InicioEntrevistasHéctor Rodas: La poesía: “una forma de aferrarse a la vida”

Héctor Rodas: La poesía: “una forma de aferrarse a la vida”

El poeta Héctor Rodas Andrade es una de las voces forjadas en el misterio de la neblina de la Xelajú mítica, como él mismo la define. Describo la presente entrevista con un abrazo amigo que nos ha acompañado durante años.

Daniel Tucux Coyoy* / Colaborador- Fotos David Pinto

Hoy nos detenemos a conversar sobre su labor, sus logros, su visión:

El Diccionario de Escritores Guatemaltecos, editado por Carlos López Barrios, (UNAM, México 2007) da cuenta de que Héctor Rodas Andrade obtuvo el premio Parras de la Rosa, en Palma de Mayorca, España, en 1989; fue becado en México para el diplomado a poetas de Centroamérica y el sureste de México, en 1992. Participó en Mollina, Málaga en el Foro Literatura y Compromiso, en 1993. Ha estado en recitales de poesía en Chile, Estados Unidos, Puerto Rico, España, Colombia, México y Centroamérica.

Entre sus publicaciones se encuentran: Sortilegios, 1989; Trofeos de Caza, 1998; Talud, Editorial Praxis, México, 1995; Figuraciones, 1989; Días Extremos, 1989; Amorosidades, obra de la cual se musicalizaron los poemas por el quinteto Alebrije, México, 1992; Poemas conjuntos, Tipografía Nacional, GT 2002; Los días propicios, 2003; Canto Amatorio, 2003;  Museo de Cera, Costa Rica 2005.

¿Cuál es el aporte de la poesía a la humanidad?

Volvernos más humanos es quizá lo único que nos queda como seres pensantes, y la creatividad artística nos conduce hacia ello. La poesía nos humaniza profundamente. Entre todas las artes, la poesía requiere menos artificios y, al mismo tiempo, da sentido a las demás expresiones artísticas.

Cuando una pintura nos conmueve, ocurre porque encontramos en ella algo poético. Lo mismo sucede con una composición musical o una fotografía: lo poético define la estética de las demás artes.

Cuando una obra carece de esa dimensión poética, sentimos que le falta algo esencial. La poesía representa la esencia de las cosas, no únicamente por su belleza, sino por su capacidad de hacernos cuestionar la existencia misma.

Ahí radica la importancia de la poesía: en su poder humano, transformador y reflexivo.

¿La poesía sigue cercana a la sociedad o ha perdido relevancia?

La poesía, como obra literaria, pierde espacio porque muchas dinámicas actuales intentan sustituirla: los teléfonos celulares, la inteligencia artificial y el exceso de información. Hoy cuesta distinguir entre lo verdadero y lo falso.

¿Eso significa una deshumanización?

Ahora dependemos demasiado de lo digital, pero no existe nada más maravilloso que la inteligencia natural, incluso con todas sus limitaciones. Precisamente esa ignorancia impulsa al ser humano a buscar su esencia, querer saber y aprender.

La poesía también representa una forma de conocimiento, no solo una manifestación estética.

¿Qué conocemos a través de la poesía?

A través de la poesía conocemos historia, ciencia, astronomía, filosofía, botánica y biología. Además, comprendemos las cosas más simples y cotidianas. En otras palabras, la poesía nos permite acercarnos tanto a lo complejo como a lo sencillo.

¿Cómo nació tu vocación por la poesía?

Mi relación con la poesía comenzó en la niñez. De hecho, creo que la mayoría de poetas se descubren desde pequeños; no sucede como en otras profesiones, donde alguien estudia durante años hasta graduarse.

En realidad, ese encuentro con la poesía resulta tan enigmático como la poesía misma. Lo único que recuerdo con claridad es que empecé a escribir mis primeros versos en la escuela primaria; posteriormente, continué en el Instituto Normal para Varones de Occidente (INVO) y, más adelante, en la universidad.

TEMA RELACIONADO DE INTERÉS

Xela se convierte en la capital de la poesía: 35 voces del mundo llegan al FIPQ 2025

Por otra parte, nunca disfruté demasiado los estudios ni fui un estudiante sobresaliente. Tal vez eso me ayudó, porque, de otra manera, quizá habría seguido el camino de la academia. Casi terminé como profesor por accidente.

