El histórico reloj de la Casa de la Cultura de Occidente volvió a marcar el tiempo en el Centro Histórico de Quetzaltenango. Este símbolo de la ciudad recuperó su funcionamiento gracias al trabajo del relojero quetzalteco Guido Velásquez, quien dedicó varios días a devolverle vida a su maquinaria.

José Cancinos/ laprensadeoccidente.com.gt
Durante aproximadamente dos semanas, Velásquez realizó un minucioso proceso de mantenimiento. Primero desmontó piezas clave; luego ejecutó limpieza profunda, pintura y ajustes técnicos. Además, reparó uno de los componentes más delicados del sistema: la minutería, el mecanismo que coordina el movimiento de las agujas.
Para efectuar la reparación, el especialista retiró las agujas desde el exterior de la carátula. De esa manera pudo desmontar el sistema interno que presentaba fallas desde hacía varios meses. Posteriormente revisó engranajes, alineó piezas y ajustó el mecanismo para recuperar la precisión original.

Finalmente, el jueves pasado a las 9 de la mañana, Velásquez reinstaló el mecanismo reparado. Desde ese momento, la maquinaria quedó lista para reconectarse con las agujas, que permanecían detenidas mientras el sistema funcionaba de forma independiente.
La historia de este reloj se remonta a 1939, cuando llegó desde Alemania. La empresa fabricante —reconocida por producir miles de relojes públicos instalados en ciudades de todo el mundo— construyó una maquinaria de alta precisión. Gracias a esa calidad, el mecanismo continúa activo más de ocho décadas después de su instalación en Quetzaltenango.

Sin embargo, Velásquez explicó que la falla actual surgió por una modificación realizada hace unos 50 años. En ese entonces sustituyeron la carátula metálica original por una esfera translúcida. Ese cambio, ejecutado sin la precisión necesaria, generó desajustes que con el paso del tiempo afectaron el movimiento de las agujas.
“Es parte de mi vida”, afirma el relojero. Desde hace casi 14 años cuida esta maquinaria histórica. Incluso, cuenta que sus hijos crecieron observando el reloj y aprendieron a valorarlo como un patrimonio de la ciudad.

Hoy, con su mecanismo nuevamente en marcha, el reloj de la Casa de la Cultura no solo vuelve a marcar las horas. También reafirma su lugar como uno de los símbolos más queridos de Quetzaltenango, una pieza viva que mantiene latiendo la memoria y la identidad cultural de los quetzaltecos.
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