No se trata de una coincidencia, sino de una consecuencia.

Saúl Calderón, director de la Escuela de Automovilismo Marsa.

El crecimiento que nadie reguló

El auge de la motocicleta tiene una explicación lógica: es barata, consume poco combustible y permite sortear el tráfico. En un país donde el transporte público es deficiente, se convirtió en una solución inmediata. Pero esa solución llegó sin control.

“El parque vehicular de motocicletas ha crecido de forma acelerada, incluso hasta en un 80% en comparación con años anteriores”, señala el socorrista Cifuentes. Las calles, sin embargo, no crecieron al mismo ritmo. Tampoco la educación vial. El resultado: más motos, más riesgos y más accidentes.

Las fallas que están matando en silencio

Detrás de cada accidente hay decisiones. Algunas parecen pequeñas, pero juntas construyen un escenario letal.

Las principales infracciones y errores cometidos por motoristas no solo violan la ley: desafían el sentido común.

Entre las más frecuentes destacan:

  • Conducir a exceso de velocidad, muchas veces impulsados por la prisa o el trabajo.
  • Rebasar por la derecha o entre vehículos, reduciendo el margen de reacción.
  • Zigzaguear en el tráfico, en una búsqueda constante de avanzar segundos.
  • Circular con motocicletas en mal estado, especialmente llantas lisas o sin luces.
  • No utilizar casco ni equipo de protección, exponiendo directamente la vida.
  • Transportar más pasajeros de los permitidos, comprometiendo el equilibrio.
  • Manejar sin licencia o con documentos irregulares.
  • Invadir aceras o espacios peatonales, poniendo en riesgo a terceros.
  • Ignorar señales básicas como pide vías o semáforos.
  • Conducir bajo distracción, efectos del alcohol y otras substancias.

Cada uno de estos factores, por separado, ya representa un peligro. En conjunto, convierten la conducción en un acto temerario.

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El fenómeno de los repartidores ha cambiado la dinámica vial. Ya no se trata solo de trasladarse, sino de cumplir tiempos. “Entre más entregas hacen, más ganan”, señala el socorrista Cifuentes.

Esa lógica ha generado una competencia silenciosa en las calles, donde cada segundo cuenta y cada semáforo puede ser visto como un obstáculo.

Desde la PMTQ lo tienen claro: los repartidores figuran entre los más imprudentes, no necesariamente por negligencia, sino por presión laboral. La urgencia económica se transforma en velocidad. Y la velocidad, en accidente.

Educación ausente, consecuencias inevitables

Para Saúl Calderón, director de Marsa, la raíz del problema es más profunda: la falta de formación. “Muchos motoristas no tienen percepción del riesgo”, afirma.

Aprenden a conducir de manera empírica, sin conocer el reglamento ni las técnicas básicas.

Incluso quienes poseen licencia no siempre pasaron por un proceso real de evaluación. El resultado es evidente: conductores en la vía pública que no dimensionan el peligro que enfrentan, ni el que generan.

Entre la ley y la realidad

El marco legal existe. El Reglamento de Tránsito contempla normas claras para motociclistas. Pero en la práctica, su cumplimiento es irregular. “Se puede sancionar, pero necesitamos que la persona quiera educarse”, señala el jefe de la PMTQ, Mendoza.

El problema no es solo normativo, sino estructural: pocos agentes, muchas motocicletas y una cultura de irrespeto que se ha normalizado.

La delgada línea entre llegar y no volver

Raúl Jacobs, del grupo de motociclistas Coyotes de Quetzaltenango y con más de 40 años de experiencia, lo resume con una frase que debería ser regla: “manejar de forma defensiva”. Anticiparse. Observar. Reducir riesgos. Entender que en una motocicleta no hay margen para el error.

Raúl Jacobs, del grupo de motociclistas Coyotes de Quetzaltenango.

“Solo porque uno tiene moto no significa que puede hacer lo que quiera”, advierte. Y su reflexión va más allá: la imprudencia de un motorista no solo lo pone en riesgo a él, sino también a conductores que pueden terminar enfrentando consecuencias legales por accidentes que no provocaron.

El llamado que no puede esperar

Este reportaje no busca señalar, sino despertar conciencia. Porque detrás de cada estadística hay historias inconclusas. Familias que esperan. Vidas que dependen de una decisión en segundos.

El problema de los accidentes en motocicleta no se resolverá únicamente con más leyes o más operativos. Comienza con algo más simple y difícil a la vez: la voluntad de cambiar.

Reducir la velocidad. Usar casco. Respetar la vía. Pensar antes de rebasar. Acciones básicas. Decisiones vitales. Porque en las calles el enemigo no siempre es visible. A veces es la prisa.
A veces es la costumbre. Y muchas veces… es la falsa sensación de control sobre una máquina que no perdona errores.

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