Videos que se han hecho virales revelan cómo un grupo de personas llegó hasta el cráter del volcán Santiaguito, domo activo en El Palmar, ignorando prohibiciones; autoridades advierten que no habría rescate ni recuperación de víctimas.
José Cancinos/ laprensadeoccidente.com.gt
Una tragedia anunciada. Las imágenes que circulan en redes sociales son impactantes: evidencia de una negligencia que, según expertos, estuvo a segundos de convertirse en una de las muertes más brutales provocadas por la naturaleza.
Al menos ocho personas llegaron hasta el cráter del domo activo del volcán Santiaguito, en el municipio de El Palmar, Quetzaltenango, una zona donde existe prohibición desde 2016. Lo hicieron por “diversión”. Lo hicieron sabiendo el riesgo. Y lo hicieron justo cuando el volcán registró una de sus erupciones diarias. El resultado: una carrera desesperada por la vida.
Donde la muerte es inmediata
Los videos son claros. No estaban a distancia prudente. No estaban en miradores. Estaban alrededor del cráter.
Edy Maldonado, técnico en prevención de volcanes de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred), confirmó que las personas estuvieron “literalmente sobre el domo caliente”, el punto donde se concentra la actividad volcánica más peligrosa.
“Estuvieron a milímetros de sufrir una de las muertes más feas que existen dentro de las amenazas geológicas”, advirtió.
El Santiaguito no es un volcán considerado de los más peligrosos de Latinoamérica. Sus erupciones —de tipo peliano y estromboliano— no generan ríos de lava visibles, sino explosiones impredecibles que expulsan rocas incandescentes capaces de matar al instante.
En los videos se observa precisamente eso: material balístico cayendo a escasos metros de los excursionistas, piedras aún calientes impactando el terreno mientras el grupo huye entre gritos, caídas y desesperación.
Una prohibición ignorada… y sin castigo real
El acceso al domo activo del Santiaguito está restringido desde 2016 mediante acuerdos municipales. Sin embargo, el problema no es la falta de normas. Es la falta de sanciones.
“Existe la restricción, pero no contamos con un acuerdo de sanción. Entonces la gente sigue ingresando bajo su propio riesgo”, explicó Maldonado. El fenómeno ha crecido. Ya no se trata de casos aislados.
Autoridades han detectado grupos de 100, 200 y hasta 300 personas que ascienden ilegalmente, muchos de ellos provenientes de fuera de Quetzaltenango, acompañados por guías informales sin certificación. Una combinación que expertos califican como mortal.
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El antecedente reciente
Lo ocurrido no es un hecho aislado. Durante la Semana Santa reciente, un grupo de aproximadamente 40 personas ingresó a la zona restringida. En medio del recorrido, una mujer fue abandonada por no soportar el ritmo. Desorientada, sin buena señal telefónica y en una de las zonas más peligrosas del volcán, pidió ayuda. No hubo rescate.
Las autoridades se limitaron a brindarle orientación con la difícil señal telefónica para que pudiera salir por sus propios medios. Logró hacerlo. Pero horas después, ocurrió lo impensable: el sistema de geolocalización confirmó que la mujer había regresado nuevamente al área del domo activo. Negligencia consciente.
A partir de ese caso, se endureció aún más la postura: no se atenderá ningún llamado de emergencia dentro de la zona de restricción.
“Si mueren, ahí quedan”
La advertencia no es simbólica. Es literal. Adoni Cifuentes, de los Bomberos Voluntarios de Quetzaltenango, confirmó que ninguna institución activaría rescates en esa zona, ni siquiera para recuperar cuerpos. “Si hubieran fallecido, ahí se hubieran quedado, a la par del cráter”, afirmó.
El motivo es claro: rescatar implicaría multiplicar el riesgo. Solo recuperar ocho cuerpos requeriría al menos 48 socorristas en un cálculo básico. Pero en condiciones reales —por el terreno, el desgaste físico, los gases tóxicos y el peso del equipo— la cifra podría superar los 100 rescatistas.
Todos expuestos al mismo peligro. “Estaríamos arriesgando decenas de vidas por una negligencia”, agregó.

El turismo irresponsable
El Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat) también reaccionó, reiterando el llamado a no ascender volcanes en condiciones de riesgo ni confiar en guías informales.
Sin embargo, el fenómeno parece ir en aumento. Expertos coinciden en que las redes sociales han convertido estos ascensos en una especie de reto, donde el peligro se transforma en espectáculo y la supervivencia en contenido viral.
“El problema es que otros ven que no pasó nada… y quieren hacer lo mismo”, advirtió un allegado a las víctimas de la tragedia de 1990, donde murieron cuatro alpinistas.
Hace 36 años… y el riesgo sigue siendo el mismo
La historia ya había dado una advertencia. Hace 36 años, cuatro alpinistas murieron en el Santiaguito mientras realizaban estudios científicos. No estaban sobre el cráter. Se encontraban a unos dos kilómetros de distancia.

Aun así, una nube ardiente acabó con sus vidas. En aquella época, incluso vulcanólogos europeos ya habían catalogado al volcán como altamente letal. “El Santiaguito es una bomba. Puede acumular presión y explotar sin previo aviso”, recordó el allegado.
Hoy, la diferencia es aún más alarmante: las personas no llegan por investigación, sino por entretenimiento. Y más cerca que nunca del punto de explosión.
Una tragedia evitada… por segundos
Las imágenes virales muestran algo más que un susto. Muestran el instante exacto en que ocho vidas estuvieron a punto de desaparecer. Muestran cómo la combinación de negligencia, arrogancia y búsqueda de adrenalina puede llevar a una muerte inmediata.
Y muestran, sobre todo, una realidad incómoda: Si el desenlace hubiera sido distinto, no habría rescate. No habría recuperación de cuerpos.




