Las hermanas Celeste Gutiérrez, de 28 años, y Amalia Jazmín Vásquez Huicol, de 36, originarias de Totonicapán, decidieron viajar a Zunil el lunes para disfrutar de un momento de relajación en los baños termales. Sin embargo, el retorno a casa se convirtió en una pesadilla.

Según el relato de un hermano de las víctimas, cuando las dos mujeres se dirigían de regreso a Totonicapán por la tarde, fueron asaltadas por otras dos mujeres en las cercanías del puente en Zunil. Les robaron todas sus pertenencias, incluyendo los teléfonos celulares y el dinero para el pasaje de vuelta.
Desesperadas, intentaron pedir ayuda económica a transeúntes, pero no recibieron apoyo. Al verse sin opciones, decidieron pernoctar en el lugar, buscando refugio en un rincón visible a las cámaras de seguridad que no estaban en funcionamiento.

A las 3 de la madrugada, en plena oscuridad y con las temperaturas bajando, tomaron la difícil decisión de emprender el regreso a pie. Fue entonces, al pasar por un puente, Amalia resbaló, y al intentar ayudarla, Celeste también cayó. Ambas se precipitaron desde una altura aproximada de ocho metros.
Celeste sobrevivió a la caída y logró pedir auxilio, pero —según denunció la familia— durante más de una hora no recibió ayuda alguna por parte de los vecinos, quienes, quizás por temor, se limitaron a encender las luces de sus casas. Finalmente, un agente de tránsito acudió y alertó a los bomberos voluntarios.
Lamentablemente, cuando los rescatistas localizaron a Amalia, ya no contaba con signos vitales.

El hermano de las víctimas compartió con profunda tristeza cómo se enteraron del suceso: “Los bomberos llegaron a buscar a mi mamá. Cuando me contaron, fue una gran impresión… tuvimos que darle la noticia a mi mamá, y se desmayó del dolor. No podíamos creerlo”.
La familia asegura que las hermanas eran muy unidas, solteras, y vivían tranquilamente con su madre. Amalia era graduada en educación, pero no ejercía. Ambas eran conocidas por su carácter amable y reservado.
“La gente comentó que una empujó a la otra, pero eso es imposible” —dijo su hermano—, se querían como madre e hija. Vivían juntas desde siempre y eran inseparables. Lo que pasó fue un accidente, consecuencia del asalto, el miedo, el cansancio y la falta de ayuda”.
Por ahora, la familia pide justicia y empatía. No buscan venganza, pero esperan que se investigue el asalto y se generen acciones que prevengan que algo similar vuelva a ocurrir. “Todo lo dejamos en manos de Dios”, concluyó el hermano.
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