Con edades entre los 17 y los 88 años, las comadronas continúan acompañando nacimientos, fortaleciendo la salud comunitaria y transmitiendo un conocimiento ancestral en Quetzaltenango.

José Cancinos | La Prensa de Occidente
En las comunidades del occidente de Guatemala, cientos de mujeres han dedicado su vida a una de las labores más valiosas: acompañar el nacimiento de una nueva vida. Se trata de las comadronas, quienes, generación tras generación, han brindado apoyo a las familias y se han convertido en un vínculo fundamental entre las comunidades y los servicios de salud, especialmente en áreas donde el acceso a la atención médica resulta limitado.
Con el propósito de reconocer su labor y fortalecer su bienestar, un grupo de comadronas de San Juan Ostuncalco participó recientemente en un Taller de Autocuidado y Autoestima, organizado por la Asociación Pies de Occidente en coordinación con el Ministerio de Salud, por medio de la Dirección Departamental de Redes Integradas de Servicios de Salud (DDRISS), en el marco de la conmemoración del Día de la Comadrona.
Además de reconocer su trabajo, la actividad buscó recordarles que quienes cuidan la salud de otras personas también necesitan cuidar de sí mismas, fortaleciendo su bienestar físico, emocional y espiritual.
Una vocación que une juventud y experiencia

La historia de las comadronas en Quetzaltenango reúne a mujeres de distintas generaciones que comparten la misma misión de servicio.
Actualmente, algunas inician este camino a los 17 o 18 años, mientras que otras acumulan décadas de experiencia acompañando a madres y recién nacidos. Incluso, varias comadronas continúan ejerciendo su labor a los 88 años gracias al respeto y la confianza que han construido dentro de sus comunidades.
Para quienes impulsan el fortalecimiento de este sector, el verdadero valor de las comadronas no solo radica en asistir un parto, sino también en el compromiso que mantienen con las familias durante toda su vida.
«Es un placer y un honor seguir teniendo personas con estas habilidades y con este don para desempeñarse como comadronas», afirmó Candelaria Sapilquiej, facilitadora de la Asociación Pies de Occidente.
Mucho más que atender un parto
El trabajo de una comadrona va mucho más allá del nacimiento de un bebé.
Ellas orientan a las mujeres embarazadas, acompañan a las familias durante la gestación, identifican señales de riesgo y, cuando es necesario, refieren a las pacientes hacia los servicios de salud.
Por esa razón, la DDRISS considera que las comadronas representan un pilar dentro del sistema sanitario, ya que cuentan con la confianza de las comunidades y facilitan el acceso oportuno a la atención médica.
Actualmente, Quetzaltenango registra 685 comadronas activas, de las cuales 658 reciben el estipendio que otorga el Ministerio de Salud.
Asimismo, más del 60 % supera los 60 años de edad. Sin embargo, continúan atendiendo a las usuarias gracias a la experiencia y al reconocimiento que han ganado durante décadas.
«La confianza que las familias le tienen a la comadrona es, hasta cierto punto, un pilar fundamental dentro del sistema de salud», señaló Brizly Gálvez, representante de la DDRISS.
Un conocimiento que pasa de abuelas a nietas

Durante los encuentros organizados con estas mujeres han surgido testimonios que narran cómo algunas descubrieron esta vocación a través de sueños o experiencias vinculadas con la espiritualidad y la cosmovisión maya.
Además, existen familias donde el conocimiento se transmite de generación en generación: la abuela que ejerció como comadrona, la hija que continúa la tradición y la nieta que comienza su preparación.
De esta manera, la práctica combina experiencia, aprendizaje comunitario y saberes ancestrales que siguen vigentes.
«La sabiduría se transmite, se hereda y, en algunos casos, las habilidades también se adquieren», explicó Candelaria Sapilquiej.
San Juan Ostuncalco lidera el número de comadronas
Los registros del Ministerio de Salud muestran que algunos municipios concentran una mayor cantidad de comadronas.
San Juan Ostuncalco encabeza la lista con más de 88 mujeres registradas, seguido por Quetzaltenango con 76, Colomba Costa Cuca con 66 y Coatepeque con 54.
Estas cifras reflejan el papel esencial que desempeñan en las comunidades, donde con frecuencia constituyen el primer contacto de las familias durante el embarazo, el parto y el posparto.
Un puente entre la medicina y los saberes ancestrales
En los últimos años, el Ministerio de Salud ha fortalecido el trabajo conjunto entre el personal médico y las comadronas.
Para ello, impulsa capacitaciones y procesos de sensibilización que promueven el respeto mutuo, mejoran la referencia de pacientes y fortalecen la atención integral.
Al mismo tiempo, las autoridades buscan integrar la medicina institucional con los conocimientos comunitarios, respetando la diversidad cultural y la cosmovisión maya.
Además, el Ministerio entrega insumos para facilitar partos limpios y seguros, así como materiales educativos que fortalecen la labor preventiva y de orientación que realizan las comadronas en sus comunidades.
Un legado que sigue dando vida

Las comadronas no solo ayudan a recibir a los recién nacidos. También conservan una tradición de servicio, solidaridad y conocimiento que ha perdurado durante generaciones.
En Quetzaltenango conviven jóvenes que comienzan este camino y mujeres mayores que acumulan décadas de experiencia. Juntas mantienen vivo un legado que fortalece la salud comunitaria y preserva una parte importante de la identidad cultural del occidente del país.
Cada nacimiento que acompañan representa mucho más que el inicio de una nueva vida: también simboliza la continuidad de una tradición que, gracias a ellas, sigue pasando de generación en generación.