En cambio, la poesía apareció como un amor a primera vista, como algo que desde niño me sorprendió profundamente. Aún recuerdo, aunque de manera vaga, ese encuentro con lo asombroso, con aquello que obliga a pensar y que, más adelante, conduce a enfrentar preguntas existenciales.

Con el tiempo entendí que las palabras me conquistaron.

De hecho, en varias ocasiones he dicho que me considero un coleccionista de palabras. El poeta que no convierte las palabras en su principal patrimonio difícilmente puede expresar algo profundo. En un poema, cada palabra debe ocupar su lugar exacto.

¿Cómo se consolidó tu vocación?

Yo considero que empecé a ser reconocido desde la adolescencia. Incluso, muchos me llamaban “el poeta joven”, porque existía un vacío generacional entre figuras como Osmundo Arriola y Alberto Velásquez. Entonces, en medio de ese espacio, aparecí yo.

Desde muy joven empecé a relacionarme en Quetzaltenango con personas mucho mayores. Yo tendría unos 19 años, mientras mis amistades rondaban entre los 60, 70 y hasta 80 años. Muchos todavía vivían de los recuerdos de los grandes poetas y, cuando llegué a ese círculo, pareciera que encontraron algo en mí.

Recuerdo, por ejemplo, cuando me acerqué a Salvador de León Toledo para pedirle un prólogo. Con un gesto serio y poco sonriente, me preguntó: “¿Y usted quién es?”. Luego añadió: “Tráigame sus poemas”. Se los llevé y, tiempo después, me escribió un prólogo muy bello.

A partir de entonces, Quetzaltenango empezó a reconocerme como referente de una nueva generación. Después llegaron otros escritores, como Carlos López Loarca y Robin Vargas Rossell. En aquella época éramos pocos.

Ahora ocurre lo contrario: después de la pandemia aparecieron muchos más poetas, casi como si se hubieran esparcido como un virus. Sin embargo, considero que a muchos les falta el verdadero espíritu de la poesía.

Hoy escuché unas palabras de Octavio Paz sobre el amor…

El amor por la poesía nace precisamente de esa identificación con las palabras. Así como alguien puede enamorarse de una mujer a primera vista, también uno puede enamorarse de un poema desde la primera lectura.

Del mismo modo, así como una persona puede enamorarse de la desnudez de otra, también un poema implica desnudarse frente al lector. Sin embargo, la poesía necesita conservar cierto misterio, porque no es lo mismo mostrarlo todo que sugerirlo.

De hecho, la relación entre poesía y mujer existe desde hace siglos. Yo siento que ahí habita la primera edad del poeta, una edad eterna que, igual que la infancia, siempre regresa.

El poeta no puede dejar de enamorarse. Incluso, como decía Fernando Pessoa, ese enamoramiento puede resultar cursi. Por eso existen poemas cursis o ridículos. Pessoa afirmaba que todos los poemas de amor tienen algo de ridículos.

Sin embargo, el amor posee esa virtud: cuando alguien lo descubre plenamente, también descubre sus contradicciones y fragilidades. Entonces, el poeta puede parecer una persona excesivamente seria o, por el contrario, alguien que endulza demasiado las palabras y busca embellecerlo todo.

¿Cómo distinguir entre uno y otro?

El lector puede distinguirlos a través de la lectura. Mientras más autores conoce, más fácilmente identifica a un poeta profundo y a uno superficial.

Tal vez no se trata de buenos o malos poetas, sino de distintos grados en el descubrimiento de la poesía.

Recuerdo que, en cierta ocasión, alguien dijo en un certamen de Quetzaltenango que no leía poesía porque no quería parecerse a otros autores. Sin embargo, quien aspira a ser poeta necesita leer a los grandes poetas. Precisamente ahí comienza el aprendizaje.

