InicioOpiniónLa corrupción, un cáncer que va más allá del dinero

La corrupción, un cáncer que va más allá del dinero

La corrupción tiene múltiples impactos y no se limita al ámbito económico. No es casual que el gobierno estadounidense coloque en la misma canasta de la delincuencia organizada a funcionarios públicos y seudo empresarios que promueven los negocios turbios en la esfera estatal.

Mynor Hernánez Fernández

Ellos comprenden que cuando los Estados se vuelven porosos y vulnerables, ponen en riesgo su propia seguridad nacional. En Guatemala, la corrupción moderna surgió con la nueva Constitución y, desde entonces, se expandió hasta infiltrarse en todos los niveles del poder.

Pasamos de los “roba vueltos” del gobierno democristiano a los panistas, que no querían vender, sino comprar empresas públicas a precios de remate. En medio quedaron los eferregistas pobretones, que al igual que los uneístas, salieron del anonimato financiero gracias al latrocinio que cometieron.

En los gobiernos más recientes, la corrupción dejó de centrarse en el robo de dinero. Ahora, los grupos en el poder buscan desmontar la poca institucionalidad que el país había logrado construir en este frágil experimento democrático.

Hoy, ninguna institución pública está a salvo. El sistema agrícola, antes reconocido internacionalmente, junto con la educación, la salud y el resto de la administración pública, se deteriora bajo el cáncer de la corrupción.

La corrupción no solo cobra mordidas ni comisiones ilegales, sino que impulsa una estrategia deliberada para desmantelar los sistemas y procedimientos, hasta dejarlos débiles y casi inservibles, sostenidos apenas por la apariencia.

Esta reflexión cobra sentido ante la reciente fuga de una veintena de reos peligrosos. En realidad, no escaparon: decidieron no regresar a prisión, desafiando al Estado que intentaba quitarles privilegios.

Este vergonzoso episodio muestra la ineptitud y la ineficiencia del Gobierno, apenas la punta del iceberg bajo el cual se mueven miles de pequeños monstruos listos para salir a la superficie.

El espejismo de vivir en una república con separación de poderes se desvanece. Hace tiempo que el país avanza por el rumbo equivocado, no solo por los corruptos que mantienen el control, sino por una sociedad apática y resignada, atrapada en la anomia colectiva, más interesada en el escándalo del momento que en lo que pasa en su barrio o en su propio país.

LE PUEDE INTERESAR

La concejal I de Quetzaltenango devengó en julio Q115 mil 204

Noticias

Publicidad

spot_img
InicioOpiniónLa corrupción, un cáncer que va más allá del dinero

La corrupción, un cáncer que va más allá del dinero

La corrupción tiene múltiples impactos y no se limita al ámbito económico. No es casual que el gobierno estadounidense coloque en la misma canasta de la delincuencia organizada a funcionarios públicos y seudo empresarios que promueven los negocios turbios en la esfera estatal.

Mynor Hernánez Fernández

Ellos comprenden que cuando los Estados se vuelven porosos y vulnerables, ponen en riesgo su propia seguridad nacional. En Guatemala, la corrupción moderna surgió con la nueva Constitución y, desde entonces, se expandió hasta infiltrarse en todos los niveles del poder.

Pasamos de los “roba vueltos” del gobierno democristiano a los panistas, que no querían vender, sino comprar empresas públicas a precios de remate. En medio quedaron los eferregistas pobretones, que al igual que los uneístas, salieron del anonimato financiero gracias al latrocinio que cometieron.

En los gobiernos más recientes, la corrupción dejó de centrarse en el robo de dinero. Ahora, los grupos en el poder buscan desmontar la poca institucionalidad que el país había logrado construir en este frágil experimento democrático.

Hoy, ninguna institución pública está a salvo. El sistema agrícola, antes reconocido internacionalmente, junto con la educación, la salud y el resto de la administración pública, se deteriora bajo el cáncer de la corrupción.

La corrupción no solo cobra mordidas ni comisiones ilegales, sino que impulsa una estrategia deliberada para desmantelar los sistemas y procedimientos, hasta dejarlos débiles y casi inservibles, sostenidos apenas por la apariencia.

Esta reflexión cobra sentido ante la reciente fuga de una veintena de reos peligrosos. En realidad, no escaparon: decidieron no regresar a prisión, desafiando al Estado que intentaba quitarles privilegios.

Este vergonzoso episodio muestra la ineptitud y la ineficiencia del Gobierno, apenas la punta del iceberg bajo el cual se mueven miles de pequeños monstruos listos para salir a la superficie.

El espejismo de vivir en una república con separación de poderes se desvanece. Hace tiempo que el país avanza por el rumbo equivocado, no solo por los corruptos que mantienen el control, sino por una sociedad apática y resignada, atrapada en la anomia colectiva, más interesada en el escándalo del momento que en lo que pasa en su barrio o en su propio país.

LE PUEDE INTERESAR

La concejal I de Quetzaltenango devengó en julio Q115 mil 204

Noticias

Publicidad

spot_img

Quetzaltenango,