Conocer a Neruda, (Pablo Neruda, poeta y político chileno) que es el ejemplo clásico; a Lorca (Federico García Lorca, poeta español), o, más existencialmente, a Vallejo (César Vallejo, poeta peruano considerado uno de los mayores innovadores de la literatura universal del siglo XX-). Debemos ser conocedores; la lectura es básica; es decir, no podemos ser poetas si no leemos a otros poetas, porque en otros poetas nos leemos a nosotros; hay un de tú a tú, cuando hay coincidencias, coincidencias de vida.

Por mi parte, quise escribir sonetos y fui de una inutilidad tremenda, porque entendí que los sonetos son como un álgebra; un soneto es un problema matemático del idioma. No cualquiera puede escribir sonetos; quien escribe sonetos es porque tiene una genialidad asombrosa; pero mi precariedad de lógica elemental tal vez me hizo no poder escribir ni un soneto, y entonces escribo poesía libre, la cual reconoce el mismo Borges (Jorge Luis Borges -cuentista, poeta, ensayista y traductor argentino. Considerado una figura de la literatura en español y universal) y tantos otros poetas la naturaleza del verso libre.

TEMA RELACIONADO DE POESÍA EN XELA

Marvin García recibe reconocimiento iberoamericano y reivindica la resistencia cultural

 ¿Qué libros deben estar en la escuela o en la casa?

Muchos autores de los más grandes en cada uno de los tiempos, desde que el libro es libro, han pasado por los libros clásicos. Digamos el Quijote, Las Mil y Una Noches. El Principito, La Divina Comedia; de ahí los libros de aventura de Julio Verne, que son elementales para provocar esa curiosidad por saber más allá. Las novelas, principalmente.

Has tenido varios reconocimientos por tu creación poética y han publicado tu obra en antologías de varios países. ¿Cuál consideras el gran honor hacia tu creatividad?

Te dijera una que hicieron en España, no recuerdo; yo creo que dentro de la hoja de vida está el inventario. Cada una fue importante en su momento.

Una muy especial es la del Diccionario biográfico de literatos guatemaltecos, que publicó Editorial Praxis en México, con Carlos López. La más reciente fue una que se llama Sobrevivencia. Es una antología de poetas que se editó en París, Francia, a mediados del año pasado.

¿Cuál es el futuro de la poesía en Xelajú?

Una vez los nuevos poetas no hayan leído a escritores que antecedieron (en dos o tres generaciones), van a seguir escribiendo cibernéticamente, y la poesía está hecha de vivencias. En lo personal, lo que me ha formado mucho ha sido mi pasaporte.

Con los viajes que he tenido, me han pasado cosas tan extrañas, tan raras: aventuras, amores, situaciones increíbles. Las he vivido y luego las he plasmado en mis poemas, de una o de otra forma. Cada viaje ha tenido un toque distinto. Desde una pesadilla hasta algo mágico. Estuve secuestrado en una isla (Puerto Rico).

¿Cómo fue el desenlace?

La verdad, es una novela, …no es un poema. Fue una cuestión de pesadilla. Pero digamos, el resultado fue victorioso, porque estoy acá, afortunadamente… ¿no? Pero como que hubiera habido un complot contra mí; una cuestión conspirativa.

Por otro lado, mis vivencias en el hospital: estuve en una novela de terror, fue espantoso. Pero a todo eso yo decía: ¡No! Esto lo tengo que tomar como poeta. Y pase lo que me pase, lo voy a sufrir, pero lo voy a sufrir con ganas, porque lo voy a llegar a escribir: una forma de ligarse (aferrarse) a la vida…

*Daniel Tucux Coyoy, pintor-escultor. Licenciado en Arte por el INBA.MX. Laboró para entidades gubernamentales y de cooperación.

 El poeta responde

Vida Un trayecto cortamente largo.
INVO Mi adolescencia, juventud y adultez.
Xelajú Una ciudad mítica.
Joaquín

 

Mi hermano que murió por una causa justa en Guatemala.
Amor Una palabra incomprensible
Justicia Una aspiración perfecta
Lluvia Olor a tierra
Nieve Recuerdos
Teatro Experimento de vida
María Félix Enigmática
Neblina Misterio
Mujer La aspiración total del hombre
Mayas Raíces de Guatemala
Pintura El descubrimiento visual de los colores.
Salomón Sabio
Manzanita Compañero y gran actor
   
   

 

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Héctor Rodas: La poesía: “una forma de aferrarse a la vida”

El poeta Héctor Rodas Andrade es una de las voces forjadas en el misterio de la neblina de la Xelajú mítica, como él mismo la define. Describo la presente entrevista con un abrazo amigo que nos ha acompañado durante años.

Daniel Tucux Coyoy* / Colaborador- Fotos David Pinto

Hoy nos detenemos a conversar sobre su labor, sus logros, su visión:

El Diccionario de Escritores Guatemaltecos, editado por Carlos López Barrios, (UNAM, México 2007) da cuenta de que Héctor Rodas Andrade obtuvo el premio Parras de la Rosa, en Palma de Mayorca, España, en 1989; fue becado en México para el diplomado a poetas de Centroamérica y el sureste de México, en 1992. Participó en Mollina, Málaga en el Foro Literatura y Compromiso, en 1993. Ha estado en recitales de poesía en Chile, Estados Unidos, Puerto Rico, España, Colombia, México y Centroamérica.

Entre sus publicaciones se encuentran: Sortilegios, 1989; Trofeos de Caza, 1998; Talud, Editorial Praxis, México, 1995; Figuraciones, 1989; Días Extremos, 1989; Amorosidades, obra de la cual se musicalizaron los poemas por el quinteto Alebrije, México, 1992; Poemas conjuntos, Tipografía Nacional, GT 2002; Los días propicios, 2003; Canto Amatorio, 2003;  Museo de Cera, Costa Rica 2005.

¿Cuál es el aporte de la poesía a la humanidad?

Volvernos más humanos es quizá lo único que nos queda como seres pensantes, y la creatividad artística nos conduce hacia ello. La poesía nos humaniza profundamente. Entre todas las artes, la poesía requiere menos artificios y, al mismo tiempo, da sentido a las demás expresiones artísticas.

Cuando una pintura nos conmueve, ocurre porque encontramos en ella algo poético. Lo mismo sucede con una composición musical o una fotografía: lo poético define la estética de las demás artes.

Cuando una obra carece de esa dimensión poética, sentimos que le falta algo esencial. La poesía representa la esencia de las cosas, no únicamente por su belleza, sino por su capacidad de hacernos cuestionar la existencia misma.

Ahí radica la importancia de la poesía: en su poder humano, transformador y reflexivo.

¿La poesía sigue cercana a la sociedad o ha perdido relevancia?

La poesía, como obra literaria, pierde espacio porque muchas dinámicas actuales intentan sustituirla: los teléfonos celulares, la inteligencia artificial y el exceso de información. Hoy cuesta distinguir entre lo verdadero y lo falso.

¿Eso significa una deshumanización?

Ahora dependemos demasiado de lo digital, pero no existe nada más maravilloso que la inteligencia natural, incluso con todas sus limitaciones. Precisamente esa ignorancia impulsa al ser humano a buscar su esencia, querer saber y aprender.

La poesía también representa una forma de conocimiento, no solo una manifestación estética.

¿Qué conocemos a través de la poesía?

A través de la poesía conocemos historia, ciencia, astronomía, filosofía, botánica y biología. Además, comprendemos las cosas más simples y cotidianas. En otras palabras, la poesía nos permite acercarnos tanto a lo complejo como a lo sencillo.

¿Cómo nació tu vocación por la poesía?

Mi relación con la poesía comenzó en la niñez. De hecho, creo que la mayoría de poetas se descubren desde pequeños; no sucede como en otras profesiones, donde alguien estudia durante años hasta graduarse.

En realidad, ese encuentro con la poesía resulta tan enigmático como la poesía misma. Lo único que recuerdo con claridad es que empecé a escribir mis primeros versos en la escuela primaria; posteriormente, continué en el Instituto Normal para Varones de Occidente (INVO) y, más adelante, en la universidad.

TEMA RELACIONADO DE INTERÉS

Xela se convierte en la capital de la poesía: 35 voces del mundo llegan al FIPQ 2025

Por otra parte, nunca disfruté demasiado los estudios ni fui un estudiante sobresaliente. Tal vez eso me ayudó, porque, de otra manera, quizá habría seguido el camino de la academia. Casi terminé como profesor por accidente.

En cambio, la poesía apareció como un amor a primera vista, como algo que desde niño me sorprendió profundamente. Aún recuerdo, aunque de manera vaga, ese encuentro con lo asombroso, con aquello que obliga a pensar y que, más adelante, conduce a enfrentar preguntas existenciales.

Con el tiempo entendí que las palabras me conquistaron.

De hecho, en varias ocasiones he dicho que me considero un coleccionista de palabras. El poeta que no convierte las palabras en su principal patrimonio difícilmente puede expresar algo profundo. En un poema, cada palabra debe ocupar su lugar exacto.

¿Cómo se consolidó tu vocación?

Yo considero que empecé a ser reconocido desde la adolescencia. Incluso, muchos me llamaban “el poeta joven”, porque existía un vacío generacional entre figuras como Osmundo Arriola y Alberto Velásquez. Entonces, en medio de ese espacio, aparecí yo.

Desde muy joven empecé a relacionarme en Quetzaltenango con personas mucho mayores. Yo tendría unos 19 años, mientras mis amistades rondaban entre los 60, 70 y hasta 80 años. Muchos todavía vivían de los recuerdos de los grandes poetas y, cuando llegué a ese círculo, pareciera que encontraron algo en mí.

Recuerdo, por ejemplo, cuando me acerqué a Salvador de León Toledo para pedirle un prólogo. Con un gesto serio y poco sonriente, me preguntó: “¿Y usted quién es?”. Luego añadió: “Tráigame sus poemas”. Se los llevé y, tiempo después, me escribió un prólogo muy bello.

A partir de entonces, Quetzaltenango empezó a reconocerme como referente de una nueva generación. Después llegaron otros escritores, como Carlos López Loarca y Robin Vargas Rossell. En aquella época éramos pocos.

Ahora ocurre lo contrario: después de la pandemia aparecieron muchos más poetas, casi como si se hubieran esparcido como un virus. Sin embargo, considero que a muchos les falta el verdadero espíritu de la poesía.

Hoy escuché unas palabras de Octavio Paz sobre el amor…

El amor por la poesía nace precisamente de esa identificación con las palabras. Así como alguien puede enamorarse de una mujer a primera vista, también uno puede enamorarse de un poema desde la primera lectura.

Del mismo modo, así como una persona puede enamorarse de la desnudez de otra, también un poema implica desnudarse frente al lector. Sin embargo, la poesía necesita conservar cierto misterio, porque no es lo mismo mostrarlo todo que sugerirlo.

De hecho, la relación entre poesía y mujer existe desde hace siglos. Yo siento que ahí habita la primera edad del poeta, una edad eterna que, igual que la infancia, siempre regresa.

El poeta no puede dejar de enamorarse. Incluso, como decía Fernando Pessoa, ese enamoramiento puede resultar cursi. Por eso existen poemas cursis o ridículos. Pessoa afirmaba que todos los poemas de amor tienen algo de ridículos.

Sin embargo, el amor posee esa virtud: cuando alguien lo descubre plenamente, también descubre sus contradicciones y fragilidades. Entonces, el poeta puede parecer una persona excesivamente seria o, por el contrario, alguien que endulza demasiado las palabras y busca embellecerlo todo.

¿Cómo distinguir entre uno y otro?

El lector puede distinguirlos a través de la lectura. Mientras más autores conoce, más fácilmente identifica a un poeta profundo y a uno superficial.

Tal vez no se trata de buenos o malos poetas, sino de distintos grados en el descubrimiento de la poesía.

Recuerdo que, en cierta ocasión, alguien dijo en un certamen de Quetzaltenango que no leía poesía porque no quería parecerse a otros autores. Sin embargo, quien aspira a ser poeta necesita leer a los grandes poetas. Precisamente ahí comienza el aprendizaje.

Conocer a Neruda, (Pablo Neruda, poeta y político chileno) que es el ejemplo clásico; a Lorca (Federico García Lorca, poeta español), o, más existencialmente, a Vallejo (César Vallejo, poeta peruano considerado uno de los mayores innovadores de la literatura universal del siglo XX-). Debemos ser conocedores; la lectura es básica; es decir, no podemos ser poetas si no leemos a otros poetas, porque en otros poetas nos leemos a nosotros; hay un de tú a tú, cuando hay coincidencias, coincidencias de vida.

Por mi parte, quise escribir sonetos y fui de una inutilidad tremenda, porque entendí que los sonetos son como un álgebra; un soneto es un problema matemático del idioma. No cualquiera puede escribir sonetos; quien escribe sonetos es porque tiene una genialidad asombrosa; pero mi precariedad de lógica elemental tal vez me hizo no poder escribir ni un soneto, y entonces escribo poesía libre, la cual reconoce el mismo Borges (Jorge Luis Borges -cuentista, poeta, ensayista y traductor argentino. Considerado una figura de la literatura en español y universal) y tantos otros poetas la naturaleza del verso libre.

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Marvin García recibe reconocimiento iberoamericano y reivindica la resistencia cultural

 ¿Qué libros deben estar en la escuela o en la casa?

Muchos autores de los más grandes en cada uno de los tiempos, desde que el libro es libro, han pasado por los libros clásicos. Digamos el Quijote, Las Mil y Una Noches. El Principito, La Divina Comedia; de ahí los libros de aventura de Julio Verne, que son elementales para provocar esa curiosidad por saber más allá. Las novelas, principalmente.

Has tenido varios reconocimientos por tu creación poética y han publicado tu obra en antologías de varios países. ¿Cuál consideras el gran honor hacia tu creatividad?

Te dijera una que hicieron en España, no recuerdo; yo creo que dentro de la hoja de vida está el inventario. Cada una fue importante en su momento.

Una muy especial es la del Diccionario biográfico de literatos guatemaltecos, que publicó Editorial Praxis en México, con Carlos López. La más reciente fue una que se llama Sobrevivencia. Es una antología de poetas que se editó en París, Francia, a mediados del año pasado.

¿Cuál es el futuro de la poesía en Xelajú?

Una vez los nuevos poetas no hayan leído a escritores que antecedieron (en dos o tres generaciones), van a seguir escribiendo cibernéticamente, y la poesía está hecha de vivencias. En lo personal, lo que me ha formado mucho ha sido mi pasaporte.

Con los viajes que he tenido, me han pasado cosas tan extrañas, tan raras: aventuras, amores, situaciones increíbles. Las he vivido y luego las he plasmado en mis poemas, de una o de otra forma. Cada viaje ha tenido un toque distinto. Desde una pesadilla hasta algo mágico. Estuve secuestrado en una isla (Puerto Rico).

¿Cómo fue el desenlace?

La verdad, es una novela, …no es un poema. Fue una cuestión de pesadilla. Pero digamos, el resultado fue victorioso, porque estoy acá, afortunadamente… ¿no? Pero como que hubiera habido un complot contra mí; una cuestión conspirativa.

Por otro lado, mis vivencias en el hospital: estuve en una novela de terror, fue espantoso. Pero a todo eso yo decía: ¡No! Esto lo tengo que tomar como poeta. Y pase lo que me pase, lo voy a sufrir, pero lo voy a sufrir con ganas, porque lo voy a llegar a escribir: una forma de ligarse (aferrarse) a la vida…

*Daniel Tucux Coyoy, pintor-escultor. Licenciado en Arte por el INBA.MX. Laboró para entidades gubernamentales y de cooperación.

 El poeta responde

Vida Un trayecto cortamente largo.
INVO Mi adolescencia, juventud y adultez.
Xelajú Una ciudad mítica.
Joaquín

 

Mi hermano que murió por una causa justa en Guatemala.
Amor Una palabra incomprensible
Justicia Una aspiración perfecta
Lluvia Olor a tierra
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Neblina Misterio
Mujer La aspiración total del hombre
Mayas Raíces de Guatemala
Pintura El descubrimiento visual de los colores.
Salomón Sabio
Manzanita Compañero y gran actor
   
   

 

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